jueves, 31 de diciembre de 2009

La decadencia de la mentira

Este librillo fue uno de los que me encontró a mí. Iba yo paseando por una conocida plaza de Cádiz (una ciudad en la que siempre me pasan cosas bonitas), y me llamó la atención desde un escaparate. No lo conocía, pero soy fan de Wilde desde mi más tierna juventud. Además, el título me sedujo. “Que las mentiras parezcan mentiras…”. Aunque no suelo leer ensayos, no me quedó más remedio que adoptarlo…
Es enano, parece de esos que te regalan en los autobuses para amenizar el viaje. Empecé a leerlo el otro día en la sala de espera del médico, uno de esos sitios en los que me falta el aire… Encima me tocó al lado un pirado que hablaba solo. Yo ponía todo mi empeño en ignorarlo, clavando los ojos en mi pequeño salvavidas.
Está narrado en forma de diálogo, lo que le da un dinamismo especial. Dos jóvenes (a los que no cuesta imaginarse) conversan en la biblioteca de una casa de campo acerca del artículo que ha escrito uno de ellos.
“Una de las principales causas a las que cabe atribuir el carácter curiosamente insustancial de casi toda la literatura de nuestra época es sin duda la Decadencia de la Mentira como arte, ciencia y placer social. Los historiadores antiguos nos dieron deliciosas lecciones en forma de hechos; el novelista moderno nos presenta hechos insulsos bajo guisa de ficción”.
Lo que no me esperaba es que hablara tanto de arte, ha sido una grata sorpresa. Sus teorías son para tomar nota…
“Mientras algo nos sea útil o necesario, o nos afecte de cualquier modo, doloroso o placentero, o apele con fuerza a nuestra compasión, o sea parte vital del ambiente en que vivimos, estará fuera de la esfera propia del arte”.
Opina que el arte está hecho únicamente para el disfrute de los sentidos, difunde cosas bellas pero falsas…
“La vida imita al arte mucho más de lo que el arte imita a la vida”.
Su visión es tan frívola como él mismo, por lo tanto no me extraña que elimine el aspecto emocional de la contemplación artística.
No pierdo de vista que Wilde es la exageración en persona, pero qué gracia tiene el puñetero:
“Pensar es la cosa más insana del mundo, y hay gente que se muerte de eso como de cualquier otra enfermedad”.
Sus aseveraciones están impregnadas de ese esteticismo que lo caracteriza. Y me divierte saber cuanto escandalizaron a la sociedad de su tiempo.
“Siempre la literatura se anticipa a la vida. No la copia, la moldea para sus fines. El siglo XIX según lo conocemos, es en gran medida un invento de Balzac”.
Los escritores realistas “acaban por escribir novelas tan semejantes a la vida que no hay modo de creer en su verosimilitud”. Dicho por otro sonaría contradictorio, pero dicho por Wilde suena genial.
La mentira que está en decadencia es la creación artística y literaria de su tiempo, y son “sus verdades” las que la desmontan. Lo que motiva la decadencia es buscar la inspiración en lo natural, que nunca puede sustituir a la creatividad. La mentira es un arte que no está al alcance de cualquiera… Hace una crítica feroz al culto a la verdad propugnado por el espíritu victoriano.
Yo, como admiradora que soy del naturalismo en el arte y en la literatura, no puedo dejar de discrepar de algunos puntos. Pero eso no impide que disfrute leyendo sus provocadoras sentencias, y piense que encierran más verdad de las que aparentan. Porque como dice Borges, lo grande de Wilde es que casi siempre tiene razón. O eso nos hace creer...
P.d. Como mañana no pienso publicar, aprovecho para desearos a todos un Feliz Año Nuevo.

Escritos del pasado

“Parte de lo que escribí en el pasado ya no me parece el reflejo de lo que pienso hoy. Sin embargo, todo aquello era real para mí cuando lo plasmé en el papel; y así debo dejarlo”.
Cartas de amor del profeta. KHALIL GIBRAN

Me gusta esta cita porque describe milimétricamente lo que yo siento al respecto. Cuando leo algo que escribí hace tiempo no siempre me reconozco. A veces me da vergüenza, otras me hace gracia. Además de la evidente evolución (sería terrible no apreciarla), noto que los temas que me preocupaban no son los mismos que me preocupan ahora. Aun así, esas letras recogen mis inquietudes en un momento concreto, y por tanto no debo renegar de ellas.
Me inspira cierta ternura comprobar como era yo antes… Cuales eran mis inquietudes, y cual la forma de expresarlas. Cada vez hay más de mí en lo que escribo. Me sigue costando dejar que me lean, pero constato que me voy acercando a una autenticidad que siempre he considerado fundamental. Exteriorizar sueños, dudas y temores parapetada detrás de algún personaje es toda una terapia. Solo quien nos conoce bien nos adivina detrás de una frase o un pensamiento.
Con los años la letra va adquiriendo cierta personalidad, y a los escritos les pasa algo parecido. Ahora me doy cuenta de que en lo primero que escribí no hablaba de lo que realmente quería hablar. Al tiempo que he ido definiendo un estilo, he ido encontrando mi voz.
A veces tengo la sensación de estar siempre contando la misma historia. Aunque cambie el escenario y los personajes, en el fondo hablo de lo que me importa. Y cada vez me permito más libertades en ese sentido. Voy aprendiendo a no autocensurarme...
Igual que un pintor que llega a la abstracción, soy consciente de que todo es parte de un proceso en el que los bocetos son esenciales. En un principio la historia aparece difuminada, pero poco a poco va mostrando sus contornos. No digo que lo posterior tenga que ser necesariamente mejor que lo anterior. Un absurdo afán de perfección puede hacer que un texto pierda frescura, pero la experiencia enseña. En cualquier caso, creo que lo que escribimos en su día tiene un significado e influyó directamente en lo que escribimos hoy. Es lo que fuimos y lo que somos…

Mis regalos de Navidad

Yo nunca he sido de Papa Noel, por lo tanto no hago ni recibo regalos en Nochebuena. Confieso que este año no inicié el día con el mejor ánimo. Empezó siendo gris, pero fue tornándose soleado metafóricamente hablando (meteorológicamente no cambió de color).
Como cada año, hubo un regalo que la fuerza de la costumbre me impide valorar en su justa medida: compartir la cena con mi gente, a mucha de la cual veo bastante menos de lo que me gustaría. Solo el hecho de reunirnos y brindar, sin que haya nada grave que lamentar, ya es un regalo en sí mismo. Hubo rutinas, recuerdos, reencuentros, deseos inconfesables, demasiadas burbujas…
Pero además tuve varios regalos que hicieron mi día y mi noche especial. Todos ellos fueron muestras de cariño, y aunque suene a topicazo las agradezco más que cualquier otra cosa. Hubo mensajes esperados e inesperados, cálidos como una taza de chocolate frente a la chimenea. Escuché más de una vez esas tres palabras que tanto gusta escuchar y a veces tanto cuesta decir.
Mi primer regalo especial fue un correo precioso. Esa constatación de que una persona (muy querida) “está ahí” que llegó en el momento justo me alegró la tarde.
El segundo fue un abrazo que casi me tira al suelo, y os aseguro que no soy fácil de tirar. Entrar en casa y que mi princesita se me abalanzara fue como tocar el cielo. Llevaba cuatro meses sin verla...
El tercer regalo fue una llamada desde México lindo. Además de manifestarme un sentimiento conocido y correspondido, me dijo que anhelaba leer un post mío… No pensaba escribirlo, pero aquí está. Porque ella merece esto y mucho más. Su detalle me llegó al Alma.
Encima hubo una de esas “coincidencias” que me hacen pensar en la telepatía y reafirman mi fe en la sincronicidad. Alguien con quien no cruzaba una palabra desde hacía semanas, me mandó un sms en el mismo instante en el que yo estaba escribiéndole uno.
Nunca he creído en los milagros de Navidad, pero ayer viví unos cuantos…

martes, 22 de diciembre de 2009

El primo Basilio

Amor es la enfermedad
que en aire está flotando.
Tan sólo de ir al balcón,
coges su fiebre volando.
Se considera una de las “novelas de adulterio” del siglo XIX, junto con “Anna Karenina”, “Madame Bovary” y “La Regenta”. Así que esta era la que me faltaba para completar el cuarteto… Además, desde que vi “El crimen del Padre Amaro” estaba loca por leer a Eça de Queiroz.
Luisa tiene un matrimonio apacible pero si rastro de pasión. Coincidiendo con la ausencia de Jorge, su marido, vuelve a aparecer en su vida el primo Basilio, con quien mantuvo un idilio de juventud. Y sucede lo inevitable...
Al igual que Anna Karenina, Emma Bovary y Ana de Ozores, el temperamento romántico de Luisa será "su perdición": “Pasearían con las manos cogidas, en poético silencio, mientras el sonido del agua, cayendo en las conchas de piedra, daría un ritmo lánguido a los sueños amorosos”.
Pero la realidad nunca es tal y como la soñamos… “Es que el amor es esencialmente perecedero y empieza a morir en el mismo momento de nacer. Solo sus comienzos son buenos. Entonces sí hay entusiasmo, delirio, un trocito de cielo”. No creo que solo los comienzos sean buenos, aunque indudablemente son lo mejor… Pero sí creo que el amor es esencialmente perecedero.
Hay escenas llenas de sensualidad: “Bebió un poco de champaña, y con un beso se lo pasó a la boca. Luisa se rió mucho, lo encontró y quiso beber más de aquella forma. Las mejillas se le iban encendiendo y la mirada le brillaba”. Me pregunto si esos instantes de felicidad compensan todo lo demás...
Me encanta el lirismo de las descripciones: “Y como el que destapa un frasquito mucho tiempo guardado y se admira al ver que el perfume se ha evaporado por completo, así se quedó de asombrada al encontrar su corazón vacío”. A veces da miedo destapar ese frasquito, por lo que pueda pasar...
La cuestión moral es una constante, con el fin de denunciar los vicios de la sociedad lisboeta. Jorge detesta a Leopoldina, la mejor amiga de Luisa, por su mala reputación: “¡Y viene aquí, se sienta en mis sillas, abraza a mi mujer, respira mi aire!”.
Tiene guiños maravillosos, como el de “La dama de las camelias”: “Hacía ya una semana que se interesaba por Margarita Gautier, y su desgraciado amor le producía una imprecisa melancolía. Encontraba en los nombres mismos del libro el sabor poético de unas vidas intensamente amorosas”.
La ambición de Juliana, la sirvienta cotilla, desencadenará la tragedia: “¡Siempre estaba buscando algún ! ¡Ay si caía algunos en sus manos!”. Su maldad proviene en gran medida del resentimiento que le inspira un estamento social superior.
Al igual que ocurre en las demás novelas de adulterio de la época, la protagonista es una mujer burguesa que se siente sola y frustrada. Cuando la pasión aparece en su vida se deja arrastrar por ella sin remordimientos, siendo castigada después. Para mí el trasfondo de estos adulterios son los matrimonios sin amor, producto de la hipocresía social. Por eso los considero (sobretodo el de Ana de Ozores, que está casada con un viejo verde y vive en un microcosmos claustrofóbico) un puro instinto de supervivencia.
No pienso elegir mi favorita, todas son maravillosas. Tengo la sensación de haber cerrado un círculo, al que volveré más de una vez…

20 de Diciembre

A vosotras, que hicisteis este día inolvidable.
Lo sé, soy una sentimental. No es que celebre aniversarios de cada tontería, pero cuando vivo fechas significativas tiendo a recordarlas. Y hoy hace un año de una muy especial…
Llevaba diez meses viviendo en México y vine a pasar las fiestas navideñas en familia. La llegada había sido una comedia, porque las huelgas de Iberia no dejaron títere con cabeza. Mi vuelo se retrasó diez horas, obligándome a pernoctar en el hotel del aeropuerto. Traía la maleta llena de regalitos, el tequila del duty free, y cientos de sensaciones que deseaba compartir. Finalmente aterricé de madrugada, con un jet lag que no veas. Pasé el día siguiente deambulando por Madrid, saboreando cada detalle que me hacía sentirme en mi tierra. Llamando a todo el mundo como una loca, visitando librerías, y tratando de adaptarme a ese frío que me calaba hasta los huesos.
Finalmente llegó el momento… Esa reunión que con tanta ilusión esperaba y que al mismo tiempo tanto me imponía. Decir que fue maravillosa sería quedarme corta… Aunque las expectativas eran altas, se vieron ampliamente superadas. Los recuerdos se agolpan, haciéndome revivir cada detalle: la estatua del viajero, Rembrandt, En busca del tiempo, Enrique IV, el Barrio de las Letras… El día estuvo lleno de momentos mágicos. Hubo risas, descubrimientos, brindis… pero sobretodo mucho cariño. Un cariño con el que ya contaba, pero que se materializó en gestos, palabras, miradas, sonrisas…
Volví a casa llena de sensaciones: alegría por haber disfrutado tanto, pena por lo poco que había durado... Con la certeza de que la química traspasa la pantalla, y con ese venenillo adictivo en el cuerpo. No queráis saber la angustia cósmica que se apoderó de mí cuando llegué y no tenía conexión a Internet. Tuve que llamar a un alma caritativa para desahogarme…
Todo tiene un valor subjetivo, y los recuerdos todavía más. Por eso un día como hoy, no puedo evitar revivir aquel con una sonrisa y toneladas de nostalgia. Como no puedo evitar expresaros mi gratitud y deciros cuanto os quiero…

Una historia de entonces

Admito que soy muy friki y tengo mis rituales… Uno de ellos se repite cada año por estas fechas. Consiste en ver mi trilogía de Garci (“El abuelo”, “You´re the one” e “Historia de un beso”). Adoro su forma de contar historias. El tono intimista, la atmósfera, la estética... Vale que tienen un punto de ñoñería, pero reflejan una realidad que yo no he vivido y me interesa con mucha más calidad que el cine de la época.
Pues ayer tocó “You´re the one”, y la disfruté desde esa primera escena en la que un Rolls Royce negro avanza por un camino rural con la Traviata de fondo…
El que esté rodada en blanco y negro le da un aire especial. Es todo un homenaje al cine clásico empezando por la protagonista, una pobre niña rica que tiene un muerto pegado a su alma…
La casona asturiana de “Llendelabarca” parece detenida en el tiempo. Envuelta en la niebla, bajo la lluvia o cubierta de nieve…
Tiene diálogos maravillosos: “Hasta mis sueños son tristes”, “No hay droga más fuerte que el amor que continuamente necesita más amor”, “Viajar es bueno para el alma”, “¿No sabes que tu sonrisa es una de las siete maravillas del mundo?”, “Cuando llegaste tenías la mirada gris, y ahora la tienes azul”…
Me encanta Juanito, que cuando sea mayor quiere una novia que huela a vainilla como la señorita Julia. Al verla por primera vez se queda embobado, porque le parece una artista del celuloide: “Como Claudette Colbert en ”.
Las dudas de don Matías, el cura carca, cuando se toma unas copitas de anís. Y a pesar de sus prejuicios confiesa su fascinación por “las mujeres con tres bocas y dos narices que pinta el comunista ese de Picasso”.
La sabiduría de la tía Gala. Sus recuerdos de juventud en La Habana, donde “siempre hay luz de domingo y los atardeceres son rosas”. La escena en la que el cura está pontificando en el café y le para los pies me parece genial: “Los inventos desmoronan la religión. En cuanto llega alguien y explica algo, ya no hay tu tía de que lo ha hecho Dios”. “El cine no puede ser tan malo cuando lo llaman el séptimo arte… Resulta que a mi nuera y a mi nieto les encantan las películas. ¿Sabes por qué? porque les enseñan cosas distintas a las de aquí”.
Ese ex presidiario que escribe novelas de indios y vaqueros con pseudónimo, portador de una carta preciosa… “Me hizo prometer que te cogería la mano, te la apretaría, te miraría a los ojos, y te diría, como si fuera él: estoy en tu alma”.
Pilara, que sigue soñando con que su marido volverá de la guerra porque intuye que está vivo… “Si no me habría dado un pálpito, el corazón se habría acelerado sin motivo”.
El entrañable Orfeo, un maestro de escuela que tiene “cara de gente, de la muchedumbre de un campo de fútbol o una plaza de toros” y sabe que su amor es imposible… Julia le dice: “Lo más difícil y lo más importante en esta vida es ser lo que tú eres, una buena persona”. Y él contesta: “Ese es el problema, que a las mujeres nunca os atraen las buenas personas”.
Hay quien acusa el cine de Garci de tener un envoltorio precioso pero poca profundidad. Y qué queréis que os diga, a mí este guión me parece de todo menos hueco.

Cuéntame un cuento

Siempre he preferido la novela al relato, sin embargo admito que un relato capaz de captar tu atención y perdurar en tu memoria igual que una novela tiene mucho más mérito.
No distingo bien entre relato y cuento literario, aunque supongo que hay diferencias entre ellos (Hace poco lo hablábamos, ¿recuerdas, Nanilla?). Quizás el cuento tiene más entidad, una estructura más sólida con planteamiento, nudo y desenlace. Hay quien le da al relato connotaciones más fantásticas y al cuento más realistas, pero yo asocio más el cuento a la ficción.
Tradicionalmente se ha considerado un género menor, sin embargo para que funcione requiere una intensidad y un final determinados. Es un ejercicio de síntesis que no admite errores. Debe enganchar desde el principio y no dejar cabos sueltos. Como dice Cortázar, un buen cuento logra que “un vulgar episodio doméstico se convierta en el resumen impecable de una cierta condición humana”.
Los de Wilde fueron de los primeros que me cautivaron. “El fantasma de Canterville”, “El cumpleaños de la infanta”, “El ruiseñor y la rosa”… Son todos entrañables… y te llegan igual que una historia más extensa.
Dentro del género de misterio me parecen magistrales los de Poe, Conan Doyle y Stephen King (“El método de respiración” me dejó sin respiración). Por no hablar de “El monte de las ánimas” de Bécquer o “Los mil y un fantasmas” de Dumas…
Aluciné con el humor negro de Roald Dahl y sus “Historias extraordinarias” o “Relatos de lo inesperado”. Ese en el que un tipo apuesta su dedo meñique a que podrá encender el mechero diez veces seguidas es espeluznante…
En Latinoamérica el cuento ha gozado siempre de mayor prestigio. Adoro los “Doce cuentos peregrinos” de García Márquez, sobretodo “El ahogado más hermoso del mundo” y “La triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada”; los “Cuentos de Eva Luna” y algunos otros como “Niña perversa” de Isabel Allende, y “Mujeres de ojos grandes” de Ángeles Mastretta (“La tía Daniela se enamoró como se enamoran siempre las mujeres inteligentes: como una idiota…&rdquo . Los de Cortázar los leí por obligación y también por devoción… En palabras de Vargas Llosa, “Juega el autor, juega el narrador, juegan los personajes y juega el lector, obligado a ello por las endiabladas trampas que lo acechan a la vuelta de la página menos pensada”.
Me encantan “Modelos de mujer” de Almudena Grandes y “La costilla asada de Adán” de Carmen Rico-Godoy: “Blanca, la pobre, era negra. Negra, como esos teléfonos grandes y destartalados que vendían los gitanos en el rastro por veinticinco mil pesetas o más y que compraban embelesadas las señoras pijas de ojos azules y piel blanca y transparente”.
Holden había dejado el listón muy alto, pero los “Nueve cuentos” de J.D. Salinger me resultaron interesantes.
Recientemente he disfrutado los de Chejov y los de Capote: “El problema del amor le preocupaba, sobretodo porque no lo consideraba un problema. Y de algo podía estar seguro: nadie lo amaba. Esta certeza latía en su interior como un corazón adicional”. También con “Dublineses” de Joyce. Tengo pendientes los de Hemingway, los de Benedetti y los de Gogol (ya en el montón) entre otros muchos.
Para mí lo único malo de los cuentos es que acaban demasiado pronto. Luego pasas al siguiente, pensando que no podrá gustarte tanto, y a veces se da la maravillosa circunstancia de que te equivocas…

Buscando a Elo

El día amaneció envuelto en una densa neblina pero cargado de buenos presagios. Me puse en marcha alentada por la ilusión de alcanzar mi objetivo. El paisaje era verde y frondoso. Aún me calentaba los huesos la queimada que había tomado la noche anterior…
Sabía que Elo aprovechaba para viajar siempre que podía y que le encantaban los sitios con historia, así que inicié mi peregrinaje por la Isla de San Simón. Mientras llegaba miré al fondo del mar, imaginando los tesoros de galeones hundidos de los que hablaba mi amiga. Entré en la ermita y encendí una vela pidiendo un deseo... A pesar de mi escepticismo, en ese marco todo parecía posible. Caminé por el Paseo de los Buxos, hasta el mirador. Vi ese árbol que enamoró a Elo y supe que había pasado por allí… Tenía razón, era un lugar mágico.
El sonido de unas gaitas me incitó a asomarme a una taberna, donde sacié mi sed con un ribeiro y probé los pimientos de Padrón. Al salir me adentré en un bosque tal vez animado. Una fina llovizna me obligó a acelerar el paso. Entre la arboleda se perfilaba un cruceiro de granito con la siguiente inscripción: “De polvo y fango nacidos, fango y polvo nos tornamos. ¿Por qué, pues, tanto luchamos si hemos de caer vencidos”. Que sabios versos de Rosalía…
Al escuchar un crujir de hojas secas vinieron a mi mente las fascinantes historias sobre la Santa Compaña que Elo me había contado. Al parecer aparecía por los caminos, anunciando la muerte de quien tenía la desdicha de encontrarse con ella. Pero al girarme, mis ojos se toparon con una vieja que me miraba fijamente.
- Sigue este sendero y te conducirá a tu destino –me dijo, como si me conociera.
- Si no le he dicho cual es…
- Ni falta que hace…
Qué ignorante era… ¿Se me había olvidado que me encontraba en tierra de prodigios?
- ¿A quien debo darle las gracias?
- Mi nombre es Calpurnia –contestó, con una voz que encerraba más misterios de los que mi mente era capaz de comprender.
El olor a mar me indicó que iba bien encaminada. Al pasar frente al Museo de Bellas Artes recordé que Elo adoraba la pintura. Uno de los vigilantes me informó de que iba con frecuencia y pasaba horas extasiada ante los cuadros. Me estaba acercando…
Entre en la Biblioteca Pública con la esperanza de descubrirla entre las estanterías, pero tampoco hubo suerte… Al pasar junto a las mesas de lectura me pareció visualizarla allí, escribiendo uno de sus magistrales relatos por entregas.
Delante de un restaurante italiano volví a tener un pálpito y pregunté por ella. Era una clienta asidua -me confirmó el dueño-. Solía ir a degustar un plato de pasta acompañado de lambrusco. Qué bien se cuidaba… Y cuanto nos parecíamos…
Llegue al puerto y eché un vistazo por el embarcadero, pues a Elo le fascinaba navegar. Vino a mi mente la historia de un pulpo, haciéndome sonreír…
Mis pasos se dirigieron al Mercado da Pedra, y entonces avisté una silueta familiar. Una chica rubia, preciosa, caminaba hacia mí. Lo había conseguido. Por fin podría darle un abrazo y desearle feliz cumpleaños…

¿Mucho pedir?

- Acabarás conmigo…
- ¿Por qué dices eso? Mira que eres melodramática…
- Porque no me darás lo que yo necesito, y eso me acabará matando.
- ¿Y qué es lo que necesitas?
- Que pienses en mí a todas horas, que sueñes conmigo, que leas los libros que yo leo y veas las películas que yo veo… Que me adivines el pensamiento, que no le dediques a nadie tantas atenciones como a mí, que firmaras ahora mismo pasar el resto de tu vida a mi lado…
- Pues no pides tú poco…
- Me consta que no es poco. Yo te lo he dado sin que me lo pidieras…
P.d. No sé escribir cartas de amor, pero creo que el amor se puede expresar de muchas formas...

Decisiones

Impresiona pensar hasta que punto las decisiones tomadas y omitidas nos han llevado a donde estamos... Me gustaría creer en eso del destino para sentir que no soy la única responsable de mis errores. Achacar un hecho a la suerte te exime en cierto modo, aunque por lo general tu implicación es mayor de lo que quieres admitir. El poder de intervención que tenemos en muchos aspectos debería ser un consuelo, pero también es una carga. La conciencia no perdona. El libre albedrío es lo que tiene…
No soy partidaria de darle demasiadas vueltas a lo que hice o dejé de hacer, pero llega un momento en el que me enfrento a las consecuencias de mis decisiones y me planteo si fueron las acertadas. De los errores se aprende, pero eso no impide que te pesen. No conviene fustigarse en exceso, es más operativo ser consecuente... Lo que pasa es que hay algunos con los que cuesta convivir…
No lamento las decisiones que tomé guiándome por los sentimientos, porque fueron las más auténticas. Cuando involucran a otra persona no puedes permitirte el lujo de ser deshonesta… Además, eso solo te conduciría a la infelicidad.
He tomado decisiones siendo consciente del precio que conllevaban, y sigo pagando el de algunas. Si me compensa, por muy absurda que parezca, sé que merecerá la pena. Al menos me sentiré fiel a mí misma, y eso siempre reconforta.
Hay momentos en los que recorro un camino que sé que me llevará al abismo, y aún así sigo avanzando. No es que no lo pueda evitar, es que no quiero. Solo yo conozco los motivos y para mí son válidos. Mientras sean más fuertes que el instinto de supervivencia no daré media vuelta.
Ya os dije que el frío me volvía introspectiva, no me lo tengáis en cuenta...

Susceptibilidad

Hay momentos en los que me horroriza comprobar lo susceptible que soy. Pero no puedo evitar que ciertas cosas me afecten como me afectan… Aún cuando pienso que las estoy sobredimensionando o haciendo una lectura errónea, me duelen. Solo cuando las veo con perspectiva soy capaz de comprender lo ilógico de mi reacción.
Todos tenemos nuestro talón de Aquiles, y cuando nos clavan (o creemos que nos clavan) la flecha caemos. Hay días en los que pienso que un soplido bastaría para derribarme. Y necesito un abrazo que no me atrevo a pedir…
La tendencia a hacer la peor interpretación de la incertidumbre puede ser un calvario. Los silencios se clavan como agujas, la duda ofende, la sensación de invisibilidad mata. A veces siento una distancia fría como el hielo, y me pregunto si habré hecho algo inconsciente para provocarla. Cuando intuyo que algo dicho con la mejor intención ha molestado pienso que debería enmudecer para los restos.
Una gota tras otra forma un mar… Quizás hablando claro se evitarían estas percepciones unilaterales, pero soy de las que se guardan casi todo lo que le toca la fibra. Además, sé que los reproches pasan factura y no siempre estoy dispuesta a pagarla.
El significado de una actitud está íntimamente ligado con su procedencia. Las personas a las que más quieres son las tienen más capacidad para hacerte daño. Pueden destrozarte con un desplante, un gesto desafortunado o una mala interpretación. Probablemente todo parte de un error de base, que es atribuirme más importancia de la que tengo en la vida de algunas personas.
Me gustaría pensar que soy tan impasible como aparento. Que no necesito a nadie más de lo estrictamente necesario. Que estoy por encima de ofensas y rencores… Pero bastante completita está mi lista de defectos como para añadirle también la soberbia…
P.d. Que nadie se preocupe, son solo pensamientos. Mi religión me prohíbe mostrarme vulnerable, pero es que el otro día me di un golpe en la cabeza y creo que he perdido parte de la coraza…

jueves, 3 de diciembre de 2009

El frío modifica la trayectoria de Patri

Tolero mal el frío. Si viviera en Rusia las pasaría canutas… Estaría vodka va, vodka viene. Cuando baja el termómetro sufro una mutación. Mi físico se resiente, mi ánimo decae, y mi carácter se vuelve más introspectivo todavía. Si salgo temprano o de noche me tengo que poner una bufanda para no pillar una faringitis. Se me cortan los labios, me vuelvo adicta a los kleenex. Y se me pone una cara de mala leche…
Lo que peor llevo es la ausencia de sol. En mi ciudad el invierno es gélido, pero los días suelen ser soleados. Por eso cuando se nubla el cielo yo me nublo con él. Y si la situación persiste varios días, me dan unos bajones no veas…
Pero toda moneda tiene dos caras… El mal tiempo que tanto detesto tiene en mí un efecto positivo: me fomenta la creatividad. No incita a salir a la calle, por lo tanto favorece la concentración y es ideal para el trabajo intelectual. En verano apenas si puedo escribir una línea. Es en la antesala del invierno cuando mi potencial alcanza su máximo rendimiento, lo que no deja de ser paradójico…
He terminado todas mis novelas por esta época. Es cuando realmente estoy inspirada y me pongo las pilas. Curiosamente, el año que pasé en un país cálido apenas si pude escribir unas líneas. Era capaz de crear historias cortas, pero no de involucrarme en algo más complicado.
También es mi momento más productivo laboralmente hablando. Me refiero solo a una de mis dos ocupaciones. Como algunos sabéis, llevo una doble vida: la auténtica y la impostora. Noto la mente ágil, leo y redacto sin ninguna dificultad…
El mes de Diciembre es prolífico para mí en ese sentido. Tal vez es la inminencia de la Navidad lo que me motiva, o tal vez la sensación inconsciente de que al ser el último mes del año lo tengo que aprovechar… Este mes siempre ha estado marcado por acontecimientos trascendentales en mi vida. El año pasado lo viví con mucha ilusión, porque volvía a comerme los turrones a casa…
Recuerdo cuando por estas fechas cortábamos las clases y aprovechaba para prepararme los exámenes, pues sabía que durante las fiestas navideñas sería imposible. Teníamos un montón de lecturas obligatorias, porque el profe pretendía que pasáramos las vacaciones encerrados en un desván sin hacer otra cosa que leer… (admito que hoy esa perspectiva no me disgusta para nada). Aunque en su día renegué, algunas me encantaron: “Yo, Claudio”, “El tío Goriot”, “Madame Bovary”, “Los novios”… Todas ellas las leí con un calefactor en los pies y azuquíllar de polvorón en las solapas…
Recuerdo esas semanas currando en la catedral, donde pasé más frío que robando pingüinos… Pero estaba tan contenta y aprendí tanto de esas otras facetas de mi carrera, que me compensó totalmente. Una monjilla inspeccionaba como quien no quiere la cosa, y nos invitaba a tazas de chocolate caliente. En vísperas de Nochebuena se sintió magnánima y nos llevó a la sacristía, donde los curas habían desayunado como tales. Ese día hubo churros y una copita de anís…
Ya veis que miro más al pasado que al futuro… Pues eso, que el frío modifica mi trayectoria y me hace divagar. Y si no fuera por la otra cara de la moneda, invernaría como los osos…

El poder de la belleza

Los que me leéis sabéis que aquí no suelo hablar sobre arte, aunque ocupa un lugar importante en mi vida. Me cuesta imaginar como sería vivir sin él, tanto como vivir sin libros. Seguramente no se echa en falta aquello a lo que no te has acostumbrado, pero no puedo evitar pensar que me faltaría algo esencial…
Al igual que Holly Golightly iba a Tiffany´s cuando tenía un día rojo para sentirse mejor, todos atesoramos esas pequeñas (o grandes) pasiones que nos rescatan de la melancolía de vez en cuando. En mi caso una de ellas es la pintura.
Ante determinados cuadros siento algo que más que va más allá del goce estético. No es ya el poder identificar un estilo, interpretar un simbolismo o reconstruir una historia, sino una experiencia emocional que me hace partícipe. Porque hay cuadros que están vivos… Parecen pintados por una mano divina y me hacen creer en los milagros…
Recuerdo una novela que leí hace años y me encantó: “La novia de Matisse”, de Manuel Vicent. Trata la fascinación por la belleza que emana del arte y sus efectos, con una sensualidad que raya el hedonismo: “No hay que dar ninguna importancia al dinero ni a la moral frente a la belleza”. ¿No parece una frase de Oscar Wilde?
Creo que el gusto se educa, pero requiere un mínimo de sensibilidad. Si jamás has tenido acceso a él no podrás desarrollarlo, pero estoy convencida de que para sentirse conmovido por una obra de arte no es necesario tener formación artística. “Le gustaba sobretodo la luz que desprendía, a la cual cada día le descubría un nuevo matiz, como un amor que se va revelando lentamente. No entendía de arte pero en el fondo estaba feliz sólo de pensar que poseía aquel cuadro y con él todo su pasado”.
La belleza no está en el objeto, sino en la mirada del que lo contempla… Y tiene un poder que no conviene desestimar. “Algún día te hablaré de una teoría sobre la magia que ejerce la belleza sobre las personas para que veas que este negocio no es tan desalmado… La belleza puede destruirte o hacerte inmortal”. No sé si el arte puede tener una cualidad terapéutica, pero los objetos bellos me ayudan a sentirme bien. Todo aquello que inspira sensaciones bonitas tiene algo de curativo, porque diluye las penas y aleja la negatividad.
“El tiempo se posa en la pintura. La historia que vive una obra de arte, las manos por las que haya pasado, la codicia que haya despertado, la emoción estética o los deseos de belleza que haya generado en sus sucesivos propietarios son tan importantes para su carácter como las pasiones o desgracias que nos conforman”.
Cuando veo una obra que me toca la fibra tengo la sensación de que fue creada para decirme algo. El artista entabla un diálogo con el espectador que muchas veces conecta con su propia historia, con sus sentimientos más íntimos. Para mí es tan importante el aspecto estético como el simbólico. Cuando ambos se combinan el resultado es como una descarga de energía… Lo bello tiene un valor en si mismo, pero si va acompañado de un trasfondo interesante el poder que ejerce aumenta…
Con el paso de los años voy tomando conciencia de cuales son esas cosas que hacen mi vida más agradable, que me hacen sentir algo que merece la pena, que me inspiran… Y he aprendido que rodearme de ellas es una eficaz forma de supervivencia.

Una carta de amor

«El que vive tan enamorado como yo no sirve para nada, pues en mí experimento que solamente soy activo y cuidadoso en lo que puede ser para el servicio tuyo, y en todo lo demás estoy violento y fuera del centro mío y oy estoy pagando quanta chanza hasía de los que ciegos operaban y disculpando a quantos ay, si a sido amor quien les a obligado y oy entiendo los libros y las historias que antes leya con desprecio haziendo de todos mofa. Paris hurtó a Elena y fue este amor la destrucción y ruina de todo un ymperio. Aquiles, el príncipe más valiente, se vistió de mujer para gozar a Deidamia. Hércules hisso por dar gusto a una dama. Los amor (sic) de Dido y Eneas fueron la desolación de todo su reyno; y son tantos los que las historias quentan que an perdido sus monarquías por enamorados y tantos los que su vida y tantos los que su honra, que no ay papel para numerarlos; y todos, mi dueña, an sido los primeros príncipes y los más discretos sin que en esta locura tan gloriosa ayga un tonto perdido porque, como les falta el entendimiento, no saben lo que vale una hermosura»
El otro día descubrí esta carta por casualidad, como suelen llegar a mí las cosas más bonitas… Me da pudor indagar en las vidas ajenas, pero a veces mi parte cotilla se impone. Solo diré que fue escrita en el siglo XVIII y que se consideraron unos amores “escandalosos”. Así al menos respeto el anonimato de sus protagonistas y me siento un poquito menos rata calabocera... Si alguien divulgara una carta mía de estas características me acordaría de toda su parentela… Pero el que investiga encuentra, y el que encuentra algo interesante siente la necesidad de compartirlo…
No deja de inquietarme el hecho de que cartas personales estén al alcance de todo el mundo. Entiendo que lo estén otro tipo de documentos (jurídicos, administrativos…), pero no estos. Ni si quiera tienes que ir a un archivo histórico para encontrarlos…
Ya casi nadie escribe cartas de amor… Y menos de este tipo. Hoy día recibir una misiva como esta me daría hasta risa, sin embargo enmarcándola en su contexto me parece preciosa. Hay cosas que solo se dicen por escrito, pues en voz alta sonarían ridículas. En otras épocas la comunicación epistolar era casi la única, especialmente en las relaciones clandestinas. Por eso alcanza unos niveles de romanticismo a los que no estamos acostumbrados...
Estas pasiones solo me las creo en los libros o en la películas, pero me cuesta verlas como algo real. Eso es lo que me impresiona de esta carta… Que mientras la leo me dejaría arrastrar por “locuras gloriosas” aunque perdiera la vida la vida y la honra…