lunes, 25 de octubre de 2010

El misterio de la carretera de Sintra

A punto de cerrar nuestra edición, hemos recibido un escrito singular. Se trata
de una carta sin firma enviada por correo a nuestra redacción. En ella se inicia
una narración estupenda acerca de un horrible y misterioso suceso.
Muchos de los lectores del Diario de Noticias de Lisboa tardaron en darse cuenta de que se trababa de una novela. Los artífices de este juego fueron los escritores José María Eça de Queirós y José Duarte Ramalho Ortigao. Corría el verano de 1870.
El caballero enmascarado, el doctor, la condesa, el capitán, un crucero a la India, un envenenamiento... Magistral la forma de ir desgranando la trama desde distintos prismas. Aunque para mí la gran sorpresa ha sido otra…
- Te juro que siempre, en cualquier circunstancia, estaré dispuesta a dar mi
vida por la tuya, compartiré cualquier peligro contigo, podrás hacer de mí lo
que quieras, y solo te pido una cosa a cambio.
- ¿Qué es?
- Que de vez en
cuando, cuando no tengas nada que hacer, te acuerdes un poco de mí.
- Yo
también te juro que te quiero y que siempre te seré fiel. El día que veas que te
he olvidado, mátame, te lo pido.

Qué tendrán las citas de amor que se nos cuelan por las fisuras del alma… Quizás hemos dicho o escuchado algo parecido alguna vez, o quizás tan solo hemos soñado decirlo o escucharlo. Reconforta que alguien sea capaz de poner en palabras lo que hemos sentido en un momento dado…
Usted necesita amor, un amor inmutable, profundo, avasallador, que invada todas
sus horas y presida todas sus ideas, alimentado de placer y sacrificio, el amor,
que es consuelo y esperanza, que se erige en ideal absoluto, en la última razón
del existir; un amor que se apodere de sus ojos por lo que tienen de más
ardiente y de su alma por el más elevado de sus flancos…
Aunque no creo que el amor sea ninguna solución mágica, supongo que todo el mundo debería paladear alguna vez su dulzura y su amargura. Ser consciente de la propia vulnerabilidad, saber que existe algo que puede arrastrarte con la fuerza de un torrente…
- No, por favor, no se vaya, el viento se llevará esta declaración. La quiero.
Si es pecado quererla, el mar enterrará mis palabras, no hay tumba mejor, lo
purifica todo. Pero la quiero.
Si fuera pecado querer, el infierno estaría hasta la bandera. Quien esté libre que tire la primera piedra…
Sabes muy bien que te quiero, y por si no lo sabes te lo digo aquí, en esta
calle, en esta casa, en este sofá: te quiero.
Hay palabras que necesitas escuchar para creértelas, porque no basta con intuirlas. Y necesitas pronunciar para que no se te queden atragantadas…
Y sentí entonces, por primera vez en la vida, el asalto de los celos, ese
monstruo temible tan traído y llevado por los poetas, tan arrastrado por los
escenarios, tan conocido por la policía, tan cruel y ridículo, pero tan de
verdad.
Yo personalmente desconfío del amor sin celos… No entiendo que se pueda querer sin desear una correspondencia exclusiva…
La única verdad es que te quiero y te querré siempre solo a ti. Hubo una imagen
que se cruzó inapresable y vaporosa, que me rozó al pasar, pero te juro que se
ha desvanecido cual quimera enfermiza al calor de tu mirada limpia que ni un
solo momento dejé de sentir yo fija en la mía, traspasando la sombra de aquel
sueño.
Eça me sigue pareciendo genial. No desvelo nada de la historia, que para eso es un misterio. Y conozco yo a una detective que lo resolvería sin levantarse de la silla…

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