lunes, 5 de octubre de 2009

Isabel Allende

“Siempre he creído que el aire está lleno de historias y mi oficio es afinar el oído para escucharlas”.
No sé por qué no le he dedicado un post hasta ahora, siendo una de mis escritoras favoritas… Se ve que no era el momento. Aunque recuerdo que la mencioné en el primero...
Me encanta Isabel Allende porque escribe lo que sueña, porque enciende velas para invocar a los espíritus, porque se autodefine como feminista, y entiendo perfectamente el sentido que le da a ese término. Me gusta como piensa, como habla. Lo que cuenta y como lo cuenta. Esa humildad que la caracteriza. Su compromiso social, su calidad humana, su lucidez…
“La literatura me dio esa voz que se va profundizando o afianzando con cada libro”.
“La inteligencia es ser capaz de ver las cosas detrás del espejo”.
“Cada libro es un mensaje lanzado en una botella al mar, no sé que orillas alcanza ni en que manos cae”.
Admiro su amplitud de recursos, su dominio del lenguaje, su imaginación desbordante, su sentido del humor… Esa capacidad magistral de lograr que te identifiques con los personajes, que los quieras…
Me interesan sus temas recurrentes: el amor, la familia, la independencia, el mestizaje, la muerte… Y ese “realismo mágico” que según ella “tiene más real que de mágico en nuestro continente”.
Leo con devoción todo lo que escribe desde que la descubrí en “La casa de los espíritus”, cuando yo era una neófita en este mundo de lecturas del que ya no pude salir. Me emocioné con “De amor y de sombra”, “Eva Luna”, “El plan infinito”… lloré con “Paula”, me deleité con “Afrodita”, me enamoré de “El zorro”, me sentí una aventurera con “Hija de la fortuna” e “Inés del alma mía”… Son libros a los que vuelvo una y otra vez, porque dejaron huella. Es de las pocas autoras a las que soy absolutamente fiel. Sé que es una apuesta segura...
“La isla bajo el mar” (que bien me conoces, Nanilla... ¡mil gracias por este regalazo!) es una conmovedora historia sobre la esclavitud, con ese tono íntimo y esa riqueza colorista propia de la Allende. No quiero dar demasiados datos, porque estoy segura de que más de uno pensáis leerla. A mí me ha atrapado desde la primera frase, como me suele suceder con todo lo que lleva su firma.
La voz de Zarité, una esclava mulata del siglo XVIII, relata la crónica de una indignante realidad histórica en primera persona. “Baila, baila, Zarité, porque esclavo que baila es libre… mientras baila”. “Yo he bailado siempre”, contesta ella. “El ritmo nace en la isla bajo el mar, sacude la tierra, me atraviesa como un relámpago y se va al cielo llevándose mis pesares”.
La labor de documentación es excelente, las tramas apasionantes, los personajes inolvidables. Toda la novela está impregnada de esa sensibilidad suya tan especial, que te introduce en un universo mágico.
Qué gran favor le hizo (y nos hizo) Pablo Neruda cuando le dijo que dejara el periodismo, que lo suyo era la novela…

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