jueves, 8 de abril de 2010

Trenes

La otra noche, viendo una película preciosa que se llama “Nueces para el amor”, me quedé pensando en los trenes que no cogemos, y hasta que punto eso condiciona nuestro recorrido.
La vida no siempre da segundas oportunidades. En muchas ocasiones nos dejamos llevar por la inercia, sin plantearnos alternativas. Nos limitamos a aceptar los hechos tal y como vienen, eludiendo decisiones que podrían complicarnos la existencia. Aunque nos guste descargar la conciencia echándole la culpa a las circunstancias, suele ser solo nuestra.
El miedo al fracaso paraliza y hace que prefiramos quedarnos con la duda de que habría pasado si… antes que dar un paso hacia delante. No es fácil luchar por ciertos sueños, porque el temor a perderlos invita a la cautela.
A veces el mayor impedimento es la conciencia de que no están a nuestro alcance. Son demasiado bonitos para ser ciertos… Quizás la felicidad que nos reportarían sea ficticia, tan solo una ilusión que hemos creado como mecanismo de supervivencia, sin base real. Para consolarnos pensamos que lo que tiene que ser será, y si no es, es porque no tenía que ser…
Me pregunto a dónde van los sueños que se quedan en el camino… Algunos se convierten en espinas, otros se olvidan, otros permanecen escondidos en algún reducto de nuestra alma a la espera de una segunda oportunidad.
Necesitamos soñar para sentirnos vivos, aspirar a algo mejor, huir de lo que nos parece vacío… Y acabamos renegando contra todo lo que nos corta las alas. El riesgo está en soñar demasiado , perder la perspectiva y de paso la fe en los sueños. Según una gran amiga, me va bien porque escucho a mi corazón. Lo cierto es que no siempre le hago caso, y que en algunos aspectos no me va tan bien.
Hay trenes que no lamento haber perdido, porque estoy convencida de que no me habrían llevado a ninguna parte. Los que me pesan son los que no cogí porque me faltó valor. Preferí no mirar detrás del espejo por si no me gustaba lo que había. Otros los dejé escapar porque vi que la puerta se estaba cerrando y temí que me aplastara… o porque alguien me disuadió desde su interior. También pasé de los que podían implicar un daño colateral. Y de esos que sé que no eran para mí, por mucho que deseara subir a ellos.
Quiero pensar que mientras no pierda la esperanza, seguirán pasando trenes. Y espero saber a cuales debo subir…

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