sábado, 24 de octubre de 2009

Llamadores de ángeles

A veces al amanecer, cuando no sabemos con certeza si estamos dormidos o despiertos, o a la hora del crepúsculo cuando las sombras nos hacen dudar de nuestros sentidos, adivinamos invisibles presencias, susurros, aleteos, risas contenidas, y hasta puede rozar nuestra mejilla algo que nos podemos definir. Son los ángeles: vienen y van, escuchando nuestros secretos y susurrándonos melodías.
En general soy poco amiga de supercherías, pero debo admitir y admito que en ocasiones sucumbo como todo hijo de vecino. No creo demasiado en amuletos ni invocaciones milagrosas, y a pesar de mi escepticismo este tipo de cosas siempre me han llamado la atención. Será mi naturaleza cotilla, o quizás esa necesidad irracional de aferrarme a algo sobrenatural cuando lo natural no responde a mis expectativas.
La más reciente mariconadilla de moda son los llamadores de ángeles. Unas bolitas de diferentes diseños con un cascabel dentro. Según la leyenda, hubo un tiempo en el que los duendes mantuvieron una amistad tan estrecha con los ángeles, que fueron obsequiados con tales artilugios para reclamar su presencia en caso de necesidad. Tienen una finalidad protectora, lo que en los tiempos que corren no es un reclamo desdeñable…
Yo mantengo unas creencias sincréticas poco ortodoxas, híbrido entre el catolicismo que me inculcaron y mi percepción personal. Al margen de todo eso, los ángeles me encantan desde el punto de vista iconográfico y simbólico. Mensajeros, custodios, luchadores de espada flamígera, pasionarios, arcabuceros… Siento debilidad por los arcángeles. De hecho acumulo objetos en los que aparecen y he tenido alguno de carne y hueso…
Hay contextos que te predisponen hacia ciertos cultos, y el gallego es uno de los más poderosos que conozco. Pues hace unas semanas, paseando por un pueblo precioso llamado Cambados, no pude evitar comprarme un llamador de ángeles. Desde entonces lo llevo en mi cuello y lo agito de vez en cuando, murmurando deseos tal vez imposibles, pero sin los que sería muy difícil vivir…

No hay comentarios:

Publicar un comentario