jueves, 8 de abril de 2010

Una biblioteca

Libros que a ti te cambian la vida, pueden pasar para otro sin pena ni gloria.
Hace ya muchos años, cuando descubrí lo que los libros significaban para mí, me poseyó la absurda obsesión de leer todos los genéricamente considerados “imprescindibles”. Aún estaba yo dominada por ese furor, cuando Arturito publicó un artículo en dos partes en el que recopilaba unos ciento cincuenta títulos esenciales para él. De los cuales yo apenas había leído nueve o diez…
Para mí era la Biblia, así que anoté los quince o veinte que más me interesaban, dispuesta a empezar por ahí. De ese modo leí “La Regenta”, “Las relaciones peligrosas”, “La cartuja de Parma”, “Lolita”, “El monje”, “La isla del tesoro”, “Frankenstein”… Casi todos ellos me fascinaron, pero no sé por qué, aparqué temporalmente la lista y empecé a improvisar.
Quedaron pendientes entre otros “El rojo y el negro”, “Crimen y castigo”, “Conversación en la catedral”, “Historia de dos ciudades”, “Anna Karenina”, “Pedro Páramo”, “Los miserables”, “París era una fiesta”, “El primo Basilio”, “El cuarteto de Alejandría”… muchos de los cuales leí años después, cuando llegó el detonante adecuado. Algunos tenían el valor añadido de haberlos visto bajo una mirada especial… Fue por tanto un reencuentro maravilloso y definitivo. Sigo tirando de la cantera, aunque por suerte a mi lista no le faltan candidatos.
Ahora no creo que haya libros imprescindibles. O más bien, que cada uno debe encontrar los suyos. Tengo claro cuales son los míos, pero esa lista no le serviría a nadie más. Es personal e intransferible, totalmente subjetiva. No desvelo ningún secreto si digo que incluiría “El Conde de Montecristo”, “El amor en los tiempos del cólera”, ”El guardián entre el centeno”, “El retrato de Dorian Gray” o “La casa de los espíritus”.
Afirmar que quien no ha leído un determinado libro tiene algún tipo de desfase o carencia me parece una ridiculez, porque sobre gustos no hay nada escrito… El diálogo entre autor y lector es algo íntimo, que nadie más entendería. Lo que un libro representa para ti depende de tus experiencias, de tu sensibilidad, del momento en el que llegue a tu vida. Lo que te toca el alma no tiene por qué tocársela a los demás. Por eso no creo que haya ni uno solo que todo el mundo debería leer y solo en casos muy concretos me permito recomendar. Parto de la premisa de que su efecto en otra persona será diferente del que tuvo sobre mí. Además, no frivolicemos... que imprescindibles son otras cosas…
Hay libros que me despiertan la curiosidad y el deseo de descubrirlos, aunque solo sea para tener una opinión propia y fundamentada sobre ellos. Pero solo después de haberlos leído sabré si formarán parte de mi biblioteca sentimental. Si serán el viento que hace volar mi corazón como una cometa…

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