sábado, 24 de octubre de 2009

Puck

Muy bien me conoces:
yo soy ese alegre andarín de la noche.
Divierto a Oberón, que ríe de gozo
si burlo a un caballo potente y brioso
relinchando a modo de joven potrilla.
Acecho en el vaso de vieja cuentista
en forma y aspecto de manzana asada;
asomo ante el labio y, por la papada,
cuando va a beber, vierto la cerveza.
Al contar sus cuentos, esta pobre vieja
a veces me toma por un taburete:
le esquivo el trasero, al suelo se viene,
grita «¡Qué culada!», y tose sin fin.
Toda la compaña se echa a reír,
crece el regocijo, estornudan, juran
que un día tan gracioso no han vivido nunca.
(EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO. William Shakespeare)
Ese eres tú, un duendecillo travieso que alegras con tu sola presencia. Capaz de divertir, de consolar, de emocionar…
Cada vez que apareces la magia flota en el aire. Cuando te leo siempre pienso lo mismo: ¡Dios de la verdad revelada! ¿Por qué esta niña no tiene un agente literario?
Tu amistad es uno de esos regalos que se reciben con cuentagotas, que vas descubriendo y apreciando cada día más. Hasta llegar un momento en el que ocupa un lugar tan importante en tu escala de valores que no podrías renunciar a él. Te parece que siempre ha estado ahí, y quieres que siempre lo siga estando. Porque se ha convertido en imprescindible…
Nos unió la búsqueda de una ranilla tequilera, ¿te acuerdas? Llegaste a mi vida siendo la secretaria de la mejor detective del mundo mundial, guardando en la manga las claves del misterio. Y entraste en la cantina para quedarte…
Fue increíble como congeniamos desde el principio… Créeme, he sentido ese feeling con muy poquitas personas. La sensación de conocerse, de entenderse, de tener tantas cosas en común… y una facilidad de comunicación extraordinaria…
Eres revertiana como yo… Sabes que un libro puede ser mucho más que un libro... Tus sueños son tu libertad... Me identifico con tu sentido del humor, con tu forma de sentir y de pensar… Admiro tu talento, tu imaginación, tu versatilidad. Tus historias me atrapan, me conmueven, me sorprenden…
No puedo hacer otra cosa que darte las gracias… Por como eres en general y por como eres conmigo… Por tu presencia… Por tus palabras… Por tu confianza… Por tu apoyo incondicional…
Porque nos has hecho disfrutar con las travesuras de cupido, con el psicoanálisis, con las aventuras del ciberespacio, con experiencias místicas… Por enseñarnos el mejor método antidepresivo… Por tus cuentos inventados…
Porque me regalaste el dibujo de seis muñequitas que son el orgullo de mi blog…
Porque una noche te arrancaste a cantar conmigo, incluso canciones que no sabías…
Por esa visita que me supo a poco… Por subir al Mirador de San Nicolás sin quejarte (aunque me amenazaras con hacerme subir al Micalet… Jaja…).
Por estar constantemente a mi lado…
Hoy no puedo hacer otra cosa que decirte que te quiero…
¡Y desearte un muy feliz cumpleaños!

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