jueves, 16 de septiembre de 2010

El arte de mirar


“El arte enseña a mirar: a mirar el arte, y a mirar con ojos más atentos el mundo. En los cuadros, en las esculturas, igual que en los libros, uno busca lo que está en ellos y también lo que está más allá, una iluminación acerca de sí mismo, una forma verdadera y pura de conocimiento”.
Ventanas de Manhattan. ANTONIO MUÑOZ MOLINA
Cuando leí esta frase la subrayé para apoderarme de ella. La palabra “arte” basta para captar mi atención, igual que la palabra “libros”. Pero lo que realmente me fascinó es su sentido más profundo… “lo que está en ellos y también lo que está más allá”… Porque aunque no siempre se busque, a veces se encuentra. Porque cada experiencia estética deja un poso en el alma…
Además de aludir a la inspiración según describía Carson McCullers, esta “iluminación” también puede ser una descarga de sensaciones a través de un catalizador, similar al hecho de mirarte en un espejo y verte tal como eres… Con todo lo que eso implica.
Cualquier propuesta creativa que te enseñe algo sobre ti o exprese un sentimiento con el que identifiques, logra el diálogo más íntimo entre creador y receptor. No solo te conmueve, sino que de alguna manera te transforma. Esa capacidad, premeditada o no, me parece una proeza.
Leer un párrafo o contemplar un cuadro en el que te reconoces supone una revelación que de alguna manera te desnuda y que implica una empatía con el autor. El nivel de comunicación puede ser brutal, hablarte de tu propia historia, removerte sensaciones, descubrirte facetas ocultas u olvidadas… Es un proceso mágico que daría lo que no tengo por ser capaz de provocar.
Aún así, creo en la estética por la estética. Me gusta lo que es arte sin pretender serlo, y la ingenuidad que lo impregna. Arte tienen ciertas formas de ser o expresarse, ciertas sonrisas, ciertas miradas…
Porque la belleza está en los ojos del que mira, y para encontrarla solo hace falta una pequeña dosis de sensibilidad. Esa que casi todos tenemos agazapada en alguna parte y que constatamos cuando aparece el detonante adecuado. A veces se nos pasan desapercibidas las cosas más bellas…
Creo que el arte habla por si mismo. Aunque existen claves para interpretarlo mejor, no son necesarias para disfrutarlo. No solo depende de la percepción individual, sino también del momento y de los antecedentes. Y va creando un sustrato que condiciona tu forma de enfrentarte al mundo que te rodea.
Cuando cierto lenguaje emplea una serie de códigos que te son familiares, se produce una simbiosis cuyo alcance va más allá de su intencionalidad e incluso de tus expectativas. Que te puede cambiar la vida, o al menos la forma de entenderla. Pero hay que saber mirar… hay que dejarse seducir…

No hay comentarios:

Publicar un comentario