sábado, 6 de marzo de 2010

Compañeros de viaje

“Todas las pasiones personales, todo el egocentrismo agitado, todas las esperanzas mundanas, penas y miedos se disiparon y fueron absorbidos por la sólida percepción de lo presente, que exhalaba la pura esencia del romanticismo”.
El librito es diminuto, de esos que se leen en un suspiro… Llegó a mí de forma totalmente casual. Entré en el Corte Inglés para hacer tiempo, porque había quedado con una de las pocas personas que se permite (porque sabe que puede) hacerme esperar. Se le había complicado la cosa e iba a tardar más de lo previsto, así que no me quedaban muchas opciones.
Mis pasos me condujeron a la librería, a donde si no... Lo descubrí enseguida: “Compañeros de viaje” de Henry James. Me llamó la atención porque estaba solito, colocado horizontalmente sobre otros en vertical. Encima tenía un desperfecto, más motivo para querer adoptarlo… En la foto, la imagen de sepia de una góndola en el Gran Canal. Y una frase genial: “La única razón de ser de la novela es que intente representar la vida”. Leí la sinopsis y no hizo falta nada más…
James cuenta como un viajero norteamericano coincide en Venecia con una joven paisana por la que se siente poderosamente atraído. “A lo largo del tour los dos tienen ocasión de contemplar algunas obras maestras de los artistas italianos y de reflexionar acerca del arte y la vida”.
Me vino a la mente esa peli de Woody Allen (¿por qué me gustará a mí tanto relacionar cine y literatura?), “Todos dicen I love you”, en el que el neurótico más encantador memoriza un montón de datos sobre los pintores venecianos para deslumbrar al personaje de Julia Roberts…
Estaba cansadilla, así que me fui a la cafetería a sumergirme en los encantos venecianos. No me dio tiempo a leerlo entero, básicamente porque me echaron. Lo acabé a la mañana siguiente, sentada en una terraza bajo un sol excepcional.
“Consideraba que toda la inquietud de la imaginación, que el excitado sentido de la belleza, la pasión, la alegría y la tristeza engendrados por mis andanzas italianas se habían transformado repentinamente en una potente necesidad de expresión”.
Aunque no habría sido capaz de explicarlo con tanta sutileza, sé exactamente a qué se refiere. Por eso siempre viajo con un cuaderno…
“Sentí en mi corazón una inmensa oleada de lástima, de la lástima que va de la mano del amor. Bajo las órdenes de de estos sentimientos, elaboré precipitadamente y de manera imprecisa un magnífico plan de devoción y protección”.
El dolor que más nos duele es el de a quien más queremos, su sufrimiento nos inspira una lástima infinita. Yo diría que ese magnífico plan surge espontáneamente, sin necesidad de elaborarlo. En esos casos no elegimos ejercer la devoción y la protección… Son instintivas e irrefrenables, aún cuando no nos pagan con la misma moneda.
Me admira su dominio de la introspección psicológica. La maestría con la que analiza el comportamiento humano, mostrando entresijos mentales que me dejan pensando. Como por qué ciertas personas prefieren desvelar un sentimiento, mientras que otras prefieren reservárselo. Y las consecuencias de ambas actitudes...
"La gran emoción era sentirme entre escenarios en los que el arte se había introducido tan libremente".
Otra joyita que ha caído en mis manos sin buscarla… Parafraseando a Almo, ¿que he hecho yo para merecer esto?

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