lunes, 17 de mayo de 2010

Holmes

La casualidad ha puesto en nuestro camino un problema de lo más curioso y extravagante, y su solución es recompensa suficiente.
Desde muy jovencita he disfrutado con las aventuras de Sherlock Holmes. Siempre he preferido los “héroes” cuyo talento radica más en la inteligencia que en la fuerza. El que fue mi profesor de inglés durante mi adolescencia admiraba profundamente a Sir Arthur Conan Doyle y nos hacía leer el “Black Peter” todo el tiempo. Debería haberlo aborrecido, pero me pasó lo contrario…
Holmes es el inglés flemático, frío, que calla más de lo que dice. Y no es que me guste ese perfil en las personas que me rodean, pero como personaje me parece genial. Fuma en pipa, lee poesía y toca el violín. Tiene el talento de observar, analizar, y llegar a conclusiones usando únicamente su capacidad deductiva.
No he visto la película que han estrenado recientemente porque intuyo que me va a decepcionar. Está hecha para el gran público, con ese halo “made in Hollywood” que creo que no le pega nada. Y desde luego veo a Jude Law mucho más como Holmes que como Watson…
En cambio recuerdo que me encantaba “El secreto de la pirámide”. Narraba el primer encuentro entre ambos, cuando estudiaban en Oxford. Si no recuerdo mal, ya aparecía el malvado profesor Moriarty…
Un día de Navidad hace muchos años, cotilleando por las estanterías de una casa ajena, encontré un librito de esos de edición barata que regalan con algún periódico. Era “El carbunclo azul”. Lo abrí y leí en la primera página: Dos días después de la Navidad, pasé a visitar a mi amigo Sherlock Holmes con la intención de transmitirle las felicitaciones propias de la época. Lo leí ese mismo día…
Compré “Estudio en escarlata” en México, acompañada por alguien muy especial. Y eso que me había prohibido comprar libros por aquello del espacio en la maleta…
Recientemente disfruté de “Escándalo en bohemia”. Y es que ese título figuraba en la lista en la lista sagrada de Arturito, así que no me pude resistir. En él aparece Irene Adler, nombre que adopta la corruptora de Lucas Corso en “El club Dumas”. Esa chica a la que le gustan los trenes, de diabólica mirada verde… La cara de la mujer más hermosa y la mente del más sagaz de los hombres. Es la única mujer que Holmes reconoce como mentalmente superior a él, así que lo reconcilia con el género femenino. Porque no nos engañemos, es bastante misógino…
Él solía hacer bromas acerca de la inteligencia de las mujeres, pero últimamente no le he oído hacerlo. Y cuando habla de Irene Adler o menciona su fotografía, es siempre con el honroso título de “La mujer”.
Yo padezco anglofilia desde hace años… además de fascinación por los detectives. No es ningún secreto que “la mejor del mundo mundial” se deja ver de vez en cuando por mi cantina…
Conan Doyle tuvo la desafortunada idea de cargarse a Holmes, pero las protestas de los lectores le devolvieron la vida unos años después. Además de por su sagacidad, quizás me gusta porque es un poco antihéroe… maniático, soberbio, y se inyecta cocaína…
Mi cerebro se rebela contra el estancamiento. Proporcióneme usted problemas, proporcióneme trabajo, deme el más obtuso de los criptogramas, o el más intrincado de los análisis, y entonces me encontraré en mi atmósfera propia.
En mi próxima visita a Londres tengo una cita ineludible… Sí, soy un poco friki… Nunca lo he negado, jeje…

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