jueves, 14 de enero de 2010

Fragacias y talentos

La otra noche estuve viendo la adaptación cinematográfica de “El perfume”, uno de mis libros favoritos. Y me hizo pensar en esa frase de Truman Capote incluida en el prefacio de “Música para camaleones”: Cuando Dios le da a uno un don, también le da un látigo. Y ese látigo es solo para autoflagelarse. Confieso que no lo he leído, que conozco la cita por “Todo sobre mi madre”. Ains lo que aprendo contigo, Almo…
El libro me fascinó desde la primera vez que lo leí. La peli no alcanza su nivel, pero capta su esencia y reproduce algunas de sus frases magistrales:
Su genio y su única ambición se limitaban a un terreno que no deja huellas en la historia: el efímero mundo de los olores…
Tengo la sensación de que a pesar de ser un monstruo, Süskind justifica a Grenouille. Su don lo salva, aunque le cueste la vida. No puedes dejar de admirar la capacidad de reproducir un perfume con olerlo una sola vez, o la codicia que lo convierte en un asesino.
Grenouille vio con claridad que su vida ya no tenía sentido sin la posesión de esa fragancia.
Su creatividad, su instinto de supervivencia, la certeza de estar llamado a un destino superior que el resto de los mortales…
Debía enseñar al mundo no solo que existía, que era alguien, sino que era excepcional.
El ansia de superar al gran perfumista Baldini, “el mejor olfato de París”, hace de él un héroe sui generis. Es un neófito, sin oficio y sin experiencia, primario, inculto… pero su don parece suplir todas sus carencias. Hasta su ausencia de escrúpulos.
Tenía que aprender a preservar la fragancia para no perder una belleza tan sublime.
No creo que este caso el fin justifique los medios, pero no negaré que perseguir la belleza me parece un noble propósito.
Eran virtuosismos del arte de la perfumería, pequeños y maravillosos divertimentos que nadie más que él podía apreciar o tan siquiera percibir.
El que nace con un talento especial es distinguido del resto y se ve obligado a explotarlo. Es alguien fuera de lo común, como un niño prodigio (miedito me dan&hellip Genera expectación, se siente diferente. A Grenouille, ese don olfativo le confiere poder.
Quería ser el Dios omnipotente del perfume como lo había sido en sus fantasías.
Pero la ambición se vuelve contra él. Tal vez, porque es incapaz de amar…
Cuanto más los aborrecía en este instante, tanto más le idolatraban ellos, porque lo único que percibían en él era su aura usurpada, su máscara fragante, su perfume robado, que de hecho servía para inspirar adoración.
No creo que tener un don sea negativo (a mí me encantaría tener el de la palabra, por ejemplo), sino que hay que saber hacer buen uso de él. Y por supuesto, tener ese látigo cerca para que nos recuerde que no somos mejores que el resto…
Porque no es necesario tener un don para ser especial. Hay quien no tiene un don, pero sí cientos de encantos… Las personas más especiales son las menos conscientes de que lo son.

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