domingo, 5 de diciembre de 2010

Las pastillas del amor

Mira que estoy curada de espantos, pero esto es una cantera inagotable… He oído tantos desvaríos que hasta sé que cara poner para no soltar la carcajada.
- ¿Tienen las pastillas del amor? –preguntó una señora.
Mi mente obtusa pensó en Viagra, aunque me parecía una forma demasiado poética de decirlo. Menos mal que me mordí la lengua…
- ¿Las pastillas del amor?
Quizás era algún invento reciente que yo desconocía. Como un filtro en comprimidos, que es más de estos tiempos. Mi cabecita novelera empezó a fabular… Podrían ser para enamorarse, para desenamorarse, o para curar las penas de amor. O mejor aún… un envase tripartito con una de cada. Me acordé de las pastillas para no soñar de Sabina. Esas que de momento no quiero tomar…
Al final la señora consiguió explicarse y supe a lo que se refería: pastillas contra el dolor ajeno. También me sonó a coña, pero resulta que existen, y yo como soy una infiltrada y encima voy solo por las tardes, no me entero de la misa la mitad. En realidad son una iniciativa de Médicos sin fronteras. La cajita trae seis caramelos y cuesta solo un euro, destinado a las enfermedades olvidadas del Tercer Mundo. Además están buenísimos (tú no los tomes, Nanilla, que son de menta).
Para nosotras (mi farma es un matriarcado) ya se han quedado con “las pastillas del amor”. Si alguien quiere, ya sabe donde encontrarlas. Yo voy servida…

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