sábado, 6 de marzo de 2010

Arte fugitivo

Esto es jauja… Ahora resulta que han incautado un sarcófago egipcio en Miami, vendido por un galerista español que tenía menos papeles que la cabra de un gitano. Antropomorfo y policromado, de la dinastía XXI para más señas. Las autoridades lo van a devolver a Egipto, claro… de donde no debería haber salido.
Yo es que alucino con los chanchullos del mundillo del arte. Hay un mercado negro que mueve millones, en el que la ambición y la falta de escrúpulos campan a sus anchas. Piezas milenarias de incalculable valor van y vienen como si tal cosa, pasando de un coleccionista a otro, atravesando fronteras, burlando aduanas… y yendo a parar al mejor postor.
Expertos de pacotilla que conducen a los incautos a malvender obras de arte de herencia familiar… Conocidas casas de subastas que tienen infiltrados para pujar por ellos y llevarse el botín por cuatro duros… Redes corruptas que permiten que el patrimonio artístico de un país acabe en manos privadas… Esto parece la cueva de Alí Babá…
Los traficantes de la belleza no entienden de ética, y muchos de ellos tampoco de arte. El que cualquier fulano con pasta pueda hacerse con un icono bizantino, poner un mosaico romano en su jardín o cubrir la sala de billar con un artesonado mudéjar me llena de espanto.
Me indigna incluso que ciertas obras estén en un museo, aunque eso asegure su conservación. El arte fue creado para ser disfrutado y todo el mundo tiene ese derecho, pero ciertas obras jamás deberían haberse sacado de su contexto original. Y cuando las veo no puedo evitar un sentimiento de culpabilidad, porque de alguna manera me estoy beneficiando del expolio.
Supongo que tenemos lo que nos merecemos. Cuando las leyes no protegen el arte, pasa lo que pasa. Dejamos que las iglesias románicas se vengan abajo, que el patrimonio artístico siga sin catalogar, que curas analfabetos arramblen con crucifijos de marfil y relicarios de oro, o que “entendidos” en la materia se lleven obras con el pretexto de restaurarlas y les den el cambiazo… Por amor al arte, claro está… Solo hay que guardarlas un tiempo y ya pueden circular alegremente por los circuitos clandestinos. Con un poco de suerte, nadie las echará en falta.

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