sábado, 6 de marzo de 2010

Hammam

“Los hammam son lugares extraños, donde el vapor relaja las costumbres además de los cuerpos”.
Aunque un anticipo momentáneo de primavera había subido el termómetro a treinta grados, me apeteció un baño turco. Es una de esas películas que además de los sentidos me despiertan cientos de recuerdos. Desde la persona con la que la vi por primera vez, en un cine en el que puedes pedir una cerveza y hasta fumarte un cigarrillo durante la proyección, hasta ese Estambul mágico al que te transporta.
La música es tan envolvente como los vapores del hammam o el perfil de las mezquitas desde el Cuerno de Oro. Ozpetek consigue que te dejes seducir al mismo tiempo por Francesco (espectacular Alessandro Gassman) y por esa Turquía que también lo seduce a él.
Me encanta que se aloje en el hotel en el que Agatha Christie escribió “Asesinato en el Orient Express” y que beba raki como yo lo hice. No he conocido hombres más encantadores que los turcos. Quizás por eso no me sorprende tanto el devenir de los acontecimientos…
Al igual que Francesco constaté la hospitalidad turca, bebiendo elma çay (té de manzana) en cada tienda de alfombras que pisaba. Sé que forma parte del negocio, pero ya quisiéramos los españoles tener el arte, la paciencia y la amabilidad que tienen ellos para vender…
Los hammam son reminiscencias de una cultura en vías de extinción, de ese lujo asiático unido al sentido purificador que tiene el agua en el mundo árabe. “Tranquilizar la carne para poder tranquilizar el espíritu”. Las almas se abren, dejando fluir lo que guardan…
Me fascinan las cartas de la tía de Francesco, una italiana excéntrica que se instala en Estambul y regenta un hamman masculino. “Tengo que escribirte, porque es la única manera que tengo de sentirte cerca”. Hay momentos en los que necesitas escuchar ciertas voces, que ciertos oídos escuchen la tuya... Y cuando estás lejos de tus referencias, más que nunca.
“Me gustaría que tuviera la mirada limpia para reconocer los deseos, y los brazos fuertes para hacerlos realidad”. ¿Hay algo mejor a lo que aspirar?
“Esta es la vida que buscaba”. Y qué no daría cualquiera por encontrarla… “Porque se puede ser feliz en esta vida. Hay que serlo”.
Imposible no sucumbir ante el hechizo otomano… Resulta increíble como te puede enamorar un país… Como te puedes sentir en casa en un lugar que no es tuyo y adoptar como propias tradiciones ajenas… Como te puede cambiar los esquemas…
¿Pueden los posos del café vaticinar tu destino? Tal vez los del café turco, que no se remueve…
“A veces, al atardecer, me entra la melancolía. Pero luego, de pronto, se levanta un aire fresco que la aleja. Es un aire extraño, que no he sentido en ninguna otra parte. Una brisa ligera, que me quiere”.
Teþekkür ederim, Ozpetek.

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