jueves, 31 de diciembre de 2009

Mis regalos de Navidad

Yo nunca he sido de Papa Noel, por lo tanto no hago ni recibo regalos en Nochebuena. Confieso que este año no inicié el día con el mejor ánimo. Empezó siendo gris, pero fue tornándose soleado metafóricamente hablando (meteorológicamente no cambió de color).
Como cada año, hubo un regalo que la fuerza de la costumbre me impide valorar en su justa medida: compartir la cena con mi gente, a mucha de la cual veo bastante menos de lo que me gustaría. Solo el hecho de reunirnos y brindar, sin que haya nada grave que lamentar, ya es un regalo en sí mismo. Hubo rutinas, recuerdos, reencuentros, deseos inconfesables, demasiadas burbujas…
Pero además tuve varios regalos que hicieron mi día y mi noche especial. Todos ellos fueron muestras de cariño, y aunque suene a topicazo las agradezco más que cualquier otra cosa. Hubo mensajes esperados e inesperados, cálidos como una taza de chocolate frente a la chimenea. Escuché más de una vez esas tres palabras que tanto gusta escuchar y a veces tanto cuesta decir.
Mi primer regalo especial fue un correo precioso. Esa constatación de que una persona (muy querida) “está ahí” que llegó en el momento justo me alegró la tarde.
El segundo fue un abrazo que casi me tira al suelo, y os aseguro que no soy fácil de tirar. Entrar en casa y que mi princesita se me abalanzara fue como tocar el cielo. Llevaba cuatro meses sin verla...
El tercer regalo fue una llamada desde México lindo. Además de manifestarme un sentimiento conocido y correspondido, me dijo que anhelaba leer un post mío… No pensaba escribirlo, pero aquí está. Porque ella merece esto y mucho más. Su detalle me llegó al Alma.
Encima hubo una de esas “coincidencias” que me hacen pensar en la telepatía y reafirman mi fe en la sincronicidad. Alguien con quien no cruzaba una palabra desde hacía semanas, me mandó un sms en el mismo instante en el que yo estaba escribiéndole uno.
Nunca he creído en los milagros de Navidad, pero ayer viví unos cuantos…

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