sábado, 29 de agosto de 2009

Reencuentro

“Decorada con peras amarillas
y preñada de rosas silvestres
la comarca se refleja en el lago.
Dulces cisnes,
ebrios de besos
zambullís vuestra cabeza
en las aguas sacrosantas y sosegadas.
Ay de mí, ¿dónde puedo buscar
en invierno las flores
y dónde el fulgor del sol
y la sombra de la tierra?
Los muros se levantan
silenciosos y fríos,
heladas banderas tintinean al viento”

Es el poema favorito de los protagonistas de “Reencuentro”, de Fred Ulhman, un librito delicioso… de esos que te los bebes como un vaso de agua helada en un día caluroso. Llegó a mí casualmente, mientras mis ojos recorrían ansiosos las estanterías de mi librería más querida con la mejor compañía que se me ocurre para estos menesteres…
Ese “donde puedo buscar en invierno las flores y donde el fulgor del sol…” me ha tocado el alma, porque reconozco perfectamente la sensación. Me da apuro hablar de poesía, que no es mi palo… Aunque últimamente la leo con otros ojos.
La historia me ha parecido preciosa. Narra, con una fluidez impresionante, la amistad entre dos chicos de muy diferente extracción e ideología en el marco de la Alemania nazi. El hecho de que dos personas que aparentemente no tienen nada en común puedan ser buenas amigas es algo en lo que siempre he creído, porque cuando existe una conexión emocional con alguien, lo demás es secundario.
Me encanta como expresa hasta que punto una guerra puede separar los caminos, haciendo estragos en ellos. El tono tan íntimo, casi a modo de diario, que emplea. Y esa forma cínica de hablar de un “reencuentro” que no es exactamente el que el lector se imagina…
También me ha fascinado el lirismo del lenguaje, la capacidad del autor para trasmitir de un modo muy sencillo pero cargado de belleza: “Cuando caía la noche el espectáculo era tan prodigioso como la contemplación de Florencia desde Fiésole: millares de luces, la atmósfera cálida e impregnada por la fragancia del jazmín y las lilas, y por todas partes las voces, los cantos y las risas de los ciudadanos satisfechos, ligeramente aletargados por el exceso de comida, o enamorados por el exceso de bebida”.
El final, que por supuesto no pienso desvelar, es de esos que te deja un nudo en la garganta y la satisfacción de haber disfrutado de una auténtica joyita…

1 comentario:

  1. Ya estoy tardando en comprármelo. Me encanta el tema. Gracias por traerlo.Abrazo

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