jueves, 16 de septiembre de 2010

Ese algo inalcanzable

Recientemente, leyendo una novela que me pareció genial, constaté que su genialidad radicaba más que en lo que contaba, en como lo contaba. En la estructura, la forma de dosificar la información o situar a los personajes, la habilidad a la hora de jugar con factores de tiempo y espacio…
Muchas veces alguien me pregunta de qué trata un libro y me cuesta explicarlo… En algunos casos se debe a eso precisamente. La acción es secundaria y a veces caótica, no sigue una línea argumental clara. En cambio las descripciones o la profundidad psicológica son increíbles. Hay tantas frases que te impactan que no puedes dejar de subrayar… El talento fluye en cada página, es un manantial inagotable. Estás disfrutando tanto de la lectura que no te importa lo que pase, ni siquiera te lo planteas. Solo quieres seguir encontrando belleza, aunque implique la confirmación cruel de que tú jamás podrás escribir algo ni remotamente parecido.
Tengo los libros de ciertos autores llenos de marcas, porque están plagados de frases maravillosas. Quizás en algunos casos no tienen una estética en el sentido convencional, pero me llegan. Y no necesito que tengan un desenlace memorable, ya lo son en conjunto...
No es que valore más la forma que el fondo, cada uno desempeña un papel importante. Pero el talento de expresar algo hilvanando sabiamente las palabras que más puedan impactar al lector me parece admirable. Solo alguien con esa capacidad consigue emocionarte y hacer que te sientas partícipe. Retratar lo que conoces perfectamente pero no eres capaz de definir, e incluso lo que ni siquiera eras consciente de conocer. En esos momentos te invade la absurda impresión de que está hablando de ti…
No creo que exista una fórmula magistral para contar historias de una forma deslumbrante… supongo que es algo innato, alentado por determinados sentimientos. Algo inalcanzable para la mayoría de los mortales, pero que nos transporta al olimpo cuando tenemos la fortuna de ser testigos…

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