jueves, 3 de diciembre de 2009

Una carta de amor

«El que vive tan enamorado como yo no sirve para nada, pues en mí experimento que solamente soy activo y cuidadoso en lo que puede ser para el servicio tuyo, y en todo lo demás estoy violento y fuera del centro mío y oy estoy pagando quanta chanza hasía de los que ciegos operaban y disculpando a quantos ay, si a sido amor quien les a obligado y oy entiendo los libros y las historias que antes leya con desprecio haziendo de todos mofa. Paris hurtó a Elena y fue este amor la destrucción y ruina de todo un ymperio. Aquiles, el príncipe más valiente, se vistió de mujer para gozar a Deidamia. Hércules hisso por dar gusto a una dama. Los amor (sic) de Dido y Eneas fueron la desolación de todo su reyno; y son tantos los que las historias quentan que an perdido sus monarquías por enamorados y tantos los que su vida y tantos los que su honra, que no ay papel para numerarlos; y todos, mi dueña, an sido los primeros príncipes y los más discretos sin que en esta locura tan gloriosa ayga un tonto perdido porque, como les falta el entendimiento, no saben lo que vale una hermosura»
El otro día descubrí esta carta por casualidad, como suelen llegar a mí las cosas más bonitas… Me da pudor indagar en las vidas ajenas, pero a veces mi parte cotilla se impone. Solo diré que fue escrita en el siglo XVIII y que se consideraron unos amores “escandalosos”. Así al menos respeto el anonimato de sus protagonistas y me siento un poquito menos rata calabocera... Si alguien divulgara una carta mía de estas características me acordaría de toda su parentela… Pero el que investiga encuentra, y el que encuentra algo interesante siente la necesidad de compartirlo…
No deja de inquietarme el hecho de que cartas personales estén al alcance de todo el mundo. Entiendo que lo estén otro tipo de documentos (jurídicos, administrativos…), pero no estos. Ni si quiera tienes que ir a un archivo histórico para encontrarlos…
Ya casi nadie escribe cartas de amor… Y menos de este tipo. Hoy día recibir una misiva como esta me daría hasta risa, sin embargo enmarcándola en su contexto me parece preciosa. Hay cosas que solo se dicen por escrito, pues en voz alta sonarían ridículas. En otras épocas la comunicación epistolar era casi la única, especialmente en las relaciones clandestinas. Por eso alcanza unos niveles de romanticismo a los que no estamos acostumbrados...
Estas pasiones solo me las creo en los libros o en la películas, pero me cuesta verlas como algo real. Eso es lo que me impresiona de esta carta… Que mientras la leo me dejaría arrastrar por “locuras gloriosas” aunque perdiera la vida la vida y la honra…

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