lunes, 17 de mayo de 2010

Memoria epistolar

Yo sé que no soy muy normal, y que disfrazo de rarezas lo que en realidad son paranoias… pero me siento a gusto en mi pellejo, son muchos años y me he tomado cariño, jeje…
A lo que iba… que el otro día me asusté al ver que tengo más de cinco mil quinientos correos electrónicos… así que pensé que era hora de hacer una operación limpieza. Ya que no hago operación bikini, alguna tengo que hacer… El caso es que si no los he borrado es por algo… Ya os conté mi manía de acumular recuerdos… que me da penilla deshacerme de ellos, sobretodo de los que tienen un simbolismo especial. Pues ese mismo arrebato nostálgico es el que me nubla la vista con los correos, unido a la intuición de que algunos pueden hacerme falta más adelante. Lo cierto es que más de una vez he encontrado datos que necesitaba gracias a mi afán diogénico. Aunque reconozco que en la mayor parte de los casos, el motivo de conservarlos es puramente sentimental.
Revisando mi cuenta desde sus orígenes, me han invadido los recuerdos. He constatado que hay personas con las que ya no existe comunicación, otras con las que la relación no es la que era, y otras con las que permanece inmutable.
Tengo distintos tipos de correos: los prácticos, que versan sobre temas básicamente laborales. Esos no puedo eliminarlos porque ciertos contactos son importantes. Los ociosos, que son sobretodo presentaciones de power point. Por lo general las borro nada más verlas, pero algunas me parecen tan buenas que las mantengo. Y mis favoritos: los personales. Entre ellos los hay de distinta extensión y frecuencia. Evidentemente muchos son prescindibles… Pero existen conversaciones constantes y prolongadas en el tiempo que recogen vivencias, confesiones, estados de ánimo… Son mucho más que cotilleos, mucho más que un diario de campaña. Son trocitos de vidas… y para mí valen tanto como si fueran cartas de puño y letra.
Admito que me expreso mucho mejor por escrito, y que por esa vía soy capaz de decir cosas que jamás diría de viva voz. Revisando esta correspondencia me ha sorprendido cuanto he contado y me han contado, cuanto cariño he dado y he recibido… Como he compartido y han compartido conmigo situaciones que no han salido ni saldrán de ese contexto, y hasta que punto hacen mi día a día diferente (infinitamente mejor). Destilan verdad, generosidad, y esa afinidad que provoca la comunicación fluida entre dos personas.
Me viene a la mente esa peli de Tom Hanks y Meg Ryan (mira que hacen buena pareja estos dos&hellip , “Tienes un e-mail”. Lo bien que describía la emoción de entrar en tu servidor, ver escrito en negrita Bandeja de entrada, pinchar y encontrarte con algunos de esos correos que te hacen sonreír antes de abrirlos… Porque con solo un click comprobarás que alguien se acuerda de ti, tienes cosas que contarte… Y por mucho tiempo que pase, yo no puedo tirar ese compendio de afecto y confianza a la papelera. No puedo…

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