jueves, 25 de febrero de 2010

Viajar en el tiempo

Me gusta la revista Mercurio, porque habla de libros y encima es gratis. Este mes incluye varios artículos sobre la novela histórica, uno de mis géneros literarios favoritos. En ella la Historia es más que un marco de ambientación, interacciona con la trama como si fuera otro personaje. Tiene un gran mérito, porque aunque dé rienda suelta a la ficción, requiere una fidelidad a los hechos que solo es posible con la documentación adecuada. Te sumerge en el pasado, ampliando tu visión. Y ya sabemos que el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla…
Grandes maestros como Dumas, Hugo, Stendhal, Tolstoi o Galdós demostraron una capacidad fabuladora portentosa sin perder el rigor histórico. Me parece una genialidad como hicieron convivir a personajes inventados con reales, sin perder un ápice de verosimilitud. Enmarcar una historia ficticia en una época concreta, avalada con sucesos y personas auténticos, le da una fuerza increíble.
Ahora está en auge, pero no es oro todo lo que reluce. Creo que hay demasiadas reliquias de la Iglesia, códice indescifrable y secreto apocalíptico. Se ha creado un subgénero que vulnera la esencia de la novela histórica. Algunas son intrigas bien urdidas, pero cualquier historiador se llevaría las manos a la cabeza al leerlas. Porque una cosa es novelar la Historia, y otra manipularla.
De las contemporáneas me quedaría sin duda con “El nombre de la rosa” de Umberto Eco. Adoro a Guillermo de Baskerville y su holmesiana capacidad deductora: “Mi querido Adso, durante todo el viaje he estado enseñándote a reconocer las huellas por las que el mundo nos habla como por medio de un gran libro”.
Me quito el sombrero con “El maestro de esgrima”, de Pérez-Reverte. Ese pobre Jaime Astarloa en las garras de la pérfida Adela de Otero en el convulso Madrid de mediados del XIX encarna los viejos valores en peligro de extinción…
Las “Aventuras del Capitán Alatriste” podrán gustar más o menos, pero nadie puede poner en duda el realismo con el que recrea las intrigas palaciegas, el léxico y la mentalidad del Siglo de Oro español.
Considero “Los pilares de la tierra”, por muy bestseller que sea, una gran novela histórica. Follett recreó increíblemente bien la atmósfera y la sociedad medieval, se ilustró a fondo sobre arquitectura gótica, e ingenió una trama que engancha de principio a fin.
También me parecieron estupendas “El último judío”, de Noah Gordon, “El faro de Alejandría” de Gillian Bradshaw, o “La vieja sirena” de José Luis Sampedro, sin olvidar las de Terenci.
Quizás la necesidad de evasión que buscamos en la literatura se ve satisfecha con más facilidad cuando nos sumergimos en ambientes totalmente ajenos al nuestro. Y viajar en la máquina del tiempo no es mala opción… Ya tengo preparado el equipaje para trasladarme al antiguo Egipto, junto a un médico llamado Sinhué.

No hay comentarios:

Publicar un comentario