domingo, 5 de diciembre de 2010

Noviembre

Hay una edad, recuérdalo, lector, en la que sonríes vagamente, como si en el
aire flotaran besos; tienes el corazón henchido de una brisa perfumada, la
sangre late acalorada en tus venas, burbujea dentro de ellas como el vino en una
copa de cristal; te despiertas más feliz y más rico que la víspera, más
palpitante, más emocionado; dulces fluidos ascienden y descienden en tu interior
y te recorren deliciosamente con un calor embriagador.
La cita pertenece a “Noviembre”, de Flaubert. Yo diría que más que una edad es un estado emocional. El milagro es que exista alguien capaz de provocarlo. Por muy ficticio, unilateral y efímero que pueda ser, me parece lo más bonito del mundo…
Durante un paseo por el bosque, el protagonista rememora a la primera mujer de su vida. Quizás es excesivo señalar a la prostituta Marie como un boceto de Emma Bovary, pero ya se vislumbra el talento que eclosionaría después.
Hay sensaciones que marcan, momentos inolvidables, y personas a las que idealizamos porque un día nos tocaron el corazón. Ni siquiera el tiempo puede borrar esas huellas… El tiempo es precisamente el único que les da la dimensión correcta. Me gusta la volubilidad de los recuerdos, como van cambiando de color hasta adquirir el definitivo.
No hay duda de que, por la noche, los deseos solitarios se elevan y los sueños
corren a buscarse los unos a los otros. Uno suspira quizás por un alma
desconocida que, a su vez, en otro hemisferio, bajo otro cielo, suspira por
él.
Nunca me he detenido a pensar a donde van esos deseos solitarios que se elevan por la noche, porque creo que solo el hecho de formularlos los dota de sentido. Si encima confluyen, miel sobre hojuelas…
Había, como en los cuentos de hadas, una galería tras otra, donde los diamantes
rutilaban bajo el fulgor centelleante del oro, donde una palabra mágica hace que
las puertas encantadas giren sobre sus goznes y, a medida que avanzamos, la
mirada se zambulle en magníficos paisajes cuyo resplandor nos obliga a sonreír y
a cerrar los ojos.
Una preciosa historia sobre la nostalgia de la juventud perdida, los sueños, la pasión… que Flaubert escribió solo con veinte años. Ya prometía el muchacho…

No hay comentarios:

Publicar un comentario