viernes, 19 de febrero de 2010

El talón de Aquiles

Para mí es un eufemismo, porque creo que todos tenemos más de uno. Claro, que no somos héroes de la antigüedad con la fuerza de un ciclón. Debilidades, puntos vulnerables… que cuando nos tocan nos hacen flaquear. Temas dolorosos que nos traen malos recuerdos o ponen de manifiesto carencias, frustraciones, inseguridades… Es precisamente esa parte nuestra que menos nos gusta y tratamos de ocultar de las miradas ajenas. Por eso cuando alguien mete el dedo en la llaga hace que nos sangre.
Además hay momentos, lugares, cosas o personas que sacralizamos y convertimos en intocables. Porque creemos que el sentimiento que nos inspiran nos confiere cierto derecho sobre ellos. No podemos evitar ese afán de exclusividad y posesión al pensar que para nadie significan lo mismo, que nadie los quiere del mismo modo. Y “que culpa tengo yo de quererte como te quiero”…
Desvelaré algunos de mis talones de Aquiles. Solo algunos… Uno es que desconfíen de mí. Que me consideren culpable de lo que no lo soy, o vean maldad donde no la hay. La duda ofende, porque es injusta…
Otro es la sensación de defraudar a la gente que me quiere. Porque es quien menos se lo merece, y porque detesto la ingratitud. Si ya es duro decepcionarse a una misma, aún lo es más decepcionar al que espera algo de ti.
Que un gesto de buena voluntad se me vuelva en contra. Algo que revelé, ese paso hacia delante que di, aquello que dije solo para agradar… y a veces te queda la sensación de que no te han sabido o querido entender, de que has causado un efecto que no pretendías.
Diría que todos los que escribimos somos vulnerables ante las críticas. No es que pensemos que merecemos solo elogios, sino que cuando compartimos algo tan personal y la respuesta no es la que esperamos, lamentamos haberlo hecho. A veces se juzga a la ligera, se pasa por alto algo tan elemental como la libertad del autor, o simplemente, lo que a ti te interesa no le tiene por qué interesar a todo el mundo. Pero existe algo llamado “tacto”, que para nada implica hipocresía.
Y mi última confesión, un tanto genérica: los sueños no cumplidos. Esas espinitas clavadas en el alma que te recuerdan que no pudiste, no fuiste capaz, o la fortuna no estuvo de tu parte. Algo fue superior a ti y te quedaste en el intento. Perdiste el tren… y a veces tú te lo perdonas pero los demás no. O al revés…
Estamos llenos de fragilidades, de contradicciones… Y constatar las ajenas nos ayuda a sentirnos mejor, sobretodo si coinciden con las nuestras. El que alguien conozca tus talones de Aquiles te beneficia si tiene buenas intenciones, pero son flechas envenenadas que pones al alcance de quien quiera destruirte.

1 comentario:

  1. "El que alguien conozca tus talones de Aquiles te beneficia si tiene buenas intenciones, pero son flechas envenenadas que pones al alcance de quien quiera destruirte." Pero que grande eres niña!!

    saludos

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