jueves, 16 de septiembre de 2010

Ex libris

Recuerdo mi primer ex libris porque fue un regalo de esos que te hacen ilusión, y porque gran parte de mis libros están marcados con él como las vacas de una misma ganadería. Pone simplemente mi nombre, y lo curioso es que procede de Inglaterra…
Para mí tiene un sentido más simbólico que práctico, porque quien se queda con un libro ajeno suele hacerlo conscientemente. Y si alguien tiene la desvergüenza de no devolver un libro prestado, poco le importará a quien pertenezca… Mejor será dejar ese tema para que no se me hinche la vena del cuello, que está más bonica en reposo…
El hecho de sellar la primera página tenía el objetivo de reclamar mi propiedad, probablemente relacionado con mis limitaciones adquisitivas. Era también una forma de personalizar los libros. Ahora lo único que hago, sobretodo cuando no los compro en mi ciudad, es anotar junto a mi nombre el lugar y la fecha del pecado. Aunque no suelo olvidarme de estos datos, me encanta verlos al abrir un libro. Y rememorar aquella mañana de despedidas en la que hice mi última incursión en “El sótano” de México D.F., porque aún cabía un libro más en la maleta… aquella feria del libro antiguo que ponen en Valencia por fallas y que recorrí en deliciosa compañía, o esa tarde estival en la que dos libritos minúsculos me guiñaron el ojo desde el escaparate de una librería del casco antiguo de Cádiz…

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