domingo, 15 de noviembre de 2009

Tres vidas

“Todos tenemos tres vidas: la pública, la privada y la secreta”.
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
Muchos conocéis mi devoción hacia Gabo. Esta me parece una de sus frases más geniales, y entiendo lo que le indujo a pronunciarla. Siendo un escritor que vive de su trabajo, su vertiente pública debería limitarse a la promoción de sus libros. Si no protegiera su intimidad, lo primero que se vería perjudicado sería su desempeño profesional. Y eso no se contradice con el hecho de que escriba biografías, pues en ellas él controla lo que cuenta y como lo cuenta.
Cuando habla de la vida pública se refiere a un nivel mediático. Aunque la mayoría (por suerte) no pertenecemos a él, creo que podríamos extrapolarla a la faceta que trascurre de cara a los demás. La privada sería la que solo compartimos con ciertas personas; por confianza, por cariño, o por simple cercanía.
Como no vivimos de la imagen no necesitamos guardar las apariencias, pero aún así ambas vidas no siempre coinciden. Hay personas que actúan de forma totalmente distinta según el ambiente en el que se encuentren. Otras en cambio no saben o no quieren jugar a eso, lo que no impide que puedan dar una impresión que no se corresponda con la real. Solo dejan aflorar su verdadera personalidad cuando se sienten cómodas. No se trata de engañar, sino de dosificar…
La vida secreta es la que no exteriorizamos. Esa parcela íntima que preferimos mantener oculta en algún lugar del corazón o la memoria. Recuerdos, deseos, frustraciones… Aquello que no le hemos contado ni le pensamos contar a nadie. Anécdotas que no consideramos oportuno compartir, pasiones altas y bajas, sueños que no se cumplieron, ilusiones que no nos atrevemos a expresar en voz alta, sentimientos que se nos quedaron atravesados un día y siguen ahí, guardados a buen recaudo. Esa parte que nos pertenece solo a nosotros y que nos hace sentir especiales…
Esta vida me parece la más interesante, porque es la más auténtica de todas. No pasa por ningún filtro, no está sujeta a normas ni prejuicios. Nadie es del todo inmune a la opinión ajena... Por eso en este ámbito nos sentimos totalmente libres, pues sabemos que no seremos juzgados más que por nosotros mismos. En ningún otro gozamos de ese privilegio.
Y que aburrido sería alguien sin misterios por desvelar, ¿no?

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