lunes, 5 de octubre de 2009

Recorriendo Galicia y Portugal (I)

Para no perder las buenas costumbres, os invito a acompañarme en mi viaje. Ya sabéis que me encanta hacer las maletas y pillar carretera. Es la mejor fórmula que conozco para escapar de la rutina, aunque la cabecita no descanse… Disfruto descubriendo sitios nuevos y volviendo a algunos conocidos.
En Segovia no pude resistirme a fotografiar el acueducto romano. Me siguen impresionando su armonía y sus proporciones.
En la ribera del Duero visité el monasterio ciscerciense de Santa María de Valbuena, una joyita de la arquitectura medieval castellana. Me encantan los claustros, es una fijación antigua...
Y las pinturas murales, aunque parezcan recientes.
En Valladolid estaban de fiestas y había un ambientazo increíble. Por supuesto, me acordé un montón de ti, guerilla… Los soportales de la Plaza Mayor, de una elegancia y una originalidad poco habituales.
La fachada plateresca de la Iglesia de San Pablo me tuvo un rato embobada.

También anduve por escenarios más rurales. En pleno Camino de Santiago está Molinaseca, un pueblo de esos en los que una se perdería un fin de semana otoñal...
Esta terraza acristalada me enamoró. Yo quiero una como esa… Para sentarme a leer todo el día mientras cotilleo por los cristales, jeje…
El castillo de los templarios de Ponferrada, en el Bierzo, es de los mejor conservados de España. En una mano la espada y en otra la cruz... y a vivir como un canónigo...
Galicia tiene una personalidad arrolladora, que te atrapa desde que la pisas. La arquitectura de granito, la gastronomía, las gaitas, el albariño, las meigas, la queimada... Las típicas galerías son una solución práctica y estética para aprovechar la luz. Estas están en el paseo marítimo de Viveiro.
Mi paso por la ciudad mágica de Santiago fue tan fascinante como siempre. No hice fotos porque llovía. Quizás es el único sitio del mundo donde no me importa que llueva. La lluvia forma parte de su encanto... Al igual que la niebla en la Ría de Arosa...
O Grove está unido a la Isla de la Toja por este puente. No pude resistir la tentación de entrar a gulismear en el balneario. Dan ganas de no salir de allí en una semana por lo menos...
Desde O Grove fui en barco hasta la Isla de Sálvora, que tiene un precioso faro. Allí vive Pepe, el farero, alejado del mundanal ruido y más feliz que una perdiz.
Los hórreos de Combarro, a la orilla del mar, tienen un encanto único. Aunque cruzarse con varios grupos del imserso colapsando las callejuelas dificulta un poco el paseo…

El casco histórico de Pontevedra es de los más bonitos que he visto. Tampoco hice retrataurías, porque era de noche y me dejé la cámara en el hotel… Disfruté mucho callejeando, y me hizo ilusión descubrir una escultura de Valle Inclán. Había una feria del marisco por la que no pasé de largo…
En Vigo, que huele a mar como pocas ciudades, visité el famoso Mercado de la Piedra y tomé un ribeiro en excelente compañía. Llegó tan linda como siempre, alegrando ese día gris. Qué rápido pasó el tiempo, ¿verdad, Elo? Jooo...
Sobre la ribera del Miño que limita con Portugal, está el castro de Santa Trega. Mirad que vistas... Anda que eran tontos los romanos...
Aquí nos quedamos para reponer fuerzas. La incursión lusitana será en el siguiente capítulo...

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