jueves, 14 de enero de 2010

Paradojas

Ayer por la tarde nevó durante horas. A través de mi ventana contemplaba como todo se iba cubriendo de un manto blanco. Ya os he contado lo que hace el frío conmigo… Leía y escribía, anotando pensamientos. Llega un punto en el que solo lo que escribo me parece real. El resto se evapora, nunca lo expresaré en palabras. Tal vez sea mejor así…
La vida está llena de paradojas… Me sorprende que quien me incitó a leer, ahora apenas lea. Y no se puede imaginar el favor que me hizo. Hasta qué punto me descubrió un mundo nuevo, mucho mejor que el que conocía. Hay personas que no son conscientes de cuanto han hecho por los demás, y otras que prefieren no serlo. Pero eso no impide que los que nos vemos beneficiados nos sintamos eternamente en deuda.
Soy incrédula por naturaleza, y los consejos solo me sirven cuando los vivo en primera persona. Es inútil que alguien me asegure lo delicioso que es el plato si no me entra por los ojos. Una vez que rompo el hielo solo se trata de tirar del hilo. Cuando pruebo el veneno me vuelvo adicta a él. Y lo que me han dicho mil veces cobra sentido…
Asimilamos las pasiones como algo tan nuestro que nos parece que siempre ha estado ahí. No nos planteamos como y cuando llegaron a nosotros, que factores influyeron, cual fue el proceso de asimilación. Ya no recordamos cómo era vivir sin ellas.
Si rebobino mentalmente puedo identificar la cadena de acontecimientos que me han llevado a donde estoy. A partir de un detonante, entré en la dinámica que condicionó mi camino. Mi mejor amiga me diría que con la energía que proyectamos atraemos o repelemos una serie de cosas. Yo no entiendo de energías, pero sí creo en la predisposición. Cuando algo consigue captar tu interés, marca una dirección hacia la que te vas moviendo de una forma u otra.
Es curioso como una acción puede tener consecuencias tan determinantes. Me da vértigo pensar lo diferente que sería mi vida. Por lo pronto no escribiría aquí, ni probablemente en otra parte. Hay toda una historia detrás… Un libro me llevó a otro. A una biblioteca, y a una librería. Y cientos de lecturas, a pensar que yo también podía escribir… Cuando te mueves en ciertos círculos conectas con personas afines, y las afinidades derivan en amistades que pueden llenar tu día a día más que ninguna otra cosa.
En este ambiente los libros llegan a mí como nunca antes. Hago descubrimientos, intercambio impresiones, recibo una inspiración que no tiene precio. Lo mejor son las vivencias que me generan la ansiedad de sumergirme en ellos. Y sé que no es necesario personalizar ni dar fe de esa luz que ilumina aún sin proponérselo…
Suspiro, río, sueño… y aprendo que hay muchas realidades aparte de la mía, que los sentimientos son universales, que cuanto más conozco más me falta por conocer. Descubro ventanas por las que escapar, espejos en los que mirarme. Me siento privilegiada por disfrutar tanto de algo que otros se pierden. Se me eriza la piel, se me acelera el pulso… Formulo deseos, viajo, amo, vivo otras vidas…
Por todo eso, siempre le estaré agradecida a la incitadora. Y cuando le hago un regalo suele ser un libro, aunque sepa que tardará en leerlo. El último no es casual, brilla con luz propia. No se merece menos...

1 comentario:

  1. Asusta pensar en la de mundos que todavía no hemos descubierto y que a saber dónde nos llevarían. Me ha gustado mucho esta entrada. :)

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