viernes, 22 de enero de 2010

Brennan y Hemingway

Aunque me deje un regusto amargo, no me sorprende el desencuentro entre Gerald Brenan y Ernest Hemingway. Entiendo que dos personalidades tan distintas chocaran. Especialmente teniendo en cuenta el prestigio del que ambos gozaban en España cuando sus vidas se cruzaron.
Don Geraldo huyó de la estricta sociedad victoriana para refugiarse en el ambiente rural de la Alpujarra granadina. Está considerado el primer hispanista. Ya indagó en la idiosincrasia de la tierra de la malafollá antes de que Ian Gibson se interesara por la vida y milagros de mi paisano Lorca. Brenan lo conoció personalmente y lo admiraba profundamente. De hecho fue el primero en tirar de la manta y tratar de esclarecer su asesinato. Su libro “La faz de España” estuvo vetado durante el franquismo. Gibson recogió el testigo, y ahora la presunta tumba de Lorca vuelve a estar de actualidad.
A don Ernesto, las razones que lo trajeron a nuestro país fueron otras. También se declaraba seguidor de Lorca e igualmente se interesó por nuestras tradiciones, convirtiéndose en un excelente difusor de la cultura española.
Ni los americanos ni los ingleses suelen integrarse demasiado bien cuando se instalan en un país extranjero. Debe ser la conciencia de superioridad anglosajona… Sin embargo a ambos se les puede considerar excepciones en este sentido. Antes de Brenan, la imagen de España en el mundo era la que habían dado los viajeros románticos del XIX como Washington Irving o Próspero Merimée. Además de ejercer de historiador, escribió las biografías de místicos españoles del siglo XVI. Hemingway ensalzó las facetas más lúdicas de la cultura española, sin pasar por alto la Guerra Civil. Les debemos mucho a estos forasteros hispanófilos…
Me cuesta creer que se vieran como competidores, porque me parecen demasiado inteligentes para eso. Creo que más bien se inspiraban el típico rechazo entre dos figuras relevantes que no tienen mucho que ver y coinciden en el mismo escenario.
Hemingway era extrovertido y vividor, mientras que Brenan poseía un talante más reservado y tranquilo. Se admiraban mutuamente y tenían rasgos en común, pero no congeniaron. Se han documentado dos encuentros entre ellos. El primero se produjo en una finca malagueña, el verano de 1959.
A los caracteres antagónicos les cuesta entenderse. El feeling no se puede forzar, y tiene más que ver con una simpatía mutua instintiva que con otras similitudes. A Brenan el temperamento de Hemingway le recordó al de su padre. Según dijo, cuando él estaba en una habitación era como si faltara aire para los demás. Y al parecer Hemingway se sentía intimidado por todo escritor al que respetara. Mientras el inglés trataba de desviar la conversación hacia la literatura, el americano solo quería hablar de toros y mujeres. Podría ser simple incompatibilidad, enfatizada por la tradicional rivalidad entre ingleses y americanos. Y el hecho de que sus conceptos de España diferían…
Cada uno somos de nuestro padre y de nuestra madre, pero a veces estamos condenados a entendernos. A pesar de estar unidos por ciertos patrones intrínsecos a la raza humana, hay formas de ser tan dispares que dificultan un trato que trascienda lo superficial. A veces, nada más conocer a alguien percibes la falta de sintonía. No tiene por qué caerte mal, pero sientes que algo falla, y en la mayoría de los casos no tiene solución. Sobretodo cuando el rechazo es mutuo. Si el carisma entra en juego, la cosa se complica. Y ni siquiera los genios están a salvo…

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