viernes, 22 de enero de 2010

Escapatorias

“El ansia de encontrar una alternativa, y el rechazo total a llevar una vida sin felicidad”.
Aunque poca gente la conoce, para mí es una de las mejores películas de los últimos años. Y eso que cada vez voy menos al cine, porque casi ninguna me tienta. Me refiero a “Little children”, que no sé por qué titularon aquí “Juegos secretos”.
Habla de relaciones humanas, de pasiones ocultas. Más concretamente, de soledad, de incomprensión, de frustraciones, de esa apatía que tan bien entiendo. Sus protagonistas se sienten tan fuera de lugar en el mundo que les rodea, que cualquier cosa que los haga sentir vivos parece lícita.
Para Brad y Sarah encontrarse es una forma de supervivencia. Es inevitable que empaticen, y que esa empatía derive en una aventura. “Como si se hiciera realidad un deseo que no recordaba haber formulado”. Cuando ves que el marido de ella está obsesionado por una estrella del porno, y la mujer de él vive para su trabajo, te das cuenta de que tienen derecho a buscar un atisbo de felicidad. “Como si su mundo se abriera de repente para revelarle nuevas y excitantes posibilidades”.
Me trasmite la misma sensación de claustrofobia que “American Beauty” o “Revolutionary Road”, y no me cuesta identificarme con esos personajes atrapados en una realidad que les oprime, que no es la que esperaban.
Las madres de mente cuadriculada y el comité de padres preocupados por el pervertido que siembran la psicosis en ese barrio que parece Wisteria Lane encarnan la intransigencia.
Ese chico “demasiado dispuesto a abrir su corazón a la mínima oportunidad” quita el sentido… No debe ser fácil para un hombre ser mantenido por su mujer.
El refugio lleno de libros de Sarah, en el que ni siquiera su hija es bien recibida, es como un bunker para abstraerse y soñar con una vida distinta.
Me da pena del pervertido, de como los vecinos le niegan la posibilidad de regenerarse. Y de su madre, que lo protege con uñas y dientes de ese entorno hostil.
El club de lectura me recuerda al nuestro, aunque lo integren marujas aburridas de estricta moral. Las interpretaciones que hacen de “Madame Bovary” dejan al descubierto su personalidad.
Me encanta esa lucidez que los salva de la resignación: “Por primera vez en mi vida tengo la sensación de que todo es posible. Puedo hacer lo que sea”. La crítica al conservadurismo y la hipocresía de la sociedad americana. Y el mensaje de que nadie tiene poder para emitir juicios morales.
Estas realidades “ajenas” no son habituales, pero… ¿quién no convive con aspectos de los que le gustaría escapar? Aunque el entorno no sea tan asfixiante, raramente gozamos de la libertad de hacer aquello en lo que creemos. Estamos sometidos a una serie de pautas que nos condicionan. Nos vemos inmersos en tendencias que se convierten en rutinas, de las que cada vez es más difícil salir. ¿No aspiramos todos a algo mejor? Solo que a veces no nos atrevemos a admitirlo, y mucho menos a rebelarnos… Por eso creo necesario aferrarse a estímulos que nos recuerden que a pesar de las circunstancias, sigue habiendo un espacio para suspirar, para sentir, para soñar. Esa es la única escapatoria...

No hay comentarios:

Publicar un comentario