sábado, 29 de agosto de 2009

Rosita

La noche había sido calurosa, pero a esas horas de la mañana en mi cocina reinaba un grato microclima. Me instalé frente a la terraza con los papeles y un café bien cargado, dispuesta a ganarme el pan de mis hijos. Debía entregar una reseña sin más dilación, e iba bastante atrasada.
Apenas había escrito tres líneas cuando un ruido me hizo levantar la vista. No podía ser… Allí estaba, frente a mí. Con esa cara de bicho que Belcebú le ha dado… Era uno de mis calvarios asumidos. Unos tienen enfermedades, otros hipotecas, y yo tenía a Rosita.
- Vengo a hacerte compañía, vecina… Para que luego no digas…
- Pues no has elegido un buen momento, Rosita. Y te he dicho cienes de veces que no entres por la terraza… Que un día te vas a partir la crisma y tus padres me van a echar la culpa…
- Así te librarías de mí…
Lerda del todo no era, había que reconocerlo…
- No me lo digas dos veces que como se me cruce el cable verás…
Había abierto mi nevera con el descaro que la caracterizaba, y la tía guarra bebía a morro del cartón de zumo.
- Si sobrevivo iré a verte a la cárcel. Para chincharte, claro…
- Niña satánica…
- Me vas a traumatizar –dijo con una expresión compungida más falsa que el alma de Judas-. De mayor no voy a ganar para psicólogos por tu culpa.
- Soy yo la que voy a necesitar un psicólogo como no se te acaben pronto las vacaciones…
- Creo que hay un nombre para lo que tú me haces…
- ¿Lo que yo te hago?
- Crueldad mental, maltrato infantil o algo así…
- Como te pasas… Cualquiera que te escuche…
- Siempre me dices que soy más mala que la carne de burra…
- Porque eres más mala que la carne de burra.
- Y que doy más guerra que un niño tonto…
- Es que das más guerra que un niño tonto.
- Hieres mi sensibilidad…
- Tú no tienes de eso… En serio, Rosita, tengo que acabar este trabajo antes de medio día. Si quieres vente por la tarde y vemos una peli…
- “Lunas de hiel”.
- Ya te he dicho que esa no… Es de mayores…
- Yo ya soy mayor…
- Tienes doce años…
- En algunos temas tengo más experiencia de la que crees… Pregúntale a Álvaro... –añadió con una sonrisa pícara, cuyo significado por desgracia conocía de sobra.
La sangre se me heló en las venas. Lo peor de Rosita no era que me calentara la cabeza, que entrara como un ladrón en mi casa, que me abriera los cajones, que se llevara cosas… sino que era una mentirosa compulsiva. Pero no iba a caer en su trampa… Esta vez no… Lo que estaba insinuando era demasiado retorcido.
- No sigas por ahí, no me hace ni puñetera gracia.
- Podría denunciarlo –dijo con tono amenazante.
- ¿Quieres parar de una vez?
- Tranquila, que no te lo pienso quitar…
- Si lo que dices fuera cierto sería todo tuyo…
- Que decida él, ¿vale? Y tan amigas…
La muy zorrilla había conseguido envenenarme. Miré la maldita reseña y supe que no la entregaría a tiempo.

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