viernes, 22 de enero de 2010

Días bonitos

Hay días que aunque empiecen como los demás, acaban siendo bonitos. De repente me llega una voz querida, una sonrisa, unas palabras cálidas… Leo algo que me llega al alma, recibo a nuevos amigos que pasan a acompañar a los viejos, o luce el sol después de semanas haciéndose de rogar… Y todo lo que ayer me parecía gris, me parece luminoso.
A veces, solo a veces, se conjugan varios de estos elementos, convirtiendo un día cualquiera en un día bonito. Cuando empiezo a sentirlo, parece que irradio algo especial que sigue atrayendo cosas buenas. Se me debe notar en la cara, porque alguien me dice que tengo el guapo subido. Y aunque sepa que media el cariño, contribuye a animarme. O me regalan un sobre con un papelito en el que pone: “Vale por un deseo”, y me atrevo a formularlo en voz baja. Me abstraigo de mi escepticismo, porque ese día todo parece posible…
En realidad son pocos detalles los que distinguen un día bonito de uno anodino. Eso es lo más desconcertante… Da vértigo pensar que depende más de causas ajenas que propias, al menos hasta que salta la chispa detonante.
Los días bonitos sacan lo mejor de mí. Estoy más simpática, más inspirada. Las musas perciben mi estado anímico y me hacen el honor de visitarme para aprovechar esa energía positiva. Me encuentro más activa, e incluso decido meterle mano a eso que había aparcado porque no me motivaba. La rutina es más llevadera, lo que por lo general es una carga deja de serlo. Valoro más lo que tengo, reparo en detalles que me suelen pasar desapercibidos. Lo que solo un día antes me preocupaba, ya no me parece tan grave. Lo veo todo bajo otro prisma. Hasta tengo sueños bonitos…
Son esos días en los que no me siento en el filo de la navaja. En los que parece que el corazón late más deprisa… Suelen llegar cuando más los necesito, y eso multiplica su valor. Son como una bocanada de aire fresco que me carga las pilas. Su efecto dura más de veinticuatro horas, como la estela de un buen perfume.
Pienso que ojalá fueran así todos, pero sé que eso sería mucho pedir. Esos días bonitos son tan bonitos, que ni siquiera la certeza de que el siguiente tardará en llegar puede amargármelos.

Escapatorias

“El ansia de encontrar una alternativa, y el rechazo total a llevar una vida sin felicidad”.
Aunque poca gente la conoce, para mí es una de las mejores películas de los últimos años. Y eso que cada vez voy menos al cine, porque casi ninguna me tienta. Me refiero a “Little children”, que no sé por qué titularon aquí “Juegos secretos”.
Habla de relaciones humanas, de pasiones ocultas. Más concretamente, de soledad, de incomprensión, de frustraciones, de esa apatía que tan bien entiendo. Sus protagonistas se sienten tan fuera de lugar en el mundo que les rodea, que cualquier cosa que los haga sentir vivos parece lícita.
Para Brad y Sarah encontrarse es una forma de supervivencia. Es inevitable que empaticen, y que esa empatía derive en una aventura. “Como si se hiciera realidad un deseo que no recordaba haber formulado”. Cuando ves que el marido de ella está obsesionado por una estrella del porno, y la mujer de él vive para su trabajo, te das cuenta de que tienen derecho a buscar un atisbo de felicidad. “Como si su mundo se abriera de repente para revelarle nuevas y excitantes posibilidades”.
Me trasmite la misma sensación de claustrofobia que “American Beauty” o “Revolutionary Road”, y no me cuesta identificarme con esos personajes atrapados en una realidad que les oprime, que no es la que esperaban.
Las madres de mente cuadriculada y el comité de padres preocupados por el pervertido que siembran la psicosis en ese barrio que parece Wisteria Lane encarnan la intransigencia.
Ese chico “demasiado dispuesto a abrir su corazón a la mínima oportunidad” quita el sentido… No debe ser fácil para un hombre ser mantenido por su mujer.
El refugio lleno de libros de Sarah, en el que ni siquiera su hija es bien recibida, es como un bunker para abstraerse y soñar con una vida distinta.
Me da pena del pervertido, de como los vecinos le niegan la posibilidad de regenerarse. Y de su madre, que lo protege con uñas y dientes de ese entorno hostil.
El club de lectura me recuerda al nuestro, aunque lo integren marujas aburridas de estricta moral. Las interpretaciones que hacen de “Madame Bovary” dejan al descubierto su personalidad.
Me encanta esa lucidez que los salva de la resignación: “Por primera vez en mi vida tengo la sensación de que todo es posible. Puedo hacer lo que sea”. La crítica al conservadurismo y la hipocresía de la sociedad americana. Y el mensaje de que nadie tiene poder para emitir juicios morales.
Estas realidades “ajenas” no son habituales, pero… ¿quién no convive con aspectos de los que le gustaría escapar? Aunque el entorno no sea tan asfixiante, raramente gozamos de la libertad de hacer aquello en lo que creemos. Estamos sometidos a una serie de pautas que nos condicionan. Nos vemos inmersos en tendencias que se convierten en rutinas, de las que cada vez es más difícil salir. ¿No aspiramos todos a algo mejor? Solo que a veces no nos atrevemos a admitirlo, y mucho menos a rebelarnos… Por eso creo necesario aferrarse a estímulos que nos recuerden que a pesar de las circunstancias, sigue habiendo un espacio para suspirar, para sentir, para soñar. Esa es la única escapatoria...

Brennan y Hemingway

Aunque me deje un regusto amargo, no me sorprende el desencuentro entre Gerald Brenan y Ernest Hemingway. Entiendo que dos personalidades tan distintas chocaran. Especialmente teniendo en cuenta el prestigio del que ambos gozaban en España cuando sus vidas se cruzaron.
Don Geraldo huyó de la estricta sociedad victoriana para refugiarse en el ambiente rural de la Alpujarra granadina. Está considerado el primer hispanista. Ya indagó en la idiosincrasia de la tierra de la malafollá antes de que Ian Gibson se interesara por la vida y milagros de mi paisano Lorca. Brenan lo conoció personalmente y lo admiraba profundamente. De hecho fue el primero en tirar de la manta y tratar de esclarecer su asesinato. Su libro “La faz de España” estuvo vetado durante el franquismo. Gibson recogió el testigo, y ahora la presunta tumba de Lorca vuelve a estar de actualidad.
A don Ernesto, las razones que lo trajeron a nuestro país fueron otras. También se declaraba seguidor de Lorca e igualmente se interesó por nuestras tradiciones, convirtiéndose en un excelente difusor de la cultura española.
Ni los americanos ni los ingleses suelen integrarse demasiado bien cuando se instalan en un país extranjero. Debe ser la conciencia de superioridad anglosajona… Sin embargo a ambos se les puede considerar excepciones en este sentido. Antes de Brenan, la imagen de España en el mundo era la que habían dado los viajeros románticos del XIX como Washington Irving o Próspero Merimée. Además de ejercer de historiador, escribió las biografías de místicos españoles del siglo XVI. Hemingway ensalzó las facetas más lúdicas de la cultura española, sin pasar por alto la Guerra Civil. Les debemos mucho a estos forasteros hispanófilos…
Me cuesta creer que se vieran como competidores, porque me parecen demasiado inteligentes para eso. Creo que más bien se inspiraban el típico rechazo entre dos figuras relevantes que no tienen mucho que ver y coinciden en el mismo escenario.
Hemingway era extrovertido y vividor, mientras que Brenan poseía un talante más reservado y tranquilo. Se admiraban mutuamente y tenían rasgos en común, pero no congeniaron. Se han documentado dos encuentros entre ellos. El primero se produjo en una finca malagueña, el verano de 1959.
A los caracteres antagónicos les cuesta entenderse. El feeling no se puede forzar, y tiene más que ver con una simpatía mutua instintiva que con otras similitudes. A Brenan el temperamento de Hemingway le recordó al de su padre. Según dijo, cuando él estaba en una habitación era como si faltara aire para los demás. Y al parecer Hemingway se sentía intimidado por todo escritor al que respetara. Mientras el inglés trataba de desviar la conversación hacia la literatura, el americano solo quería hablar de toros y mujeres. Podría ser simple incompatibilidad, enfatizada por la tradicional rivalidad entre ingleses y americanos. Y el hecho de que sus conceptos de España diferían…
Cada uno somos de nuestro padre y de nuestra madre, pero a veces estamos condenados a entendernos. A pesar de estar unidos por ciertos patrones intrínsecos a la raza humana, hay formas de ser tan dispares que dificultan un trato que trascienda lo superficial. A veces, nada más conocer a alguien percibes la falta de sintonía. No tiene por qué caerte mal, pero sientes que algo falla, y en la mayoría de los casos no tiene solución. Sobretodo cuando el rechazo es mutuo. Si el carisma entra en juego, la cosa se complica. Y ni siquiera los genios están a salvo…

El paraíso a la vuelta de la esquina

- ¿No estás hasta el mismísimo de venir aquí a currar cada día?
- No empieces, Puri… Mira que hoy no tengo el cuerpo pa tontunas…
- Ha llegado el momento…
- Pesadita eres…
- Y tú que rancia…
- Pero no padezco un trastorno obsesivo-compulsivo…
- ¿No quieres ser rica?
- ¿Quien me va a hacer rica, tú?
- Lo tengo todo pensado –dijo llevándose el dedo índice a la sien.
- En mala hora se me ocurrió regalarte “Ocean eleven”…
- Mira el plano. ¿Has visto una logística más perfecta?
- Quita ese papelajo mugriento de mi vista, anda…
- ¿Para qué nos sirve a ti y a mí conocer el código de la caja fuerte?
- ¿Para hacer nuestro trabajo y seguir cobrando a fin de mes?
- Tenemos que intentarlo…
- Los experimentos con gaseosa…
- El que no arriesga no gana…
- ¿Quieres acabar en el trullo?
- Quiero acabar debajo de una palmera, con un mojito en la mano.
- Y un mulato entre las piernas…
- Con los ojos azules, como el de “Habana blues”…
- Y parecía tonta cuando la compramos...
- Ya lo vas pillando…
- Eres una enferma mental… Háztelo mirar…
- Se acabaron las miserias. A partir de ahora viviremos como reinonas… Nuestra mayor preocupación será si conducimos el porche o el ferrari…
- Más bien si queremos salir al patio o quedarnos en la celda…
- No le tendremos que ver más el careto al cabrón del jefe… Ni volverá a tocarnos el culo…
- ¿Y cuando es el gran golpe, Dionisia?
- Solo tengo que pulir unos detalles… El sábado me compré unas gafas de visión nocturna en Coronel Tapioca…
- Pero mira que eres cutre… Eso sí que siento perdérmelo…
- Pues me quedan de muerte…
- Me lo imagino… Hay sensores por todas partes, te pillarían en menos que se santigua un cura loco…
- Voy a entrar por los conductos del aire acondicionado, reptando como una serpiente…
- Te vas a quedar atascada, so ceporra…
- Tú ríete, pero no te voy a mandar ni una postal. Que lo sepas…
En ese momento entró el director del banco.
- Purificación, venga a mi despacho, por favor. Y antes apague el intercomunicador…

jueves, 14 de enero de 2010

Fragacias y talentos

La otra noche estuve viendo la adaptación cinematográfica de “El perfume”, uno de mis libros favoritos. Y me hizo pensar en esa frase de Truman Capote incluida en el prefacio de “Música para camaleones”: Cuando Dios le da a uno un don, también le da un látigo. Y ese látigo es solo para autoflagelarse. Confieso que no lo he leído, que conozco la cita por “Todo sobre mi madre”. Ains lo que aprendo contigo, Almo…
El libro me fascinó desde la primera vez que lo leí. La peli no alcanza su nivel, pero capta su esencia y reproduce algunas de sus frases magistrales:
Su genio y su única ambición se limitaban a un terreno que no deja huellas en la historia: el efímero mundo de los olores…
Tengo la sensación de que a pesar de ser un monstruo, Süskind justifica a Grenouille. Su don lo salva, aunque le cueste la vida. No puedes dejar de admirar la capacidad de reproducir un perfume con olerlo una sola vez, o la codicia que lo convierte en un asesino.
Grenouille vio con claridad que su vida ya no tenía sentido sin la posesión de esa fragancia.
Su creatividad, su instinto de supervivencia, la certeza de estar llamado a un destino superior que el resto de los mortales…
Debía enseñar al mundo no solo que existía, que era alguien, sino que era excepcional.
El ansia de superar al gran perfumista Baldini, “el mejor olfato de París”, hace de él un héroe sui generis. Es un neófito, sin oficio y sin experiencia, primario, inculto… pero su don parece suplir todas sus carencias. Hasta su ausencia de escrúpulos.
Tenía que aprender a preservar la fragancia para no perder una belleza tan sublime.
No creo que este caso el fin justifique los medios, pero no negaré que perseguir la belleza me parece un noble propósito.
Eran virtuosismos del arte de la perfumería, pequeños y maravillosos divertimentos que nadie más que él podía apreciar o tan siquiera percibir.
El que nace con un talento especial es distinguido del resto y se ve obligado a explotarlo. Es alguien fuera de lo común, como un niño prodigio (miedito me dan&hellip Genera expectación, se siente diferente. A Grenouille, ese don olfativo le confiere poder.
Quería ser el Dios omnipotente del perfume como lo había sido en sus fantasías.
Pero la ambición se vuelve contra él. Tal vez, porque es incapaz de amar…
Cuanto más los aborrecía en este instante, tanto más le idolatraban ellos, porque lo único que percibían en él era su aura usurpada, su máscara fragante, su perfume robado, que de hecho servía para inspirar adoración.
No creo que tener un don sea negativo (a mí me encantaría tener el de la palabra, por ejemplo), sino que hay que saber hacer buen uso de él. Y por supuesto, tener ese látigo cerca para que nos recuerde que no somos mejores que el resto…
Porque no es necesario tener un don para ser especial. Hay quien no tiene un don, pero sí cientos de encantos… Las personas más especiales son las menos conscientes de que lo son.

De parte de Elora

Este el primer post por encargo que escribo, y lo hago con mucho gusto. Quiero trasmitiros el sentimiento de nuestra querida Elo, que no se encuentra en condiciones de hacerlo ella misma.
Desde hace meses arrastra unas molestias en los ojos que últimamente se le han agravado. Padece una dolorosa infección y está a la espera de operarse. Aunque me ha autorizado a ser todo lo explícita que quiera, creo que no es necesario entrar en detalles para que comprendáis su malestar. No ve bien, y está atiborrada de antibióticos que le están sentando como un tiro. Así que de momento no se encuentra con fuerzas para aparecer por aquí.
Me ha pedido que os diga que os echa mucho de menos y se muere de ganas de volver. No quiere que nadie piense que nos ha abandonado, o que la historia de "La maldición" que tan enganchados nos tiene quedará sin final... Os manda muchos besos a todos y los mejores deseos para el año nuevo.
Yo por mi parte le mando un abrazo enorme y espero que se mejore cuanto antes… Los que tenemos la suerte de conocer a la persona además de a la escritora sabemos lo mucho que vale…
¡Vuelve pronto, Elo! ¡Te queremos!

Agua pasada

La librería estaba de bote en bote. Culpa mía, por dejar los regalos para el último momento… Todos los años me acababa pillando el toro. En esta ocasión no disfrutaría del placer de rebuscar sin prisa por las estanterías. Las aglomeraciones me ponían nerviosa, sobretodo en espacios cerrados. Además, andaba cortita de paciencia.
Como buscaba un libro poco común, le pedí ayuda a uno de los dependientes para acabar cuanto antes. El chico me acompañó amablemente a donde se suponía que debía estar.
- Según el ordenador queda uno, pero ha debido venderse… -me dijo con expresión de disculpa.
Me encaminé resignada hacia la salida. La visión de un rostro conocido me hizo detenerme. Hacía cola para pagar. Aunque habían pasado varios años, lo reconocí sin dificultad. Parecía más alto, más corpulento. Llevaba el pelo más corto de lo que recordaba y barba de tres días, pero era él. Durante un tiempo había sido el novio de la que por ese entonces era mi mejor amiga. Eso lo convertía en prohibido para mí, así que jamás había expresado lo que me inspiraba. No solo era cuestión de ética, sino que me negaba a conformarme con las sobras de nadie. Además, tampoco había percibido ninguna atracción por su parte… Encontrar a alguien en el momento equivocado era peor que no encontrarlo.
La vida volvía a ponerlo en mi camino demasiado tarde. No sabía nada de los labios que había besado, de los secretos compartidos, de los sueños acariciados… Era tan ajeno para mí como yo para él.
Llevaba un libro en las manos. El corazón me pegó un brinco cuando descubrí que era justo el que yo buscaba… Creía en las señales, pero aquello no era más que una perversa casualidad.
Justo antes de emprender la retirada, sus ojos castaños me sonrieron. Joder, me había reconocido. Ahora no tendría más remedio que saludarlo. No estaba preparada para ese encuentro, no sabía como reaccionar.
- ¿Nos conocemos? –me preguntó. Me miraba como no me había mirado antes. En otras circunstancias eso habría sido una reparación.
- No –mentí. Odio hacerlo, pero me molestó que no me recordara. ¿Tanto había cambiado? Más bien, nunca se había fijado en mí…
- Tengo la sensación de haberte visto antes…
- Puede. Esta ciudad es un pañuelo…
Le dirigí una media sonrisa y un gesto de despedida. Ese sentimiento que había sido solo mío debía seguir siéndolo. Y permanecer tan oculto como hasta entonces. Remover el pasado nunca traía nada bueno. Podíamos aprender a vivir con el, a desprendernos de los lastres emocionales, pero las frustraciones permanecían impresas en el alma con tinta indeleble.
- ¿Te vas con las manos vacías?
- Buscaba un libro, pero no lo tienen.
- ¿Qué libro?
- Da igual…
Mis ojos contradijeron mis palabras, porque se clavaron en sus manos, delatándome.
- ¿Este?
- Pues sí… -admití, como pillada en falta.
- Toma –dijo ofreciéndomelo.
- No, gracias… Tú has llegado antes, te corresponde.
Tenía la sensación de que me estaba haciendo un regalo, y aceptarlo me haría sentir en deuda.
- Te confieso que he dudado si comprarlo o no… Es para una chica que me temo que no lo va a disfrutar. A mí me encanta, pero creo que es error regalárselo. Y resulta que tú lo quieres... Quédatelo, de verdad. Nos harás un favor a ambos.
- Me sabe mal quitártelo…
- Y mí me pasa lo mismo… ¿Tienes prisa?
- No mucha –volví a mentir.
- Pues déjame invitarte a un café, y lo discutimos…
P.d. Esto es solamente ficción...

Paradojas

Ayer por la tarde nevó durante horas. A través de mi ventana contemplaba como todo se iba cubriendo de un manto blanco. Ya os he contado lo que hace el frío conmigo… Leía y escribía, anotando pensamientos. Llega un punto en el que solo lo que escribo me parece real. El resto se evapora, nunca lo expresaré en palabras. Tal vez sea mejor así…
La vida está llena de paradojas… Me sorprende que quien me incitó a leer, ahora apenas lea. Y no se puede imaginar el favor que me hizo. Hasta qué punto me descubrió un mundo nuevo, mucho mejor que el que conocía. Hay personas que no son conscientes de cuanto han hecho por los demás, y otras que prefieren no serlo. Pero eso no impide que los que nos vemos beneficiados nos sintamos eternamente en deuda.
Soy incrédula por naturaleza, y los consejos solo me sirven cuando los vivo en primera persona. Es inútil que alguien me asegure lo delicioso que es el plato si no me entra por los ojos. Una vez que rompo el hielo solo se trata de tirar del hilo. Cuando pruebo el veneno me vuelvo adicta a él. Y lo que me han dicho mil veces cobra sentido…
Asimilamos las pasiones como algo tan nuestro que nos parece que siempre ha estado ahí. No nos planteamos como y cuando llegaron a nosotros, que factores influyeron, cual fue el proceso de asimilación. Ya no recordamos cómo era vivir sin ellas.
Si rebobino mentalmente puedo identificar la cadena de acontecimientos que me han llevado a donde estoy. A partir de un detonante, entré en la dinámica que condicionó mi camino. Mi mejor amiga me diría que con la energía que proyectamos atraemos o repelemos una serie de cosas. Yo no entiendo de energías, pero sí creo en la predisposición. Cuando algo consigue captar tu interés, marca una dirección hacia la que te vas moviendo de una forma u otra.
Es curioso como una acción puede tener consecuencias tan determinantes. Me da vértigo pensar lo diferente que sería mi vida. Por lo pronto no escribiría aquí, ni probablemente en otra parte. Hay toda una historia detrás… Un libro me llevó a otro. A una biblioteca, y a una librería. Y cientos de lecturas, a pensar que yo también podía escribir… Cuando te mueves en ciertos círculos conectas con personas afines, y las afinidades derivan en amistades que pueden llenar tu día a día más que ninguna otra cosa.
En este ambiente los libros llegan a mí como nunca antes. Hago descubrimientos, intercambio impresiones, recibo una inspiración que no tiene precio. Lo mejor son las vivencias que me generan la ansiedad de sumergirme en ellos. Y sé que no es necesario personalizar ni dar fe de esa luz que ilumina aún sin proponérselo…
Suspiro, río, sueño… y aprendo que hay muchas realidades aparte de la mía, que los sentimientos son universales, que cuanto más conozco más me falta por conocer. Descubro ventanas por las que escapar, espejos en los que mirarme. Me siento privilegiada por disfrutar tanto de algo que otros se pierden. Se me eriza la piel, se me acelera el pulso… Formulo deseos, viajo, amo, vivo otras vidas…
Por todo eso, siempre le estaré agradecida a la incitadora. Y cuando le hago un regalo suele ser un libro, aunque sepa que tardará en leerlo. El último no es casual, brilla con luz propia. No se merece menos...

martes, 5 de enero de 2010

Carta a sus Majestades

Queridos Reyes Magos,
No sé si he sido una niña buena, eso deberían decirlo los demás. Para ser completamente honesta, creo que he tenido mis más y mis menos. Pero es que esto de pedir por el morro es una tentación demasiado tentadora como para no caer en ella…
Podría pedir paz, amor y felicidad para todos, aunque sería una demagogia barata. Además, seguro que eso ya lo han pedido otros niños más generosos que yo. Para que vamos a repetirnos, vaya que luego tanto buen rollo nos vuelva idiotas…
De juguetes voy servida este año. Últimamente los regalos materiales no me entusiasman tanto como antes, cuando necesitaba ahorrar para comprarme algo.
Lo de salud, trabajo y amor es demasiado tópico. Con los brindis navideños al menos la salud debería estar asegurada… Digo yo.
Sin pretender ser agoniosa, os voy a pedir varias cosillas y vosotros ya veréis lo que hacéis. Sin compromiso, oye…
La primera es que las personas a las que quiero estén bien. Esta petición no es tan altruista como puede parecer, porque me beneficio de rebote…
Como me he dado cuenta de la posición tan importante que ocupan los afectos en mi vida (algo bueno tenía que tener eso que llaman madurez), os pido sentirlos cerquita. Eso es lo que me hace sonreír cada día… Como veis, el trasfondo de esta también es egoistilla.
Otra de mis peticiones es que las circunstancias no me obliguen a abandonar el camino que escogí hace tiempo. Espero que no llegue demasiado tarde… Por si acaso, enviaré la carta por mensajería. Que me han dicho que allí en Oriente está ahora la cosa movidita.
Entre mis sueños confesables hay uno especial, que tiene que ver con lo que hago aquí…
Sobre mi cabeza planea la sombra de una ausencia que me aniquilaría… Si pudierais hacer algo para evitarla, os quedaría eternamente agradecida.
Y que mi estrella no deje de iluminarme. Ni la vuestra a vosotros tampoco, claro… Por la cuenta que me trae…
Perdonad que os hable un poco en clave, estoy segura de que me entenderéis. Para eso sois magos, ¿no?
Por último quiero pediros que nunca se pierda ilusión de esta noche. Que no haya un niño sin regalo…
Vale, sé que pido más que un cura, y que doy más guerra que un tonto… Pero contra el vicio de pedir está la virtud de no dar…
Os he dejado unas copitas de anís y unos mantecados. Por las molestias... Cuidadito con las pisadas de los camellos, que mi alfombra turca no ha vuelto a ser la misma. Y gracias de antemano por seguir haciendo de esta una noche especial...

La historia secreta de una novela

Desde que escribo por estas páginas, mis filias y fobias son de dominio público. No es ningún secreto que Arturito me inspira… Leí su artículo del sábado pasado con varios días de retraso, porque el ritmo festivo me tiene trastornada. Suscribo cada una de sus frases, aunque no habría podido expresarlo mejor…
Alguien dijo una vez -puede que fuera yo mismo- que acabar una novela se parece a convivir con una mujer a la que amaste mucho pero que ya te amarga la vida. Por eso estás deseando que se olvide de ti y haga felices a otros.
Los entresijos de una novela me apasionan. Vaya por delante que yo no hago literatura, sino un burdo intento sin expectativas. Aunque cada maestrillo tiene su librillo, en todo proceso creativo hay unas pautas comunes. Obviamente mi preparación no es ni por asomo la suya, pero ha sido genial constatar que seguimos procedimientos parecidos.
Ni siquiera el trabajo agotador de estructura formal y tecleo diario es tan decisivo como estas humildes servilletas o facturas garabateadas al dorso: súbitos relámpagos, intuición de personajes, atisbo de historias posibles o imposibles.
Es curioso como cualquier palabra o imagen puede convertirse en una idea. Una escena de una película, una actitud, una canción, o un pensamiento que acude a tu mente. Todo es utilizable si tiene significado para ti…
A veces se trata solo de una palabra o un nombre. Otras anotaciones son más complejas, con una reflexión o la descripción de un personaje o unas frases de diálogo.
Suelo llevar siempre encima papel y boli, pero en algunos casos esas iluminaciones llegan en los momentos más insospechados, obligándome a memorizarlas. De hecho las más decisivas me han asaltado caminando por la calle, en el trabajo o en un medio de transporte. He usado tickets, copias de recetas, y hasta mi mano en casos de emergencia. Una vez apuntadas buscan su propio lugar y pueden derivar en lo que menos imaginaba.
Certifican la soledad fértil de quien mira el mundo y lo cuenta proyectando en él los libros que ha leído, los odios, los afectos, los triunfos y fracasos ajenos y propios. La vida que posee y la muerte que lo aguarda.
Esas referencias emocionales son el verdadero sustrato de una historia. Lo que vemos, lo que oímos, lo que soñamos, lo que amamos y lo que odiamos. Nuestro perfil suele quedar plasmado aún de forma inconsciente. De esa certeza procede gran parte de mi pudor a compartir lo escrito. A veces, releyendo, descubro que hay anécdotas reales camufladas, deseos y temores propios, sentimientos que afloran en cuanto dejo de ofrecer resistencia. Alucino al darme cuenta de que un personaje que aparentemente no se parece a mí, es en el fondo una radiografía mía. Ama, odia y sueña como yo…
Estoy de acuerdo con Vargas Llosa cuando dice una novela se escribe con obsesiones, no con convicciones. Entre otras cosas, convicciones tengo cada vez menos… Acostumbro más a expresar dudas e inquietudes. Esa humanidad de los personajes me ayuda a aceptar mejor la mía. Exorcizar las “nostalgias, culpas y rencores”, tratar de entenderme y entender el mundo en el que me ha tocado vivir…
Cualquiera podría psicoanalizarme leyendo una página (cosa que no me hace la menor gracia), pero nadie excepto yo sabe ni sabrá a ciencia cierta que hay detrás de cada párrafo. Las lecturas, imágenes y pensamientos que explican su presencia. Esa historia secreta me la reservo.

La vida sigue igual

De momento el nuevo año me trata como a una reina. Lo recibí en buena compañía y con una copa en la mano como casi todo el mundo. No soy de las que salgo de fiesta por norma, pero lo pasé genial y me sentó de escándalo. Yo que me río de las supersticiones caí en la tentación de llevar algo rojo. Ojalá fuera tan fácil propiciar la suerte… Lo cierto es que empezó con lo que yo considero (o quiero considerar) buenos presagios.
Me encantaría creer que este año se llevará todo lo malo y solo traerá cosas buenas, pero la experiencia me demuestra que no es así. La vida no cambia sustancialmente, seguimos siendo los mismos. Tal vez con alguna ilusión más, y seguramente con alguna menos.
La idea de hacer borrón y cuenta nueva sería reconfortante si no se quedara en una intención. En momentos así tendemos a hacernos preguntas, a pesar de que hay respuestas que preferiríamos no escuchar. Echar la vista atrás tiene sus riesgos. Pensar en los sueños que se quedaron sin cumplir le quita las ganas de soñar a cualquiera. El mecanismo ideal sería reparar tan solo en lo positivo, pero el filtro falla más que una escopetilla de feria.
Estoy segura de que el año recién estrenado tendrá momentos maravillosos. Sé que me esperan libros, viajes (ya tengo alguno en cartera), encuentros… Y no descarto que haya sorpresas agradables. Pero sería absurdo pensar que esa luz no será contrarrestada por alguna que otra sombra.
Los buenos propósitos duran lo que un suspiro. Solo sirven para autoconvencernos de que nos acercaremos a lo quisiéramos ser. Aún teniendo esa certeza, a veces necesitamos creer que ciertas realidades van a cambiar, que ciertos sueños aún son factibles…
Me niego a hacer balances, pero no puedo evitar plantearme el sentido de algunas cosas. No quiero perder más trenes, no quiero rendirme, no quiero dejar de ser quien soy. Sé que debo ir distanciándome de aquello que me hace daño, por duro que sea.
He aprendido a no pedir imposibles. Me conformo con seguir disfrutando de lo que me hace disfrutar. Ver bien a las personas a las que quiero y sentirlas cerca. Seguir creyendo que puedo contar historias…
Aunque el año nuevo no vaya a ser la panacea, me gustaría pensar que tendrá cosas bonitas. Al menos, las mismas que tuvo el anterior…