sábado, 24 de octubre de 2009

El placer del viajero

Los viajes son una brutalidad. Le obligan a uno a confiar en extraños y a perder de vista toda la comodidad familiar de la casa y de los amigos. Se está en continuo desequilibrio. Nada le pertenece a uno salvo las cosas esenciales: el aire, el descanso, los sueños, el mar, el cielo, y todo tiende hacia lo eterno o a lo que imaginamos de la eternidad.
CESARE PAVESE
Es de esos títulos que captan mi atención de inmediato, ante los que me resulta imposible no sucumbir. Me gustan este tipo de historias de tono íntimo, casi confidencial, que con muy poca acción cuentan muchísimo.
Conozco esa sensación de estar lejos de tus referencias, de todo lo que te resulta familiar. Entiendo que a alguien pueda producirle desasosiego, en cambio a mí solo adrenalina. Me permite ver las cosas con perspectiva, y a veces es justo lo que necesito. Me siento viva, a solas con mis pensamientos. Atesoro imágenes, sensaciones… Todo me inspira. Cada vez constato que hay que viajar con la mitad de equipaje, el doble de dinero, y el triple de libros. Y con buena compañía, por supuesto…
Al leer “El placer del viajero” de Ian Mc Ewan no pude evitar relacionarla con “El cielo protector” de Paul Bowles. Ambas hablan de una pareja fuera de su contexto habitual, lo que resulta determinante para darse cuenta de lo que significan el uno para el otro.
No deja de sorprenderme que una ciudad tan impactante como Venecia pase a segundo e incluso a tercer plano. Lo que importa no es donde están los protagonistas, sino lo que ocurre entre ellos. El estado de su relación en ese momento, como les afecta estar solos y lejos de casa. Creo que en esas circunstancias se tiene un estado anímico concreto, que nivel de pareja da lugar a una situación reveladora. Quizás la más auténtica…
Mary lo amaba, aunque no en aquel preciso momento.
Qué bien entiendo este aparente contrasentido…
- Pues sí, quiero a Colin. Pero tal vez se refiera usted a algo diferente con la palabra “enamorada” ...
- Por “enamorada” –dijo Caroline con un aire excitado, de niña más que de adolescente- me refiero a si haría cualquier cosa por la otra persona, y… -titubeo. Los ojos le brillaban mucho-. Y si dejaría que le hiciese cualquier cosa a usted.
“Hacer cualquier cosa por otra persona” es la mayor prueba de amor que se me ocurre…
- ¿Por qué da tanto miedo amar a alguien? –le dijo entonces, medio riendo y medio llorando-. ¿Por qué asusta tanto?
Porque es una auténtica esclavitud… El temor a dejar de querer y a que dejen de quererte… Para mí el peor es el segundo, sin lugar a dudas.
Me gusta ese tipo de viajero “no turista” que busca sin saber lo que busca. Que viaja sin plan establecido ni fecha de regreso. Que se integra allá donde va…
Me fascina la forma en la que el autor maneja el componente psicológico, su capacidad de envolver al lector, creándole la sensación de que va a pasar algo inquietante de un momento a otro. El clima claustrofóbico, el concepto de moral, y ese desenlace al que te va llevando de la mano pero del que no sales indemne.

No hay comentarios:

Publicar un comentario