lunes, 17 de mayo de 2010

Sueños

Temes a la imaginación. Y a los sueños más aún. Temes a la responsabilidad que puede derivarse de ellos. Pero no puedes evitar dormir. Y si duermes, sueñas. Cuando estás despierto, puedes refrenar, más o menos, la imaginación. Pero los sueños no hay manera de controlarlos.
Kafka en la orilla. HARUKI MURAKAMI
Yo tengo claro que prefiero soñar a no hacerlo, pero eso no me hace menos consciente del riesgo que implican los sueños… Te obnubilan, te animan a creer en lo que quizás no es para ti. Cuando la ilusión no se ve realizada se convierte en decepción.
El cerebro tiene sus mecanismos para disfrazar de real lo que no es más que un espejismo. Vivimos de estímulos, necesitamos mantener la fe en que el futuro nos deparará buenos momentos, viajar al País de Nunca Jamás de vez en cuando y abstraernos de una realidad que no nos convence. Pero como todo en esta vida, esa cuota de felicidad tiene un precio.
Más de una vez me he despertado a mitad de un sueño precioso, y mi sonrisa se ha desvanecido al constatar que no era más que eso. Los sueños no cumplidos deterioran la confianza, abren los ojos de forma a veces cruel, recordándote que no basta con desear las cosas para que ocurran. Flaubert decía: Ten cuidado con tus sueños: son la sirena de las almas. Ella canta. Nos llama. La seguimos y jamás retornamos.
Es complicado volar sin perder de vista el suelo… Las fantasías se apoderan de ti en cuanto te pillan con la guardia baja. Hay sueños que sabes que no se cumplirán, y aún así no puedes evitar albergar un reducto de esperanza. Los mantienes en el plano de lo ficticio, pero te dan alas… y eso basta para que te compensen.
Otros los persigues con cierto aliento, porque algo inconcreto que tal vez no pase de la simple intuición te dice que nunca sabe… porque algún día se te cumplió uno de ese tipo y solo el tiempo te desvela que creó un precedente peligroso. Te generó una ilusión que coexiste con el temor de conformar que la flauta sonó por casualidad. Que no merecías algo tan bueno, que hubo un error en el reparto…
Algunos sueños se vuelven contra ti, te hacen sufrir día a día, y aún así no renunciarías a ellos. A veces apuestas por el caballo que más te gusta, arriesgándote a pegarte un batacazo. Caminas a ciegas porque no puedes hacer otra cosa. Porque una vida sin sueños ya no sería una vida de verdad…

Holmes

La casualidad ha puesto en nuestro camino un problema de lo más curioso y extravagante, y su solución es recompensa suficiente.
Desde muy jovencita he disfrutado con las aventuras de Sherlock Holmes. Siempre he preferido los “héroes” cuyo talento radica más en la inteligencia que en la fuerza. El que fue mi profesor de inglés durante mi adolescencia admiraba profundamente a Sir Arthur Conan Doyle y nos hacía leer el “Black Peter” todo el tiempo. Debería haberlo aborrecido, pero me pasó lo contrario…
Holmes es el inglés flemático, frío, que calla más de lo que dice. Y no es que me guste ese perfil en las personas que me rodean, pero como personaje me parece genial. Fuma en pipa, lee poesía y toca el violín. Tiene el talento de observar, analizar, y llegar a conclusiones usando únicamente su capacidad deductiva.
No he visto la película que han estrenado recientemente porque intuyo que me va a decepcionar. Está hecha para el gran público, con ese halo “made in Hollywood” que creo que no le pega nada. Y desde luego veo a Jude Law mucho más como Holmes que como Watson…
En cambio recuerdo que me encantaba “El secreto de la pirámide”. Narraba el primer encuentro entre ambos, cuando estudiaban en Oxford. Si no recuerdo mal, ya aparecía el malvado profesor Moriarty…
Un día de Navidad hace muchos años, cotilleando por las estanterías de una casa ajena, encontré un librito de esos de edición barata que regalan con algún periódico. Era “El carbunclo azul”. Lo abrí y leí en la primera página: Dos días después de la Navidad, pasé a visitar a mi amigo Sherlock Holmes con la intención de transmitirle las felicitaciones propias de la época. Lo leí ese mismo día…
Compré “Estudio en escarlata” en México, acompañada por alguien muy especial. Y eso que me había prohibido comprar libros por aquello del espacio en la maleta…
Recientemente disfruté de “Escándalo en bohemia”. Y es que ese título figuraba en la lista en la lista sagrada de Arturito, así que no me pude resistir. En él aparece Irene Adler, nombre que adopta la corruptora de Lucas Corso en “El club Dumas”. Esa chica a la que le gustan los trenes, de diabólica mirada verde… La cara de la mujer más hermosa y la mente del más sagaz de los hombres. Es la única mujer que Holmes reconoce como mentalmente superior a él, así que lo reconcilia con el género femenino. Porque no nos engañemos, es bastante misógino…
Él solía hacer bromas acerca de la inteligencia de las mujeres, pero últimamente no le he oído hacerlo. Y cuando habla de Irene Adler o menciona su fotografía, es siempre con el honroso título de “La mujer”.
Yo padezco anglofilia desde hace años… además de fascinación por los detectives. No es ningún secreto que “la mejor del mundo mundial” se deja ver de vez en cuando por mi cantina…
Conan Doyle tuvo la desafortunada idea de cargarse a Holmes, pero las protestas de los lectores le devolvieron la vida unos años después. Además de por su sagacidad, quizás me gusta porque es un poco antihéroe… maniático, soberbio, y se inyecta cocaína…
Mi cerebro se rebela contra el estancamiento. Proporcióneme usted problemas, proporcióneme trabajo, deme el más obtuso de los criptogramas, o el más intrincado de los análisis, y entonces me encontraré en mi atmósfera propia.
En mi próxima visita a Londres tengo una cita ineludible… Sí, soy un poco friki… Nunca lo he negado, jeje…

Desafiando al monstruo

Estoy dispersa además de asténica. Cuando los acontecimientos se entrelazan de cierta forma, mis ya reducidas vías de expresión sufren un trastorno considerable. Si a eso le unimos las dificultades técnicas que nos ponen la zancadilla últimamente, solo la determinación de contar algo (aunque no sepa muy bien qué me anima a enfrentarme al monstruo.
Esta primavera está algo desportillada aunque sea mi estación favorita. Prefiero limitarme a recordar los últimos fines de semana, disfrutar del sol que calienta el cuerpo y las lecturas que calientan el alma, aspirar el aroma de azahar que invade la otra orilla del río…
Es más inteligente pensar lo que se dice que decir lo que se piensa.
Admito que solo pienso lo que digo cuando se trata de asuntos trascendentes. La mayoría de las veces expreso los pensamientos sin procesarlos. Y tan solo unos segundos más tarde, soy consciente de mis meteduras de pata.
No creo que haya que decir lo que no se piensa, sino que no hay que decir todo lo que se piensa. Somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestros silencios, así que conviene dosificar la información.
He perdido grandes ocasiones de quedarme calladita. Y es que desahogarse suele pasar factura… pero morderte la lengua cuando quieres decir algo es frustrante. Aún sabiendo que estás haciendo lo correcto, sientes que esas palabras se han quedado atrapadas en alguna parte y ya nunca saldrán.
¿Para qué hablar de “historias preciosas” que lo son solo para mí? No me apetece convencer a nadie de nada… No tengo vena proselitista…
Detesto los dobles juegos y la falta de honestidad. Hay actitudes que no acepto aunque me cuesten caras… Certezas que se clavan como aguijones, injusticias a manos llenas…
No quiero saberlo todo, no quiero entrar en clubs en los que no soy bienvenida, no quiero ir en contra de mí misma.
“Suéñame”, decías, como si se pudiera mandar en los sueños… como si no incluyeran a quien tu inconsciente quiere incluir y a nadie más…
No te apures compañero… si me destrozo la boca… no te apures que yo quiero… con el filo de esta copa… borrar la huella de un beso… traicionero que me dio…
Acaricio “la decisión”, consciente de que los parches se me están agotando y no me quedan muchas alternativas.
Escribo a salto de mata como Paul Auster, sin buscarle un sentido más allá del de disfrutar, explicarme cosas, comunicarme…
Mientras interesen mis desvaríos y el monstruo lo permita, seguiré pensando lo que digo y diciendo lo que pienso…

Aura

Soy un alma desnuda en estos versos, Alma desnuda que angustiada y sola Va dejando sus pétalos dispersos. Alma que puede ser una amapola, Que puede ser un lirio, una violeta, Un peñasco, una selva y una ola. Alma que como el viento vaga inquieta Y ruge cuando está sobre los mares, Y duerme dulcemente en una grieta. Alma que adora sobre sus altares, Dioses que no se bajan a cegarla; Alma que no conoce valladares. Alma que fuera fácil dominarla Con sólo un corazón que se partiera Para en su sangre cálida regarla. Alma que cuando está en la primavera Dice al invierno que demora: vuelve, Caiga tu nieve sobre la pradera. Alma que cuando nieva se disuelve En tristezas, clamando por las rosas con que la primavera nos envuelve. Alma que a ratos suelta mariposas A campo abierto, sin fijar distancia, Y les dice: libad sobre las cosas. Alma que ha de morir de una fragancia De un suspiro, de un verso en que se ruega, Sin perder, a poderlo, su elegancia. Alma que nada sabe y todo niega Y negando lo bueno el bien propicia Porque es negando como más se entrega. Alma que suele haber como delicia Palpar las almas, despreciar la huella, Y sentir en la mano una caricia. Alma que siempre disconforme de ella, Como los vientos vaga, corre y gira; Alma que sangra y sin cesar delira Por ser el buque en marcha de la estrella.

Alma desnuda. ALFONSINA STORNI

Recuerdo una calurosa mañana en la Ciudad de las rosas… una librería de esas en las que se detiene el tiempo… y como te las ingeniaste para sorprenderme a la salida con el regalo de “Aura” de Carlos Fuentes…
Lo cierto es que ese título ya era mágico para mí desde hacía mucho tiempo. Probablemente, desde una cita virtual para tomar un café, cuando nos separaba un océano. Antes de que me agarraras de los pelos y me sacaras del ciberespacio, ¿recuerdas?
"Al fin podrás ver esos ojos de mar que fluyen, se hacen espuma y vuelven a la calma verde, vuelven a inflamarse como una ola: tú los ves y te repites que no es cierto, que son unos hermosos ojos verdes idénticos a todos los hermosos ojos verdes que has conocido."
Es un libro que devoré con un cariño especial por todo lo que simbolizaba para mí. Porque Aura eras tú… Igual que ella, caminas entre lo vivido y lo soñado… Eres la imaginación, la belleza, el encanto…
Solo las personas como tú dejan una huella indeleble, están presentes en la ausencia y cercanas en la lejanía…

Hoy brindo por ti…
Por ese día en que mi sonrisa se cruzó con la tuya…
Por los momentos compartidos y por compartir…
Por las risas, las palabras, las margaritas, los ateneos, las confidencias…
Por que sigas siendo la diva más cabrona…
¡Muchas felicidades!
¡Te quiero un chingo!
P.d. Cuando vuelva a México lindo me debes una escapada a Puerto Vallarta… Jeje…

Literaturas

Hay días que pienso que mi deuda con la literatura es impagable. Voy acumulando facturas, y ya no caben en el cajón. Me nutro de ella, no dejo de beneficiarme de sus efectos. Me inspira tanto, que hasta juego a emularla…
No siempre elegimos un camino conscientemente, de hecho creo que en muchos casos es él el que nos elige. Y una vez que pruebas la miel, no hay quien te aleje del panal. Porque es dulce, porque crea adicción…
Pocas cosas dan lo que prometen, pocas cosas no defraudan expectativas… Por eso cuando encuentro alguna me agarro a ella como un clavo ardiendo. Con los años vas aprendiendo lo que quieres en tu vida y lo que no, lo que necesitas y de lo que puedes prescindir. Asumes filosofías, adquieres costumbres, desarrollas querencias… Y llega un momento en el que no la entiendes sin esas referencias que la llenan, que se han convertido en sus pilares básicos. Ya no se trata de una decisión premeditada, sino de algo inevitable que te atrapa como una tela de araña y no te permite ver más allá. Porque además, no quieres ver más allá…
Y de pronto un día te pones a calibrar consecuencias y ves que ese mundo que adoptaste como propio es más tuyo que ningún otro. Que ha llevado y te sigue llevando a destinos maravillosos. Quisiste mirar detrás del espejo y te gustó lo que viste… Tu existencia se fue tiñendo de colores cada vez más vivos, aprendiste a tener fe en los sueños a pesar de tu escepticismo, y se crearon lazos con nudos marineros, lugares comunes y dependencias insustituibles.
En otros aspectos de mi existencia reina la incertidumbre, pero este se libra de ese mal. Es una forma de evasión que me inunda de sentimientos dulces y me ayuda a creer en lo que de otra forma ya no creería. Me ha conducido por derroteros insospechados regalándome momentos mágicos, afectos inquebrantables y unas cuantas certezas. Sobre el lugar que ocupa en mi vida, sobre mí misma, sobre el valor de una ilusión… Entre tantos caminos errados, encontré uno correcto. Y se llenaron vacíos, se abrieron ventanas, se hizo la luz. Una luz preciosa que me ilumina y me calienta, sin la que ya no sabría vivir. Siguiendo su estela encontré tesoros tan valiosos que vendería mi alma antes de renunciar a ellos…

Cuadernitis

A unos les da por coleccionar sellos, y a otros cajas de cerillas. Yo compro cuadernos compulsivamente. Los tengo de todos los tipos y colores. Mis favoritos son los de una raya y sin espiral, estilo Moleskine. Aunque no hay por qué buscarle una justificación a las idolatrías, supongo que esta tiene que ver con que me gusta escribir más que a un tonto un lápiz. Y aunque soy aficionada a la tecla, no reniego de la metodología artesanal.
Debo decir en mi defensa que antes o después les doy utilidad a mis cuadernos. Y como además de intentar contar historias soy una incondicional de las listas, apunto libros leídos y por leer, películas, ideas… Ya no suelo hacer diarios de viaje, pero me gusta anotar la ruta y alguna que otra impresión. Los trayectos largos dan para mucho...
Cuando viajo necesito un soporte donde plasmar mis pensamientos, y si no lo llevo encima lo compro en la primera ocasión. Porque si no me entra la angustia cósmica… El otro día salí a dar una vuelta y me asaltó la musa, así que entré en una tienda de chinos (era domingo y no había nada más abierto) a por un cuadernillo en el que descargar mi memoria. Solo me apetece sentarme sola en un bar si llevo lectura o material de escritura.
Me vuelvo loca en las tiendas de souvenirs de los museos… nunca salgo sin un cuaderno bajo el brazo. El caso es que son tan bonitos, que luego me da pena usarlos. Así que los reservo para ocasiones especiales… Le tengo especial cariño a uno de las Meninas que me regaló alguien muy querido y me sirvió para iniciar un largo proyecto. También al que compré en los Reales Alcázares de Sevilla, que tuvo una finalidad similar.
Adoro la sensación de abrir un cuaderno nuevo e inaugurarlo… Ir llenando las páginas en blanco con tinta oscura, pinceladas de mi mente y de mi alma que quizás nunca llegarán a ninguna parte, pero que me ayudan a expresar lo que no sé expresar de otra manera. Y me hacen soñar… ¿Quién da más por menos?
Revisar un cuaderno viejo en el que un día plasmé sensaciones, esbocé una historia o quise consignar cualquier dato que fuera importante para mí en ese momento es una experiencia evocadora. A veces dulce, y otras amarga… Pero siempre entrañable.
Quizás es ansiedad de contar algo lo que me induce a acumular cuadernos como una loca… Quizás es el temor inconsciente de que si no tengo donde apuntarlas, las palabras se evaporarán… Quizás es simplemente una rareza sin razón de ser…
Para que veáis que no miento…

Pasiones

Cuando llega este tiempo sueño con escaparme a mi Medina, un lugar que me alegra el alma. En invierno la humedad te cala hasta los huesos. La casa familiar es grande y con unas corrientes criminales, no hay manera de calentarla. Sin embargo en primavera cambia hasta el aire… Todo se llena de flores, y las temperaturas permiten dormir en ella sin morir de congelación. Me gusta su amplitud, la huella del pasado, ese patio que parece un tablero de ajedrez... Cuando estoy allí hago fotos compulsivamente, en un desesperado intento por atrapar cada sensación.
El pueblo es alegre, como lo es la gente de Cádiz. Para mí tiene un encanto irresistible. Me calma, me inspira, me ayuda a ver las cosas con perspectiva. No es solo la luz cegadora, la estética o los vínculos sentimentales, sino una desconexión terapeútica.
El ambiente es relajante y placentero, la buena vida elevada a la enésima potencia. El ritmo es pausado, no existen los despertadores. Las noches son silenciosas y frescas. Los desayunos largos, tranquilos. Me suelo instalar en la mesa de la cocina con un libro, el café y una tostada de manteca “colorá”. De vez en cuando salgo a la terraza y mis ojos se clavan en la buganvilla del corral. Y si no hay moros en la costa, aprovecho para escribir pensamientos o lo que me dicte la musa.
A media mañana, cuando ya he regresado al mundo de los vivos, me gusta salir a dar una vuelta. Bajando por la Cuesta Resbala y atravesando el Arco de la Pastora llego a un parque precioso donde está la biblioteca pública, que tiene Internet gratuito.
Otra ruta me lleva a la Iglesia Mayor. Me conozco cada piedra, pero disfruto visitando su claustro mudéjar o subiendo a la torre. Las vistas son impagables… En frente está la oficina de turismo, en la que puedo informarme de las actividades culturales y pedir algún poster que no tengo donde colgar.
Bajando por Alonso Pinzón, el Llanete y la Victoria, llego a la Calle San Juan. Allí está el mercado de abastos y “La onza de chocolate”, el paraíso terrenal. La plaza del Ayuntamiento se encuentra en la parte baja, así que no me queda más remedio que bajar para luego subir, como en la medina de Fez. Menos mal que mis estancias no son demasiado prolongadas, si no se me pondrían las piernas como las de Cristiano Ronaldo…
Vayas donde vayas, el tapeo es impresionante. Te puedes tomar una brocheta de langostinos por dos euros, un lomo en manteca o unas tortillitas de camarones. Los sábados que no hay levante, mi amigo Jose hace chicharrones en la calle y los sirve como tapa gratuita en su bar.
Las sobremesas son geniales, porque siempre hay un rincón agradable en el que recluirse a leer o siestear. Si lo prefieres, a poco más de media hora está la playa del Palmar. Tiene una calita junto al faro de Trafalgar, llamada Zahora. Cuando baja la marea se forma un laguito sin olas en el que ves pasar los peces junto a tus pies. Y Marruecos en la lejanía... Hay un chiringuito chulísimo donde sirven mojitos y tocan música en directo, flamenco y chill out.
Al anochecer todo el mundo va a la plaza. Los adultos se sientan en los bancos y las terrazas, mientras los niños corretean. El reloj se detiene en esas noches, porque se está tan a gusto en la calle que no hay nada más importante.
Al llegar a casa, la tradición manda tomar un chupito que suele ser de Canasta (un vino dulce delicioso) o Rompope (un ponche mexicano que venden en uno de los conventos), con algún dulce típico (amarguillo, yema nevada, trufita&hellip antes de acostarse. Si la noche está clara, puedes salir a la terraza a contemplar las estrellas en las tumbonas de playa. Y después, un rato de lectura en la cama. No sé por qué se lee tan bien allí… Debe ser el silencio, el microclima, o la conciencia de que no hay que madrugar. Tal vez es que esa casa que parece detenida en el tiempo inspira sosiego. O que la tengo asociada con las vacaciones…
Como dicen en “El secreto de sus ojos”, se puede cambiar de todo en la vida, menos de pasión.

Tentaciones

- Conozco esa mirada…
- No me digas…
- Miedo me das…
- Estás pensando lo mismo que yo…
- Joder… no me tientes…
- Lo estás deseando…
- Mira que eres mala…
- Solo por esta vez…
- No podemos hacerlo…
- Sí podemos…
- No debemos…
- Porque tú lo digas…
- Yo lo digo, sí. Que tengo más neuronas que tú…
- ¿Qué sería de la vida sin los pequeños placeres?
- Lianta.
- Cobarde.
- Corruptora.
- Reprimido.
- Si hasta te brillan los ojos…
- ¡A ti también!
- La perdición de los hombres, eso sois…
- Que perdición ni que niño muerto…
- Pretendes aniquilarme…
- Dios me libre…
- Y a mí de ti…
- Yo no quiero muertos en mi maletero…
- Ni yo ser uno de ellos, que tengo claustrofobia desde lo del ascensor… y no digo que fuera culpa tuya…
- Más te vale…
- Que no me bajo del burro. Que no y que no…
- Pues mejor… el brownie para mí solita…
- Además de diabética eres subnormal, te va a dar un subidón de azúcar que lo vas a flipar…
- En peores plazas hemos toreao… Y mira que cutis, ni Cleopatra…
- Ponme un trozo, anda… Ya que te voy a tener que llevar al hospital…

Memoria epistolar

Yo sé que no soy muy normal, y que disfrazo de rarezas lo que en realidad son paranoias… pero me siento a gusto en mi pellejo, son muchos años y me he tomado cariño, jeje…
A lo que iba… que el otro día me asusté al ver que tengo más de cinco mil quinientos correos electrónicos… así que pensé que era hora de hacer una operación limpieza. Ya que no hago operación bikini, alguna tengo que hacer… El caso es que si no los he borrado es por algo… Ya os conté mi manía de acumular recuerdos… que me da penilla deshacerme de ellos, sobretodo de los que tienen un simbolismo especial. Pues ese mismo arrebato nostálgico es el que me nubla la vista con los correos, unido a la intuición de que algunos pueden hacerme falta más adelante. Lo cierto es que más de una vez he encontrado datos que necesitaba gracias a mi afán diogénico. Aunque reconozco que en la mayor parte de los casos, el motivo de conservarlos es puramente sentimental.
Revisando mi cuenta desde sus orígenes, me han invadido los recuerdos. He constatado que hay personas con las que ya no existe comunicación, otras con las que la relación no es la que era, y otras con las que permanece inmutable.
Tengo distintos tipos de correos: los prácticos, que versan sobre temas básicamente laborales. Esos no puedo eliminarlos porque ciertos contactos son importantes. Los ociosos, que son sobretodo presentaciones de power point. Por lo general las borro nada más verlas, pero algunas me parecen tan buenas que las mantengo. Y mis favoritos: los personales. Entre ellos los hay de distinta extensión y frecuencia. Evidentemente muchos son prescindibles… Pero existen conversaciones constantes y prolongadas en el tiempo que recogen vivencias, confesiones, estados de ánimo… Son mucho más que cotilleos, mucho más que un diario de campaña. Son trocitos de vidas… y para mí valen tanto como si fueran cartas de puño y letra.
Admito que me expreso mucho mejor por escrito, y que por esa vía soy capaz de decir cosas que jamás diría de viva voz. Revisando esta correspondencia me ha sorprendido cuanto he contado y me han contado, cuanto cariño he dado y he recibido… Como he compartido y han compartido conmigo situaciones que no han salido ni saldrán de ese contexto, y hasta que punto hacen mi día a día diferente (infinitamente mejor). Destilan verdad, generosidad, y esa afinidad que provoca la comunicación fluida entre dos personas.
Me viene a la mente esa peli de Tom Hanks y Meg Ryan (mira que hacen buena pareja estos dos&hellip , “Tienes un e-mail”. Lo bien que describía la emoción de entrar en tu servidor, ver escrito en negrita Bandeja de entrada, pinchar y encontrarte con algunos de esos correos que te hacen sonreír antes de abrirlos… Porque con solo un click comprobarás que alguien se acuerda de ti, tienes cosas que contarte… Y por mucho tiempo que pase, yo no puedo tirar ese compendio de afecto y confianza a la papelera. No puedo…