jueves, 16 de septiembre de 2010

Desvelos

Recuerdo esa frase de Ricas y famosas: “Si lo que escribes no te mantiene en vela, tampoco desvelará a tus lectores”. Y digo yo… ¿Quién quiere desvelar a sus lectores? Pobrecitos… encima de que te leen, con todo lo que hay por hacer y por leer… Aunque interpretándola de forma menos literal, estoy de acuerdo en que te tienes que involucrar en lo que escribes para que le interese a los demás. Y ni siquiera eso garantiza su interés…
No se trata de las horas que le dediques o la ansiedad que te produzca, sino del nivel de entrega. Cuando haces algo en lo que crees, resulta mucho más fácil que el resto también se lo crea. Me parece que cierta dosis de disciplina es buena, siempre que no convierta una pasión en obligación y le quite el encanto. En el momento en el que dejas de disfrutar, pierde el sentido.
Los que escribimos por amor al arte gozamos de esa libertad expresiva y solo tenemos las presiones que nos autoimpongamos. Podemos padecer desvelos, incertidumbre, quebraderos de cabeza… pero dentro de un nivel de exigencia propia. Creo que es importante que una actividad te motive para hacerla bien, y cuando la haces voluntariamente y sin pretensiones es porque te gusta. Y eso favorece la autenticidad. Aunque un texto tenga mil carencias, nadie podrá discutirle ese valor…
Cuando lees una novela percibes al momento esa huella personal, que a veces se difumina en pos de un criterio comercial. Me parece un error escribir siguiendo premisas demagógicas. Hay que asumir riesgos para no traicionarse a uno mismo. Y si a alguien no le gusta, pues no pasa nada… nunca llueve a gusto de todos. Al menos te quedará la satisfacción de haber contado lo que querías contar, de haber sido honesta contigo y con quien te dedica su atención.
En mi caso esa actitud formar parte de un proceso. La idea de que alguien pueda leer lo que escribes te condiciona aunque sea inconscientemente. Pero aprendes a ir dejando caer ciertas máscaras, permitiendo que aflore tu verdadero yo. Con la experiencia el estilo (por llamarlo de alguna manera) adquiere personalidad. Y va derivando en un sello propio compuesto de vivencias, lecturas, deseos, inquietudes… vistos a través de tu prisma particular.
Escribir sobre lo que te de la gana y sin preocuparse de nada más es la única forma que conozco de asegurar un entusiasmo que considero fundamental, y que de no existir sería imposible contagiar. La única que garantiza esa verosimilitud que todo escritor busca y todo lector merece…

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