lunes, 17 de mayo de 2010

Literaturas

Hay días que pienso que mi deuda con la literatura es impagable. Voy acumulando facturas, y ya no caben en el cajón. Me nutro de ella, no dejo de beneficiarme de sus efectos. Me inspira tanto, que hasta juego a emularla…
No siempre elegimos un camino conscientemente, de hecho creo que en muchos casos es él el que nos elige. Y una vez que pruebas la miel, no hay quien te aleje del panal. Porque es dulce, porque crea adicción…
Pocas cosas dan lo que prometen, pocas cosas no defraudan expectativas… Por eso cuando encuentro alguna me agarro a ella como un clavo ardiendo. Con los años vas aprendiendo lo que quieres en tu vida y lo que no, lo que necesitas y de lo que puedes prescindir. Asumes filosofías, adquieres costumbres, desarrollas querencias… Y llega un momento en el que no la entiendes sin esas referencias que la llenan, que se han convertido en sus pilares básicos. Ya no se trata de una decisión premeditada, sino de algo inevitable que te atrapa como una tela de araña y no te permite ver más allá. Porque además, no quieres ver más allá…
Y de pronto un día te pones a calibrar consecuencias y ves que ese mundo que adoptaste como propio es más tuyo que ningún otro. Que ha llevado y te sigue llevando a destinos maravillosos. Quisiste mirar detrás del espejo y te gustó lo que viste… Tu existencia se fue tiñendo de colores cada vez más vivos, aprendiste a tener fe en los sueños a pesar de tu escepticismo, y se crearon lazos con nudos marineros, lugares comunes y dependencias insustituibles.
En otros aspectos de mi existencia reina la incertidumbre, pero este se libra de ese mal. Es una forma de evasión que me inunda de sentimientos dulces y me ayuda a creer en lo que de otra forma ya no creería. Me ha conducido por derroteros insospechados regalándome momentos mágicos, afectos inquebrantables y unas cuantas certezas. Sobre el lugar que ocupa en mi vida, sobre mí misma, sobre el valor de una ilusión… Entre tantos caminos errados, encontré uno correcto. Y se llenaron vacíos, se abrieron ventanas, se hizo la luz. Una luz preciosa que me ilumina y me calienta, sin la que ya no sabría vivir. Siguiendo su estela encontré tesoros tan valiosos que vendería mi alma antes de renunciar a ellos…

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