domingo, 15 de noviembre de 2009

La copa indiscreta

Todo iba como la seda, hasta que un despiste le indujo a beber de mi copa:
- Vaya, ahora me voy a enterar de tus secretos…
- Como si fuera tan fácil…
- Ay, mujer de poca fe… No te tenía por una escéptica…
- Pues lo soy.
- Ya veo. ¿Y qué más eres?
- Cotilla, impaciente, celosa de mi espacio… ¿Sigo, o ya tienes ganas de salir corriendo?
- Creo que puedo soportarte un ratito más… -dijo sonriendo, como si aquello tuviera gracia.
- Es tu buena educación la que habla por ti…
- No creas… Solo habla cuando yo se lo permito…
- Te gusta ejercer el control…
- Me encanta. Pero no siempre lo consigo...
- Hay que saber perder…
- Ya, pero es mejor ganar.
- Claro. Aunque admito que no soy nada competitiva…
- Yo admito que lo soy… Cuando me propongo algo lo consigo.
- ¿Siempre?
- Con bastante frecuencia. Por ejemplo, cuando te he visto esta mañana en la cola del banco me he dicho: “Tengo que salir con esta chica…”.
- ¿Y yo no he tenido nada que ver en eso? Lo dices como si bastara con tu propósito…
- Si has aceptado será por algo…
- Estás muy seguro de ti mismo, ¿no?
- Hay que estarlo, hija… Si no te comen por una pata…
- Estoy de acuerdo, siempre que no se cruce la línea de la prepotencia…
- Así que traemos la escopeta cargada…
- Hay que traerla, hijo… Si no te comen por una pata…
- ¡Jajajaja…! Me gustan las chicas guerreras…
- Mejor para ti. Y qué, ¿has descubierto ya mis secretos?
- Estoy en ello…
- Pues cuando lo consigas, como todo lo que te propones, te pareceré un coñazo…
- Me arriesgaré… El que no arriesga no gana…
- Yo solo arriesgo cuando no tengo nada que perder…
Sin pensarlo dos veces, cogí su copa y la vacié de un trago.

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