martes, 22 de diciembre de 2009

Decisiones

Impresiona pensar hasta que punto las decisiones tomadas y omitidas nos han llevado a donde estamos... Me gustaría creer en eso del destino para sentir que no soy la única responsable de mis errores. Achacar un hecho a la suerte te exime en cierto modo, aunque por lo general tu implicación es mayor de lo que quieres admitir. El poder de intervención que tenemos en muchos aspectos debería ser un consuelo, pero también es una carga. La conciencia no perdona. El libre albedrío es lo que tiene…
No soy partidaria de darle demasiadas vueltas a lo que hice o dejé de hacer, pero llega un momento en el que me enfrento a las consecuencias de mis decisiones y me planteo si fueron las acertadas. De los errores se aprende, pero eso no impide que te pesen. No conviene fustigarse en exceso, es más operativo ser consecuente... Lo que pasa es que hay algunos con los que cuesta convivir…
No lamento las decisiones que tomé guiándome por los sentimientos, porque fueron las más auténticas. Cuando involucran a otra persona no puedes permitirte el lujo de ser deshonesta… Además, eso solo te conduciría a la infelicidad.
He tomado decisiones siendo consciente del precio que conllevaban, y sigo pagando el de algunas. Si me compensa, por muy absurda que parezca, sé que merecerá la pena. Al menos me sentiré fiel a mí misma, y eso siempre reconforta.
Hay momentos en los que recorro un camino que sé que me llevará al abismo, y aún así sigo avanzando. No es que no lo pueda evitar, es que no quiero. Solo yo conozco los motivos y para mí son válidos. Mientras sean más fuertes que el instinto de supervivencia no daré media vuelta.
Ya os dije que el frío me volvía introspectiva, no me lo tengáis en cuenta...

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