domingo, 15 de noviembre de 2009

El punto final

Una de las cosas que más me cuesta cuando escribo es poner el punto final. A veces evito llegar a él, alargando la historia hasta que se agota. Supongo que aunque no vea el momento de acabarla (soy impaciente por naturaleza), me resisto a despedirme de ella. Me da la sensación de que mientras la tenga entre manos estoy a tiempo de salvarla.
Me siento como el personaje de Michael Douglas en “Jóvenes prodigiosos” (mira que me gusta esa peli…), incapaz de poner fin a esa novela interminable por temor a no responder a las expectativas tanto propias como ajenas. Cuando el viento se lleva la única copia que tiene me pongo ansiótica, pero enseguida me doy cuenta de que es lo mejor que le podía pasar.
Me preocupa escribir un final digno, porque sé la importancia que tiene. No necesariamente feliz, pero al menos que sea verosímil y no deje cabos sueltos. Que no decepcione, y si es posible que sorprenda…
Una vez que la termino a mi gusto reviso hasta la saciedad. Es la parte teóricamente más fácil, pero se puede convertir en la más pesada si no encuentras el momento de parar. No me tengo por una perfeccionista, pero siempre hay algo que no me convence. Algo que le falta, o le sobra, o no tiene el tono adecuado… Al releer te das cuenta de esos errores. Encuentras párrafos o páginas enteras que te parece que no están a la altura del resto. A veces no sabes identificarlo claramente, pero sientes que hay algo que no funciona. Esa certeza es espantosa, aunque tenga remedio. Porque uno de mis conflictos es el de borrar. Cuando son un par de párrafos lo hago sin más, pero si es más me resulta muy difícil. Debo sufrir algo así como un Síndrome de Diógenes literario, jeje…
Cuando llega ese día en el que dices: “Vale, hasta aquí hemos llegado”, siento alivio y satisfacción, pero no puedo evitar un sentimiento de pérdida. El proceso en el que he estado sumergida durante tanto tiempo ha terminado, y sé que lo echaré de menos. Me invade la duda, además del pánico escénico. No sé si he hecho lo mejor que he podido. No sé si he conseguido lo que pretendía, porque después de darle tantas vueltas ya he perdido la perspectiva por completo. No sé qué voy a hacer ahora, si seré capaz de iniciar otro proceso…
Nadie dijo que fuera fácil cerrar etapas, pero la vida te enseña que es la única forma de avanzar. Poner el punto final, y a otra cosa mariposa…

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