lunes, 5 de octubre de 2009

Livraria Lello

Para Nanilla, porque sí.
Oporto me tenía reservada una estupenda sorpresa… La librería Lello, según algunos la más bonita del mundo. De estética dickensiana, tiene el tamaño perfecto para mantener un ambiente íntimo y ese aire de catedral de los libros que solo se respira en determinados lugares. Sobra decir que me acordé de ti aún antes de traspasar el umbral…
Lello mantiene su fisonomía de principios de siglo. Tiene algo de librería de viejo, de anticuario, de museo… Más que una librería parece una biblioteca gótica, la típica de college o mansión victoriana. Con maderas, alfombras, y cómodos sillones en los que arrellanarse a leer durante horas, mientras se degusta un té o un aromático whisky de malta.
Siempre he sentido debilidad por las bibliotecas, imagino que como todo el que disfruta leyendo. Cada vez las frecuento menos, pero sigo experimentando esa sensación de respeto y emoción cuando entro en una. Mi vista recorre ansiosa todos los estantes, mis manos anhelan tocar los volúmenes, abrirlos, inspeccionarlos…
Los bibliófilos sabemos que hay bibliotecas y bibliotecas. Espacios en los que simplemente te sientes a gusto, y otros en los que el goce de los sentidos es tan grande que te conmueve como una obra de arte. Me refiero a esas bibliotecas polvorientas en las que atrincherarías un día de lluvia con una taza de chocolate caliente… He conocido unas cuantas, tanto públicas como privadas, y reconozco el olor en cuanto entro. Siento una fuerza que me incita a sentarme en uno de esos escritorios de madera con iluminación directa y hojear sin prisa los ejemplares escogidos.
Lello ejemplifica ese tipo de “santuarios”. Aunque está llena de turistas, reina un ambiente tranquilo al igual que en cualquier biblioteca o iglesia. Es de esos sitios mágicos en los que piensas que nada malo puede pasarte… Una vez que te has deleitado, sales de allí con tu botín bajo el brazo y una sonrisilla de triunfo en la cara… porque solo tú sabes lo que significa. Las horas de felicidad que te esperan, gracias a ese tesorillo que pasará a hacerle compañía a otros tantos. Porque hace tiempo que has aprendido que esa es una de las satisfacciones que tienes a tu alcance y que no te suelen defraudar…
Solo cometí un pecadillo… permíteme que me lo reserve… Digo yo que pecar en un sitio tan bonito tiene que tener algún eximente, ¿no?
Si existe el paraíso deber ser parecido a Lello…

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