jueves, 11 de febrero de 2010

Manzanas envenenadas

Desde mi más tierna infancia fui consciente del peligro que podía entrañar una manzana, pues la primera película que vieron mis ojillos fue "Blancanieves y los siete enanitos". Además, tuve una baraja de cartas de este cuento que me regaló mi abuela para tenerme entretenida cuando iba a su casa y que no hiciera maldades (aún así las hacía). Al final del juego, como no podía ser de otra forma, quien se quedaba con la manzana perdía…
Ya sabemos lo que les pasó a Adán y a Eva por morder una manzana en el jardín del Edén. A partir de entonces han dado más de un quebradero de cabeza…
Aunque no soy precisamente frutariana, un día me disputé una manzana dorada con dos bellas diosas. Pero la equidad de cierto efebo zanjó el asunto salomónicamente antes de que su poder nos corrompiera. Atalanta perdió la carrera y acabó convertida en león, en cambio nosotras brindamos con el rumor de las olas de fondo.
A lo largo de mi vida me he encontrado con más de una manzana envenenada, de esas que darían una sidra amarga y letal. No pueden evitar estar emponzoñadas, es su naturaleza. Al igual que un escorpión mata sin querer, como nos enseñó Neil Jordan en “Juego de lágrimas”. Lo peor es que la muerdes aún conociendo sus efectos, porque tú tampoco puedes evitarlo.
Algunas te tientan con su aroma, con su color… El magnetismo es tan grande que sucumbes y te las llevas a la boca. Sientes como su veneno se desliza por tu garganta y te va quemando por dentro, paralizando tus miembros poco a poco. A veces te enajena, impidiéndote darte cuenta de certezas más dolorosas que el propio veneno. Certezas sobre el lugar que ocupas, sobre aspiraciones inútiles, sobre silencios elocuentes, sobre puertas cerradas…
Arturito dice que la bala que no oyes es la que te mata, pero yo añadiría que no son las únicas. Otras las oyes aproximarte y también te llevan por delante. La tentación es lo que tiene… Ya lo decía Wilde, la única forma de evitarla es caer en ella. Al fin y al cabo morir envenenada no es la peor de las muertes. Si no que se lo pregunten a Julieta…

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