domingo, 5 de diciembre de 2010

Leer con luz de luna

Soy complicadita, para qué lo voy a negar a estas alturas… Si el ser humano es contradictorio por naturaleza, a veces creo que en el reparto me ha tocado una dosis mayor que al resto. Y ya sabéis que la lluvia me pone de un divagante insoportable… Por eso cuando tengo una sensación que sé que no es muy normal y alguien la retrata a la perfección me siento un poquito menos bicho raro…
Eso me ha pasado recientemente, leyendo un artículo de Arturito sobre el libro electrónico y lo que representa para los viciosos de la letra impresa. Solo el título, “Leer con luz de luna” me cautivó. Aunque soy revertiana confesa, reconozco que no todos sus artículos me gustan. No es que me moleste su estilo incisivo, sino que a veces trata temas que sinceramente, ni me van ni me vienen. Pero cuando habla de libros empiezo a salivar, que le voy a hacer si soy así de monotemática…
A lo que iba, que ya me estoy dispersando… Cuando este artefacto apareció en el mercado yo blasfemé en arameo. Los habitantes más antiguos de estas playas tal vez recuerden un post en el que lo ponía de vuelta y media. Pero con el tiempo me he ido rindiendo a sus encantos. Aunque siga pensando que jamás podrá sustituir a un libro de verdad y de hecho aún no haya sucumbido a él, considero que para ciertas circunstancias es la caña de España y parte del extranjero. Yo soy de las que viaja con el fondo de la maleta cubierto de libros, lo que no es precisamente práctico…
Por eso cuando Arturito afirma que “en un mundo razonable, la oposición entre el libro de papel y el libro electrónico no debería plantearse nunca. Lo ideal es que el segundo complemente al primero, llevándolo donde aquél no puede llegar”, siento que me ha leído el pensamiento.
Este juguetito me parece un invento útil y atractivo, pero solo circunscrito a un determinado contexto. “Con un libro electrónico, sea El Gatopardo o El perro de Baskerville, no puedo anotar en sus márgenes, subrayar a lápiz, sobarlo con el uso, hacerlo envejecer a mi lado”. Y lo entiendo como si lo hubiera parido, porque aunque suelo tratar bien los libros, me encanta apreciar en ellos esas huellas personales que deja el uso y el paso del tiempo, haciéndolos tuyos.
Pero tampoco creo que haya que satanizar el libro electrónico. “Porque leer no tiene que ver con eso. Me refiero a leer de verdad, en comunión estrecha con algo que educa tu espíritu, que te hace mejor y consciente de ti mismo. Que aporta lucidez, multiplica vidas, consuela del dolor, la soledad y el desamparo, aclara la compleja y turbia condición humana”. Y no sería capaz de expresarlo mejor…
Admito que hace unos meses estuve a pique de un repique, pero me frenó la sensación de ir contra mis principios. Soy una sentimental, lo sé… Aunque no sea comprable a un libro de papel, creo que lo importante es leer, como y donde sea. “El verdadero lector es capaz de seguir haciéndolo a la luz de una vela, de un encendedor, o a la luz de la luna llena reflejada en la arena de un desierto”. Así que nunca digas de esta agua no beberé ni este cura no es mi padre...

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