martes, 28 de junio de 2011

Una no historia

Esta es la historia de una no historia. Es decir, de la historia que nunca escribí. En ocasiones visualicé retazos, pero fui incapaz de capturarlos, de hilarlos, de ponerlos por escrito. Quizás les faltaba algo, ese ingrediente que distingue un sabroso plato de otro que no lo es. Quizás me exigí demasiado, aspirando a unas cotas inalcanzables para mí.
Traté de aprovechar la inspiración pero desapareció antes de tiempo, como todo lo bueno. Me encontré con caminos cortados, señales engañosas, obstáculos insalvables… Supongo que me perdí en un laberinto.
Una siempre quisiera escribir la historia que le gustaría leer. A veces hasta la rozas con los dedos, incluso consigues colocar alguna de sus piezas. Lo difícil es terminar el puzzle. Al menos aprendes a ser más fiel a ti misma, a abstraerte en cierta medida de la opinión ajena. Constatas que escribir con aspiraciones es tan contraproducente como tratar de emular a quien admiras o creer que lo haces bien.
A veces tienes las historias delante y no las ves, como cuando la luna te deslumbra impidiéndote reparar en las estrellas. “El aire está cargado de historias, solo hay que saber escucharlas”, decía Isabel Allende. Y trasladarlas al papel, añadiría yo.
No sé a donde irán esas historias que se te escapan como el humo. Seguramente te dan la espalda, ofendidas porque no has sabido darles cuerpo. Y sus personajes no te perdonan que los hayas condenado al ostracismo. O a lo mejor, suspiran aliviados por no haber caído en tus garras…

El trigo verde


¿Morir? ¿Para qué?... Todavía no. ¿Tengo que irme al otro mundo sin haber
poseído de verdad todo lo que me está destinado?
Es de “El trigo verde” de Colette, una delicia de libro. No había leído nada suyo, pero llevaba tiempo tentada a raíz de los posts de Nanilla. Esa forma de diseccionar las emociones de los personajes me ha dejado alucinada.

Vinca se sonrojó, reclamó para ella sola la vergüenza de estar enamorada, el
tormento del cuerpo y del alma, y abandonó esas Sombras vanas para reunirse con
Philippe en un camino en el que tapaban sus huellas, donde sentían que podían
sucumbir bajo el peso de un botín demasiado pesado, demasiado rico y demasiado
pronto conquistado.
Narra un amor adolescente en la Bretaña francesa, donde el paisaje marítimo es un personaje más y el final del verano se cierne como una amenaza. No hace falta echar la vista atrás para entender la ansiedad y el desconcierto que impregnan esa edad en la que el horizonte promete aunque aún no sepas ni quien eres.

Se quedó callada y Philippe notó, en las pupilas azules, en las frescas mejillas
infantiles de su amiga, un tono nacarado, los surcos de las lágrimas nocturnas
del insomnio, ese reflejo satinado, color de luna llena, que solo se ve en los
párpados de las mujeres condenadas a sufrir en secreto.
Vinca y Phil se gustan, se quieren, pero son víctimas de los desencuentros, la nostalgia, el miedo que les provoca esa sensación que los embarga. Y no se me ocurre una forma más poética y certera de expresarlo…

Para sus idilios y sus dramas buscaban la seguridad en medio de un prado
abierto, en el borde de una roca o en el hueco de una ola.
Una autora para reincidir, para bebérsela a sorbitos lentos…

Pasiones


Es extraño a donde nos llevan nuestras pasiones, persiguiéndonos como un azote,
obligándonos a aceptar sueños indeseables, destinos inoportunos.
“Música para
camaleones”. Truman Capote
Y me parece tan cierto como que el sol saldrá mañana… (un sol de verano) El que más y el que menos se ha visto sometido a su tiranía, siendo arrastrado hasta costas insospechadas como un velero a la deriva.
Porque es un sentimiento que discurre por sendas divergentes a las de la razón, que llega sin pedir permiso alterando nuestra trayectoria, llenándonos la existencia de brillos que a veces deslumbran más de la cuenta.
Aunque si soy sincera, no quiero una vida opaca…

Los colores de la paleta

Llevo unos días dispersa y acelerada, así que no carburo bien. Ni siquiera sé lo que quiero contaros… Pero como no tengo un querido diario al estilo de Ana Frank, aquí me tenéis divagando…
He necesitado leer dos veces las mismas páginas de un libro y encontrarme con otro que llevaba años esperándome para darme cuenta de que no era eso lo que me apetecía leer. Y es que los libros tienen su momento, ellos te lo dicen aunque no siempre los escuches…
Vuelvo a constatar lo mucho que me cuesta escribir por encargo y a contrarreloj. La musa se me rebela… no basta que ponga toda mi ilusión, las palabras son anárquicas y se niegan a ordenarse. Pero me consuela que hasta un genio como Truman Capote padeciera los mismos conflictos que el resto de los mortales: “Un escritor debería tener todos sus colores y capacidades disponible en la misma paleta para mezclarlos y, en casos apropiados, para aplicarlos simultáneamente. Pero ¿cómo?”. Pues si no lo sabes tú…
Por suerte está el filtro del cariño… igual que cuando lees a alguien a quien quieres no puedes evitar hacerlo con buenos ojos, lo que escribes para alguien a quien quieres lleva implícita esa mirada amable que flota sobre la calidad literaria.
Y sigo preguntándome si desterrar los pensamientos que me hacen daño es cobardía o inteligencia…
Escucho eso de “Tú eres la única verdad de este mundo” y se me acelera el pulso aunque no sea yo la destinataria…
Contemplo la luna llena y le pido deseos que sé que no me concederá…
Me regodeo en los recuerdos que me ha despertado un finde maravilloso… y sonrío mientras hago alquimia con la mente para tratar de serenar mi espíritu, acometer mis dos encargos, buscar tiempo para tantos asuntos pendientes que me reclaman atención… mientras pienso que seguramente ahí está la clave: en saber mezclar los colores de la paleta.

Viajar al pasado


Y mientras abajo las ruedas traqueteantes corrían hacia un porvenir todavía
invisible que reservaba a cada cual algo diferente, los pensamientos de los dos
flotaron en sueños regresando al pasado.
Viaje al pasado. STEFAN ZWEIG
Es de esos libros que cuando encuentras no puedes dejar de llevarte, aunque ya lleves más de los que la prudencia aconseja. Te dices a ti misma: “es pequeñito, casi no cuenta…”, con esa autoindulgencia que tan bien conoces. Porque las ferias del libro dan carta blanca… Porque sabes que hay autores que nunca defraudan, historias que hueles desde lejos e intuyes que te acelerarán el pulso…
Un amor que surge en circunstancias inadecuadas, una guerra y muchos kilómetros de por medio, un reencuentro. Y hasta ahí puedo leer…
Admiro esa capacidad de Zweig para expresar sentimientos universales de una forma tan gráfica, tan poética...
a pesar de la irresistible pasión que dominaba sus sentimientos, filtrándose en sus sueños…
solo sus miradas se besaban…
la sed de sus palabras…

Porque a veces la pasión se filtra en tus sueños aunque tú no quieras, las
miradas se besan sin que se ejecute el menor movimiento… la sed de palabras es
tan grande que te seca la garganta y de paso el corazón…
También los sueños, que parecen no ser de este mundo, necesitan alimentarse de sensaciones, el sostén de la ternura y de lo palpable, de otro modo su sangre y su intensidad pierden brillo.
Me encanta la visión retrospectiva, las cuentas pendientes (aunque me pregunto hasta que punto merece la pena saldarlas), el efecto del tiempo sobre lo que un día enajenó tus sentidos…
Una joyita…

Sentidos (y sensibilidades)

Es todo lo que soy, una vieja máquina de escribir. Un artefacto metálico y pesado de teclas anquilosadas. Mi destino está cumplido, ya he caducado. Pero un día fui un instrumento útil. O al menos, así me sentí. Porque hice feliz a esa niña que me recibió como regalo de cumpleaños. En mí escribió sus primeros cuentos, dando sentido a mi existencia.
Luego las mareas del azar me llevaron con ese pobre estudiante que tuvo que ahorrar durante meses para llevarme a su pequeña habitación alquilada del casco antiguo. Apenas si tenía para calentarse en las frías noches de invierno, pero cuando tecleaba su alma ardía como una chimenea.
Más tarde me acariciaron las cansadas manos de un anciano, que me utilizó para contar su vida. Había oído decir los auténticos escritores son los que escriben a máquina, y eso era exactamente lo que él quería ser.
Después de tanto ir y venir, de tantas palabras impresas, de tantas historias con el mismo olor a tinta que me ha acompañado desde el inicio de mis días, he acabado en este polvoriento almacén de reliquias en el que tus ojos se han posado sobre mí. Y quizás, si así lo quieres, aún pueda volver a hacer lo único que sé hacer…

Para E., que me ha pintado una sonrisa en el corazón dándole un nuevo sentido a mi vida.

Ay, amor, deja el balcón abierto del corazón

¿Y que le voy a hacer yo? Si llevo el dramatismo lorquiano en las venas… ¡Ay que trabajo me cuesta quererte como te quiero! Me gusta la tragedia en todas sus manifestaciones, y no puedo evitar mirar el mundo desde esa perspectiva aunque me haga “de sufrir”. Soy coplera, teatrera y novelera (a mucha honra), adicta a las historias “desgarrás”. Lo que yo te diga, corazoncito sin trampa…
La pena penita pena, los amores “desgraciaos”, el ay que me muero de quererte tanto… y un arraigo a mi tierra que no se puede explicar con palabras… por eso me encanta ese pedazo de poeta que fue Carlos Cano. Rescató la copla del olvido y escribió letras maravillosas que me hacen suspirar como si hablaran de mí…
Fado por que me faltan sus ojos, fado porque me falta su boca, fado porque se fue por el río, fado porque se fue por la sombra…
Almohadita pa soñar, agüita para mis labios, ilusión para engañar hasta al propio desengaño…
Ay novio marinero, ay capitán de mi puerto, que blancas son las velas de tu goleta, que secretas las penas de mi pañuelo…
Hoy recuerdo aquel cielo de luna y amor, y la flor de aquel tiempo me llena de viento todo el corazón…
Como una golondrina por el mar se perdió, como una golondrina el amor se llevó, y me dejó el dolor para cantar, y la luna de Abril para olvidar…
Ay, amor… amor que se fue y no vino, por el aire se perdió, como los suspiros de mi corazón…
Y en la noche perdida, por el mar de los sueños, navega a la deriva esta canción…
Granada sigue en deuda contigo, Carlos… ya sabes que es flor de olvido… que vive sola por culpa de sus espinas…

Mi casa es tu casa

No era un pueblo con mar, ni después de un concierto. Ni siquiera era un pueblo bonito… Pero había conseguido un trabajo allí, todo un reto para una extranjera inquieta como ella. La gente era encantadora, y la recibió con los brazos abiertos. Un futuro prometedor se extendía ante sus ojos…
Estaba recién instalada cuando una de sus recientes amigas le dijo:
- Esta noche hay fiesta en tu casa.
Hizo un esfuerzo para no revelar su desconcierto. Debía ser una costumbre local… Y se habían portado tan bien, que no escatimaría en retribuirlos.
Limpió a fondo su nuevo hogar, lo decoró con flores, y preparó varios platos típicos de su país para deleitar a sus invitados. Se arregló a conciencia. Pero el reloj iba marcando minutos y no llegaba nadie… Aquello parecía una broma de mal gusto. Trató de serenarse. Ya sabía que la puntualidad no se encontraba entre las virtudes de los habitantes de esas tierras… Se sirvió una copa… empezó a picar… No entendía nada.
A la mañana siguiente fue a ver a su amiga en busca de una explicación. Antes de que pudiera articular palabra, esta le preguntó:
- ¿Qué te pasó anoche? No viniste a tu fiesta…

El discurso de la Matute


El que no inventa, no vive.
ANA MARÍA MATUTE

No lo leí en su momento… y no porque no me alegrara infinitamente de este Premio Cervantes, sino porque no cayó en mis manos. Por suerte, hace poco alguien me dijo que debía leerlo y me pasó el artículo de “El país”.

Preferiría escribir tres novelas seguidas y veinticinco cuentos, sin respiro, a
tener que pronunciar un discurso por modesto que este sea.
Y ese pánico escénico de la gran escritora me pareció enternecedor… porque transpira humildad, humanidad, honestidad.

Desde aquel día que oí por vez primera la mágica frase: “Érase una vez…” y
conmovió toda mi pequeña vida.
Cuantos nos hemos dejado arrastrar por la magia de un cuento, hasta el punto de desear contar una historia de ficción con trocitos de realidad capaz de emocionar a alguien…

La literatura ha sido el faro salvador de muchas de mis tormentas.
Y sonrío ante esta frase, que parece un espejo de mi alma…

Entonces parecía llenarse de magia la habitación a oscuras de los niños. Niños
asombrados –como cuando en cierta ocasión, vi surgir, al partir un terrón de
azúcar en la oscuridad, una chispita azul-, algo que me reveló que yo sería
escritora o que ya lo era.
Hoy día hay tanto premio chanchullero, que cuesta separar el polvo de la paja. Ya sabemos lo complicado que es hacerse un hueco en el oficio literario, por eso la capacidad de mantenerse y ser consagrado me parece todo un logro. Me encanta cuando se premia la trayectoria de alguien en vida, que es cuando los premios tienen sentido. Y cuando es tan merecido, todavía más.

Si en algún momento se tropiezan con una historia, o con alguna de las criaturas
que trasmiten mis libros, por favor, créanselas. Créanselas porque me las he
inventado.

A pies juntillas, querida Ana María…

Pedro Páramo ya no vive aquí (o la historia de un robo inconsciente)

Pues sí, era uno de esos libritos que te dejan en algunos hoteles para ayudarte a coger el sueño. El título que me trasladó a Comala, me hizo sonreír… y di por hecho que era un obsequio al igual que los productos de higiene. Cuando descubrí mi error, ya estaba muy lejos de allí. Con el libro en mi maleta, claro…
México puede ser indescifrable. Así pensamos muchos de quienes aquí nacimos y seguimos viviendo, y eso hemos aceptado, impávidos, con nuestros ojos habituados a mirar lo inaudito como si fuera lógico, como si el tiempo lo volviera invisible.
El periodista Paco Nadal narra un recorrido apasionante, haciéndote partícipe de sus vivencias. Me lo reservé para leerlo en México. ¿En qué mejor lugar?
Adoro los libros de viajes (más que las guías). Supongo que porque no imagino una vida sin viajar… porque me animan a conocer sitios nuevos y disfruto al descubrir en ellos referencias familiares.
El periplo comienza en Chiapas, el estado más indígena y olvidado de México, en plena revolución zapatista. El sueño del subcomandante Marcos… Si ya me moría por visitar San Cristóbal de las Casas, ahora es un objetivo vital.
Sus calles empedradas con casitas de planta baja y tejado rojo aparecen salpimentadas con multitud de capillas y templos barrocos. La plaza principal es el Zócalo, epicentro emocional de esta urbe de ritmo pausado y calores tropicales.
De ahí pasamos al DF, una megalópolis en la que aún perviven rincones capaces de trasladarte a una época dorada.
Hasta la revolución la ciudad de México fue una urbe tranquila y provinciana con avenidas flanqueadas por árboles, edificios e iglesias coloniales que parecían pasteles de primera comunión, como describe Ángeles Mastretta en “Arráncame la vida”, tranquilos paseos y placitas somnolientas.
Visitando pueblecitos mágicos anclados en el tiempo…
En Real de Catorce no hay ni una sola construcción que haya alterado el urbanismo y el espíritu original del pueblo minero del siglo XVIII.
Hasta llegar a las Barrancas del cobre, el escenario transitado por Pancho Villa y los buscadores de oro…
A ambos lados se elevan poderosas agujas de roca. Conforme el tren juguetea más y más con el abismo, me pregunto a qué loco se le ocurriría trazar una vía férrea por semejante lugar.
Al terminar sentí lo mismo que hace unos años, con “Amor América” de Maruja Torres. Que sería feliz si pudiera dedicarme a viajar y escribir crónicas de mis viajes…

El baile de la Nemirovsky

Un baile… Dios mío, Dios mío, ¿sería posible que hubiera, a dos pasos de ella, una cosa espléndida que ella imaginaba vagamente como una mezcla confusa de música frenética, perfumes embriagadores, trajes deslumbrantes y palabras de amor cuchicheadas en un gabinete apartado, oscuro y fresco como una alcoba… y que ella estuviera acostada, como todas las noches, a las nueve, como un bebé...?
Es un extracto de “El baile”, de Irene Nemirovsky. Nunca había leído nada de esta escritora, y ya me ha ganado para los restos. Lo divisé en las estanterías de Sanborns, en México. Aunque me entró por el ojo al instante, pensaba visitar otras librerías y tuve que ser selectiva. Mi última tarde allí, volví a encontrarme con él. La excusa de gastar los pesos que me quedaban era incuestionable… Así que esta vez se vino conmigo para amenizarme el viaje de vuelta.
Tenía catorce años, era una jovencita, y en sus sueños, una mujer amada y hermosa… Cuando tuviera quince años, el sabor del mundo habría cambiado…
Si me atropellara un coche, ¿lo oirían al menos?
Que fácil es empatizar con Antoinette, entender sus fantasías adolescentes, su desencanto, su rabia…
Que sepas, niña, que apenas he empezado a vivir yo, ¿me oyes?, yo, y que no tengo intención de preocuparme tan pronto por una hija casadera...
¿Cómo no odiar a una madre así? Tan egoísta, tan frívola… una nueva rica cuyo mayor anhelo es figurar en la sociedad parisina de principios de siglo...
El convencimiento de que la codicia de los Kampf merece la venganza de su hija Antoinette me hizo esbozar una sonrisa cómplice. Más que pensar que lleva los genes de su madre, pensé que sentirse ninguneada puede ser peligroso… Que los demás pueden sacar lo peor de ti…
Me encanta ese estilo incisivo, cercano al de Roald Dahl. Y la forma de dibujar a los personajes. Es un libro que se lee en un suspiro. Que te deja con ganas de más… Ya en Madrid tuve en mis manos “Suite francesa” y estuve tentada de comprarlo, pero mi equipaje se rebelaba a gritos. Así que tendrá que esperar (un poquito). Igual que “Nieve en otoño”…
Una delicia, bailar con la Nemirovsky…

Nunca olvides que te quiero

Parece ser que a veces se sueña lo que más se desea en el mundo.
Lo primero que me enganchó de este libro fue el título, porque me encantaría decírselo a alguien (aunque en realidad preferiría que no fuera necesario). También me encantó el dibujo de la portada, al estilo burtoniano del de “La mecánica del corazón”.
Madi me trajo a la memoria a Paloma (“La elegancia del erizo”), otra niña de inteligencia y sensibilidad extraordinarias. E incluso a Mick, de “El corazón es un cazador solitario”. Solo alguien como ella podría enfrentarse a una situación como la que le toca vivir…
Me quedo con su amor incondicional por Stanislas, un amor condenado al fracaso pero que se convierte en una tabla de salvación y se fortalece con los años. Al fin y al cabo es más importante lo que se da que lo que se recibe, aunque cueste dar sin esperar recibir en la misma medida. Y a veces, solo a veces, llega a buen puerto.
Tenía la ilusión de que a la larga el amor actuaría por contaminación, como un maravilloso virus que fagocitaría sus dudas para hacer hueco al idilio unificador que yo imaginaba.
Con su cuaderno mágico, en el que se refugia de una realidad hostil… La imaginación como mecanismo de supervivencia…
Porque las cosas puestas en frases es como si fueran menos graves: si se acuestan sobre papel, las angustias que te roen estilo hamster diabólico se transforman en cosas materiales que cuando uno quiere puede romperlas.
Me quedo con las entrañables cartas de su madre, que la mantienen viva a pesar de la incertidumbre… ¿Quién no ha escrito cartas a sabiendas de que nunca llegarían a su destinatario? Y sin que eso le importe lo más mínimo…
Y con la tercera voz, la de ese pobre hombre enamorado que no es consciente del daño que hace… y que me recordó al Ricky de “Átame”.
Al final va a resultar que sí es el amor lo que mueve el mundo… Un libro precioso, degustado en la dirección del sol, entre un mar de nubes de algodón…

Mi México lindo

Fue entrañable recorrer de nuevo lugares tan queridos y familiares… Pasear por el centro histórico de la ciudad de México una cálida mañana de domingo, desayunar en el Sanborns de los azulejos y llegar hasta el zócalo escuchando la música de los organillos callejeros. Sonidos y olores conocidos, un par de museos increíbles, un regalo inesperado. Me faltó una noche mariachi en Garibaldi, pero no se puede tener todo...

En la Ciudad de las Rosas (Guadalajara) me esperaba un comité de bienvenida que me demostró que los afectos se mantienen intactos. Abrazos y más abrazos de los que jamás doy en España… Fuimos a Tequila, un pueblecito de fisionomía colonial en medio de un mar de agave (la planta de la que se extrae el tequila), lleno de destilerías como la de José Cuervo. El día del mercado fue especial, como los desayunos en el café “Madoka” o las cenas en “El vitral”. Querida Aura, me faltan las palabras para expresar mi agradecimiento…

Aunque en el trayecto viví un episodio que es mejor no recordar, Uruapan (Michoacán) fue una agradable sorpresa compensatoria. Tanto el mercadillo de artesanías como el Parque Nacional, donde la vegetación exuberante y el sonido del agua evocan el paraíso. Para perderse y que no te encuentren…

Mi ranchito… Que aunque no derroche encantos turísticos tiene rincones preciosos como esta plaza. Solo estuve un par de días, porque no requería más. Visitar mi antiguo centro de trabajo me removió una época de momentos felices, que el reencuentro con los amigos consiguió resucitar como si no hubieran pasado dos años…

Antes de subirme en el avión me acerqué a conocer la Villa de Guadalupe, un complejo turístico-religioso entorno al mayor icono mexicano. La basílica antigua, las capillas y el museo me fascinaron. Los ríos de peregrinos, el merchandising y los bailes rituales son un espectáculo digno de verse.

Y en Madrid, varios reencuentros felices pusieron el broche de oro a este maravilloso viaje a un pasado muy presente.

Volver

Volver a México lindo es un sueño reincidente hecho realidad. Ya sé que dicen que segundas partes nunca fueron buenas y que al lugar donde has sido feliz no deberías volver. Pero es que resignarme a no ver más “mi tierra mexicana” es algo que duele solo de imaginarlo…
Sé que no será lo mismo (porque entre otras razones yo no soy la misma), pero me dejé algo allí que espero recuperar. O al menos constatar su buena salud para quedarme tranquila… Algo que tiene que ver con la amistad, con la independencia, con una cercanía más allá de los kilómetros.
Los recuerdos se agolpan reclamando su lugar, obligándome a evocar momentos felices, paisajes familiares, lecturas, imágenes, y una sensación que me sacude de la cabeza a los pies como un vendaval. Actos tan simples como jugar una partida de billar o desayunar tortas ahogadas cobran un significado especial.
Este año tenía que ir… Lo supe el uno de Enero cuando una fragancia me transportó a mi México querido. No es que fuera un propósito, sino una evidencia. Añoro mi ranchito, sí. El acento, los sabores, la calidez. Hasta tengo ganas de volver a probar una de esas salsas endiabladas con las que se te saltan las lágrimas. Sueño con pasear de nuevo por el zócalo, ver los frescos de Rivera del Palacio de Gobierno, entrar a la Librería Ghandi, desayunar en Sanborns, tomar el aperitivo en el Café de la Ópera, visitar la Pinacoteca Virreinal y otros museos que quedaron pendientes… Y mucho más. Volver a la Ciudad de las Rosas donde me esperan “mi hermanita” y un chingo de divas cabronas… Sentir que nunca me fui, que el tiempo quedó detenido en esa época maravillosa.

Querida Ana

(Para Nanilla)

Hay ríos metafísicos, ella los nada como esa golondrina está nadando en el aire,
girando alucinada en torno al campanario, dejándose caer para levantarse mejor
con el impulso. Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los
nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina…
Rayuela. JULIO CORTÁZAR


Hoy quiero regalarte alguna sonrisa, porque tú me has regalado muchas… Mi deuda contigo es ya impagable. ¿Lo mejor? ir conociéndote día a día, disfrutando de esos trocitos tuyos, a cual más precioso…
Una maleta cargada de libros, la mágica historia de “tu Manon”, tu manera de describir “El Guernica”, esa “Insoportable levedad del ser” ya siempre asociada a ti, como el olor a jazmines de una reina, la cocina de Banana, tu tocaya la Karenina, las divas en blanco y negro, Shakespeare en el avión, las magdalenas mojadas en té, un zapatito de bebé… tantas y tantas imágenes bajo la luz de tu mirada, porque le das a todo lo que tocas un brillo especial.
Me has descubierto películas maravillosas, me has enseñado a ver a Marilyn con otros ojos, a jugar a la rayuela… Gracias a ti he vivido en una buhardilla parisina, he sido cantinera, me he dejado deslumbrar por la pálida luz de la inconstante luna y por los diamantes de Tiffany´s…
Te doy las gracias por tantos poemas en los que me he visto reflejada, por compartir tus fotos artísticas (lo son, te lo digo yo…), tus estrenos de ópera, por los cuentos, las nanas, los clubs, los tequilas, nuestras discusiones sobre arte… Por ese increíble don para hablar de cualquier historia y conseguir que todo cristo quiera leerla, o la portentosa habilidad de elegir las mejores citas…
Por los momentos inolvidables, fuera y dentro de la pantalla…
Mil gracias por compartir conmigo “un día perfecto”, de esos que hay pocos… Por la familiaridad, las referencias comunes que resultan tan reconfortantes, por las cosas bonitas que guardo como un tesoro, por esa forma de expresar sentimientos que me inspira tanta ternura…
¿Sabes? Cuando me siento mal leo algo tuyo, y siempre tiene un efecto balsámico. Eres Maga, sin duda… Y hada acaramelada…
Adoro esas dos estrellitas que ya habitan en mi alma. Creo que nunca te he dicho lo que más me gusta de ti… (ya va siendo hora, ¿no?) Es esa devoción incondicional con la que hablas del jefe, de tu mami, de Nonó y de Niní.
Llevo tu corazón. Llevo tu corazón conmigo (lo llevo en mi corazón)
¿Cómo podría yo retribuirte? Quisiera capturar con un cazamariposas las palabras más bonitas del mundo para ponerlas a tus pies, guardar la luna en un botecito de plata y regalártelo, chantajear al pozo de los deseos para que hiciera realidad todos los tuyos…
En tu casa es donde más en casa me siento. No es que esta playa esté indisolublemente unida a ti… es que para mí, esta playa eres tú.
El día en que tú naciste, nacieron todas las flores
y en la pila del bautismo, cantaron los ruiseñores…
Feliz cumpleaños, mi niña…

Filantropía

- Siempre he querido cometer un crimen –comentó despreocupadamente, como quien comenta que hace un buen día.
- Desde luego, hija, tus aspiraciones no son las de todo el mundo…
- No, ¿verdad? –dijo con una escalofriante sonrisa de orgullo.
- Pues a mí no me mires, que tengo previsto vivir unos añitos más.
- ¿Crees que soy lerda? Me trincarían enseguida…
- Si es por eso me quedo más tranquila… ¡Ains, que bonita es la amistad!
- Lo tengo todo pensado…
- Ya sabía yo que tanta novela de Agatha Christie no podía ser buena…
- Me he convertido en una experta en venenos... que el gore solo me gusta en las pelis de Tarantino… Elegiría a una víctima que no pudieran relacionar conmigo y no cometería el error de volver al lugar del crimen como hacen los asesinos chapuceros…
- Mari, me estás dando miedo…
- Si no pienso dejar cabos sueltos… Tú tranqui, que no tendrás que ir a verme al talego…
- ¿En serio me dices que quieres cargarte a una persona?
- ¿No te lo estoy contando?
- Eres un monstruo, tía… Aléjate de mí ahora mismo…
- ¿No has visto “Arsénico por compasión”? Esa en la que las tías de Cary Grant se cargan a los infelices… pues yo sería una asesina filantrópica, como ellas…
- La madre que te parió… ¡Si quieres ayudar vete a un leprosario!
- Que desgraciaicos parecen, ¿no?
- Pues tú como si no lo parecieran… cacho loca… que estás pa atar…

Mis noches cantineras

Entra el gordo Miraflores, sonriente como cada noche. Se aproxima con paso decidido y me dirige el saludo de rigor, antes de ocupar su mesa. Al fondo Pancho y Alicia discuten, seguramente porque ella está hasta ahí mismo de los celos de él, aunque si un día no fuera a esperarla a la salida del trabajo le darían los siete males… Dentro de un rato se comerán a besos y saldrán abrazados. No tardarán en aparecer la Lupe, una belleza ajada con pinta de cabaretera venida a menos, o Rodrigo, que parece un narco pero solo trafica con esos ojos verdes que le han tocado en suerte y ya tiene más que rentabilizados. Cuando le parten el corazón se bebe hasta el agua de los charcos, con una vulnerabilidad en la mirada que jamás imaginarías cuando está sobrio…
La barra es el mejor observatorio… Y no es que me guste meter las narices en la vidas ajenas, sino que una se acaba enterando de todo aunque no quiera. La línea entre cliente y amigo se difumina después de las tres copas, descorriendo las cortinas del alma. Una cantinera debe saber escuchar… ser pródiga en sonrisas e invitaciones. Me gusta mi trabajo, porque contribuye a la felicidad de las personas.
Aquí la gente viene a divertirse, a relajarse, y algunos incluso a desahogarse. Entre estas cuatro paredes no hay prisas ni más malos rollos que los que cada cual se busca… Corre el mejor tequila del mundo y solo suena José Alfredo, Chabela, Vicente Fernández, Negrete, Solís, Infante o Paquita la del Barrio. Quien busque chin chin pun se equivoca de local… Mis parroquianos tampoco quieren intrusos discordantes. Noto como se incomodan cuando alguien pide un refresco o se queja del monotemático repertorio musical.
Y aunque no quieras, pronunciar mi humilde nombre, de cualquier modo, yo te seguiré queriendo…
Hay visitas que alegran la noche. Saben que en mi cantina siempre son bienvenidas, que jamás les faltará una mesa, un tequila, ni mucho un hombro sobre el que apoyarse. La ranilla tequilera, la mejor detective del mundo mundial, la dulce dueña del club de jazz, la diva más cabrona… viejos y muy queridos amigos que con su presencia hacen que esto sea mucho más que un negocio, convirtiendo una simple cantina mexicana en una fábrica de sueños.
El próximo tequila, va por vosotros…

lunes, 28 de marzo de 2011

Tinta verde esperanza


No suelen ser hechos transcendentes, sino simples momentos tan insignificantes para cualquier otra persona como especiales para uno mismo: el primer “te quiero”, la muerte de un familiar o la muerte de un ser querido, la frontera que traza el primer “usted”, el temblor de piernas incontrolable tras un accidente, las noches pasadas en un hospital prometiendo cosas a un dios que después olvidas, el primer beso en los labios o el primer beso en la boca -nunca es lo mismo-, la peor discusión con tu mejor amig@, ver tempranear el sol, la cicatriz más grande del cuerpo, el brotar de una vida, las noches en casa de los abuelos, descubrir que una pesadilla ha sido una pesadilla o la primera vez que comprendes que siempre que alguien quiere comprar hay alguien que, al final, vende.
Así empieza “El bolígrafo de gel verde”, de Eloy Moreno. Un libro increíble, una grata sorpresa… Esto es para mí hacer literatura, el sueño perseguido. Conseguir expresar esos pequeños detalles que forman la vida de una persona en los que cualquiera puede verse reflejado…
Para quien lo ha sentido no hace falta que lo describa, para quien no lo ha vivido no le servirá de nada que lo haga.
El trasfondo es amargo, como la vida misma. Pero ese soplo de color verde esperanza puede cambiarlo todo… Y no cuento nada más, porque merece ser descubierto como si de una matroska rusa se tratara… paso a paso…
Hay relaciones especiales con personas y también hay relaciones con personas especiales. No hay diferencias, ambas te dejan huella, ambas te dejan un recuerdo para toda la vida.
Este libro tiene una historia paralela que también me encanta… Su autor, un chaval desconocido en el panorama editorial, pensó que el fin de todo libro es ser leído. Así que lo autoeditó y se dedicó a promocionarlo personalmente por las librerías. Hasta que Espasa se interesó en publicarlo, premiando su tesón. La vida se puede escribir con tinta verde esperanza... Denunciar

Como cada primavera

Ya lo huelo en el aire. El calor del sol, la vida resurgente y esa paleta de colores que lo invade todo me avivan la memoria adormilada… Como cada primavera, vuelvo a ti. A tu rincón, a nuestros recuerdos. Y sigo mi ritual silencioso, con metódica minuciosidad. Me cuelo en tu estudio como la luz por las rendijas, con el alma a flor de piel. Te veo con el pincel en la mano, totalmente abstraído. Tu sonrisa se dibuja en el momento en el que descubres mi presencia... y ese gesto furtivo dibuja la mía. Quito las telarañas, sacudo el polvo, sustituyo las flores marchitas por unas frescas. Todo debe permanecer en el mismo lugar, tal y como tú lo dejaste. Como si fueras a volver… Descorcho una botella de vino, de ese que tanto te gustaba, y brindo con tu autorretrato. Como cada primavera…

Charlas con mi librero

No es ni de lejos la mejor librería de mi ciudad, de hecho es más bien una papelería… pero la frecuento más que ninguna otra porque me pilla del camino al trabajo. Así que el dueño ya es amiguete… J. es un tío joven y bien plantado, al que le gusta el trato cercano con el cliente igual que a mí. Además, me consigue todo libro conseguible y encima me hace descuento. Hace poco estuvo malillo, y aunque su mujer es tan encantadora como él, lo eché de menos. Y eso que ella también me hacía descuento… Por lo general paso con prisa y no me puedo entretener más de dos o tres minutos, pero a veces salgo de casa con antelación premeditada y me puedo permitir un ratillo de charleta. Por suerte, a esa hora no suele haber clientela. J. me pregunta por mi trabajo y me cuenta que son malos tiempos para el negocio editorial. Las novedades apenas se venden. Este año, el Premio Planeta ha sido un fracaso. Y esos libros tan ligeritos que sacaron hace poco promocionándolos como “el auténtico libro de bolsillo” se van a pique. Yo le digo que a mí me encantó el formato, pero que no compré ninguno porque no me molaban los títulos que sacaron. Y él me informa impotente de que pensaban sacar más… Pensaban… Le comento que además de la crisis que azota los bolsillos, es que la peña no está por la labor de leer. Que una reciente encuesta afirma que tres de cada cuatro españoles no leen ni un libro al año. A J. le cuesta entender que en Sudamérica se lea más que en España. Yo le digo que es una cuestión cultural, de hábitos. Que los niños leen cada vez menos. J. me cuenta que cuando van buscando una lectura obligatoria (son las únicas que buscan), eligen siempre la que incluya más dibujos. Y menos texto, claro… Nos reímos. Él tiene uno rubio como un querubín que no lo veo yo tentado por la letra impresa, pero que lanzando avioncitos de papel es un fenómeno. Cuando entra alguien o se me hace tarde me despido con un “me paso en un par de días o la semana que viene”, según lo que vaya a tardar mi pedido. Y tal vez, con suerte, podamos marujear un rato…

Abismos

Había estado un par de veces en esa casa, pero era tan laberíntica que no podía resultarme familiar. El ambiente a esas horas era caótico y enrarecido, en progresiva degeneración. Sonaba “Don´t get me wrong” y ya iba por el tercer cubata, cuando descubrí su presencia. Lo admito, mi corazón anestesiado dio un vuelco. La vida está llena de jodidas trampas, y se ríe a carcajadas cada vez que caemos en una de ellas. Había desaparecido aún antes de que yo me fuera al extranjero. Sin una discusión, sin un reproche. Simplemente poniendo distancia, que es el mayor abismo entre dos personas. Nunca entendí por qué… si nos lo contábamos todo, habíamos compartido tantos buenos ratos, parecíamos inseparables... Yo jamás le pedí “algo más”, porque no lo necesitaba, y porque hay cosas que no se pueden pedir. Un buen día, ese equilibrio se fue al carajo, demostrándome que no era tal. Su ausencia se clavó como un estoque, llenando mi alma de escarcha. La incertidumbre es la peor angustia, la más dolorosa. Y trae encadenada una absurda culpabilidad. El tiempo curó la herida, dejando una hermosa cicatriz. Quizás por eso cuando se acercó a mí, mirándome exactamente igual que la primera vez, y se limitó a preguntarme: “¿Nos vamos?”, le contesté, sin atisbo de rencor: “Vete tú si quieres”.

Un baño de burbujas

Es uno de los métodos de relajación más eficaces que conozco... El agua caliente actúa como un bálsamo sobre los músculos, y sus vapores ayudan a limpiar el alma de toxinas. Durante la inmersión puedes dedicarte al noble arte de no pensar en nada, una experiencia tántrica sin igual. Al tiempo que se ablanda la piel, se ablandan las neuronas dejando fluir las ideas. Suele ser un baño con mala conciencia, por aquello de la sequía… pero ya sabemos que todo lo bueno es ilegal, inmoral o engorda… Recuerdo esa preciosa cabaña de madera eslovenia, el mejor refugio para una noche de tormenta. Hasta toalleros con calentador tenía… Y yo que pensaba que la antigua Yugoslavia sería tirando a cutre… Hay baños en los que apetece meterse, aunque no siempre acompañen las circunstancias. Nunca he sabido leer dentro del agua. Quizás es el temor a mojar las páginas de un libro, o a que se me resbale de las manos y se ahogue como el Titanic. Ni siquiera una carta como hace Zooey en “Franny y Zooey” de J.D. Salinger. Además, esa concentración rompería el momento zen. La variante de velitas y un martini al lado no deja de ser tentadora, pero es más apropiada para disfrutarla en pareja. Hay que desconectar el teléfono, porque eso de que te estén dando el coñazo le quita el encanto. Es la ocasión perfecta para darle uso a todas esas sales y aceites que te regalaron por Reyes para ponerte estupenda de la muerte… Para cuidarte un poquito y regalarte un remanso de paz que alivie las tensiones. Cuando sales, arrugada como una pasa pero más suave que un guante, has dejado parte de tu cansancio y tus malos rollos en el agua que se cuela por el sumidero. Un baño no te va a solucionar tus problemas, pero quizás te ayude a enfocarlos de otra manera…

Almudena

Me gustas mucho, desde hace mucho… como dice la canción. Leerte es como volver a casa, como reencontrarse con un viejo conocido y sentir esa familiaridad tan reconfortante. Llegué a ti a través del cine, y no tardé en descubrir lo cinematográficas que eran tus novelas. Profundas, visuales, con personajes de carne y hueso moldeados por tu lúcida mirada. La primera vez que te vi, dando una de esas conferencias que se te quedan ancladas en la memoria, yo era una estudiantilla recién iniciada en este mundo que me absorbió sin pedir permiso. Confesaste que te habías licenciado en Geografía e Historia, que habías empezado trabajando en una editorial de enciclopedias. Ya eras una escritora consagrada, y sin embargo no había la menor prepotencia en tus palabras. Por el contrario, tu tono era cercano y confidencial. Te he visto varias veces por mi ciudad, a la que sé que te unen estrechos lazos. Tu lealtad a nuestra feria del libro le da un brillo especial. No olvidaré esa calurosa mañana en la que llegué la primera a tu stand, con “Los aires difíciles” bajo el brazo. Y charlaste conmigo con la amabilidad que te caracteriza. Cuando una querida amiga me regaló “Modelos de mujer” no pude evitar esa sonrisilla que producen los gestos de complicidad y la capacidad adivinatoria de algunas personas. Creo que te mencioné en mi debut en esta playa, fascinada como estaba con la reciente lectura de “El corazón helado”. Este mismo sendero de arena me llevó de nuevo a tu “Atlas de la geografía humana”, como si supiera que no lo había saboreado debidamente. Volver a disfrutar de tu prosa en “Inés y la alegría” está siendo un regalo. Admiro tu compromiso político, tu conciencia histórica. Tu forma de ser y de pensar, tu talento para trasmitir, crear historias y entretejerlas con un hilo invisible. Yo de mayor quiero escribir como tú…

La casa de papel

El mundo de los vivos encierra ya por sí solo bastantes maravillas y misterios; maravillas y misterios que obran por modo tan inexplicable sobre nuestras emociones y nuestra inteligencia, que ello bastaría casi a justificar que pueda concebirse la vida casi como un sortilegio.
“La línea de sombra”. Joseph Conrad. Allí estaba… Tan chiquitillo, mirándome con esos ojitos… Y yo que tengo debilidad por los huerfanitos le dije: ¡vente con mami! Era “La casa de papel”, de Carlos María Domínguez. Un autor del que no había oído hablar jamás… Pero cuando leí la contraportada supe que no me defraudaría. Hay pasajes inolvidables sobre el mundo de la literatura, las bibliotecas y el amor por el libro como objeto. ¿Quién puede resistirse a ese reclamo? Yo no… Tengo que admitir mi debilidad por los libros desconocidos que me hacen creer que alguien los ha puesto en mi camino. Me gustó el título, y ese diseño de la portada en el que una especie de ave rapaz mitológica con cara de mujer y una cabellera como la de Sierva María de los Ángeles de la que surge un tío con un libro rojo.
Cada vez que mi abuela me veía leer en la cama, solía decirme: “Dejá eso, que los libros son peligrosos”. Durante muchos años creí en su ignorancia, pero el tiempo demostró la sensatez de mi abuela alemana.
Me quedo con sus citas, con la pasión compartida que encierran sus páginas, con “La línea de sombra” de Conrad que une a una profesora que murió atropellada “por culpa” de Emily Dickinson y a un bibliófilo uruguayo obsesionado con esa biblioteca condenada a volverse inmanejable, como la memoria...
El baño tenía libros en todas las paredes menos en la ducha, y si no se estropeaban era porque había dejado de bañarse con agua caliente para evitar el vapor.
¡Ay omá que frío! También sonreí ante ese perro chileno que murió indigestado al devorar con furia “Los hermanos Karamazov”, el deseo de recorrer en canoa el río Macondo tras leer “Cien años de soledad”, y tantos lugares comunes…
La imaginé bailar en un patio colonial, a la luz de las velas, una noche tórrida y definitivamente incierta, como suelen ser las noches en México…
Su temor a perder un libro cuyas páginas ya no leeremos pero conservan, en la sonoridad de su título, una antigua y tal vez perdida emoción me trajo a la mente a Víctor Fargas, el bibliófilo portugués de “El club Dumas” obligado a tomar “la decisión de Sophie” y sacrificar algunos de sus tesoros… Me encantó la excentricidad de leer a los franceses del siglo XIX a la luz de las velas, y la manía de no mezclar autores…
No se atrevía a colocar un libro de Borges a lado de García Lorca, por ejemplo… tampoco una obra de Shakespeare junto a otra de Marlow, dadas las insidiosas acusaciones de plagio entre los autores… o ubicar a Vargas Llosa junto a García Márquez.
Quiero vivir en una casa de papel, aunque tenga pesadillas con incendios voraces. Sin duda, los libros cambian el destino de las personas. Y viceversa. Denunciar

Marilyn en Granada

Para Nanilla, por supuesto… Quiero ser una artista y un actriz íntegra. No me importa el dinero. Solo quiero ser maravillosa. Marilyn Monroe. Desde que se inauguró el festival Internacional de cine clásico Retro Back, Marilyn está en cada rincón de Granada. Verla y no acordarse de ti es imposible... Además de proyecciones de sus principales películas, hay varias exposiciones. La alfombra roja y carteles de sus películas recorren la Carrera de la Virgen como si aquello fuera Broadway. La constelacion Marilyn... Muy cerca, en el vestíbulo del Teatro Isabel la Católica, se exponen algunos de sus vestidos. La exposición “De Norma Jeane a Marilyn. Sus recuerdos privados” me pareció entrañable. En ella se exhiben fotografías inéditas, objetos personales como una barra de labios, una cajita de plata para horquillas, un mechón de pelo, su primer contrato de trabajo o su carnet de conducir. Allí estaba parte de la esencia de la verdadera Marilyn… Es decir, de Norma Jeane. Siempre sentía que no era nadie, y la única forma de ser alguien era siendo… bueno, siendo otra persona. Por eso quería actuar. Me conmueve su búsqueda de identidad… Para mí que lo que más deseaba era sentirse querida. La Academia de Hollywood era tan machista e hipócrita que no creía que una chica sexy pudiera tener talento. O al menos, que mereciera ser premiada por ello. Por eso jamás le concedió un Oscar… En “Marilyn, el mito” se exponen vestidos usados en sus películas y otros que formaban parte de su fondo de armario, joyas, unas gafas de sol, un bolso, zapatos, unas bragas graciosísimas, invitaciones a los Oscars y hasta medicamentos. No me considero mitómana, pero ver sus pertenencias me produjo una gran impresión. Recordé esa escena de “Jóvenes prodigiosos” en la que James llora ante una chaqueta que Marilyn lució el día de su boda (antes de mangarla). Parece estar tan sola… Aunque estaba prohibido hacer fotos, no pude resistirme… (¡eran para ti, que coño!) Este es el vestido que usó en "La tentación vive arriba". Famoso sobretodo por esa salida de aire del metro... Y este (el del centro), ya lo has adivinado... el que lució en "El príncipe y la corista". Ideal para asistir a una coronación... Obras de teatro, conciertos, conferencias, presentaciones de libros… completan los actos del festival. Todo es poco para homenajear a esta reina del glamour inmortal. Espero que supiera que consiguió su objetivo… Fue y siempre será maravillosa.

Lo que me roba las palabras

Los días de lluvia que me nublan el ánimo para hacer juego con el cielo. Los gestos inesperados que me llegan al corazón. Los silencios que no sé interpretar. Una demostración de amistad cuando más la necesito. Las ausencias injustificadas, la incomprensión, la intransigencia... Que alguien me defienda cuando otro me ataca. Los abrazos de mi princesita. Los recuerdos que me empañan los ojos. La ilusión de acariciar en mi mente un momento, un encuentro, un deseo... Leer algo que me impacta, para bien o para mal. Los poemas y canciones que “hablan de mí”. Esa espada de Damocles que no puedo esquivar. Una obra maestra que vendería mi alma al diablo por haber firmado. Lo que se queda atascado en la garganta, porque si le permitiera salir sería catastrófico. Los más de tres años que llevo en esta playa y todo lo que me mantiene en ella.

Adaptaciones

“Adiós a las armas” es una de mis novelas favoritas de Hemingway. Hace bastantes años vi esa pseudo adaptación hollywoodiense titulada “En el amor y en la guerra” y aunque no conseguí identificar al escritor con la cara de Chris O´Donnell, me pareció una bonita historia. Fue solo al leer el libro cuando me di cuenta de hasta qué punto era una adaptación libre. Y de que su final se acercaba más al real que al novelado. Pues el otro día tuve ocasión de ver la versión protagonizada por Gary Cooper. Es muy antigua, de 1932. Lo primero que me impactó fue lo guapísimo que sale él, con su uniforme de soldado voluntario del ejército italiano. Su historia de amor con una enfermera en plena Primera Guerra Mundial es preciosa. Desde el momento en que se conocen, cuando él lleva unas copas de más y la confunde con una prostituta, hasta el gesto del capitán Rinaldi, que arrepentido de haber querido separarlos decide que sea ella quien lo cuide cuando cae herido. La escena final, cuando después de desertar el pobre llega empapado a visitarla al hospital, es devastadora. Aún así respiré aliviada: era fiel al libro... Parto de la base de que una película jamás puede captar la riqueza descriptiva de un libro, pero al menos esta no alteraba la idea del autor. Porque una historia que podrá ser mejor o peor, pero fue contada de esa forma concreta porque así lo quiso quien la escribió.

Hasta los mismísimos

No puedo más… ¡reniego, renuncio! ¿Donde hay que firmar? Toda la eternidad expiando culpas para estar arriba y me cae este marrón… ¿no podías haberme encomendado una misión menos estresante? Porque esto es un sinvivir, no duermo de la ansiedad… ¡a lexatines estoy! Y luego esos cabrones de los querubines se ríen de mis ojeras… Ya sé que cuidar a una persona no es igual que cuidar de una flor o una mascota, pero es que esta tía es para echarle de comer a parte… fue la niña más magullada de la guardería, porque se metía en todas las broncas. De no ser por mí no conservaría los dos ojos… claro, que para lo que le sirven… no he visto a nadie que tropiece más… ¿por qué no se querrá poner unas lentillas, como todo el mundo? Cuando se subió a aquel pino para capturar a la ardilla no te quiero ni contar la irritación que me dio. Luego vino la dichosa moto… y como estaba enviciada con las carreras, pues quemando asfalto… Y ahora le ha dado por escalar montañas. Si es que va a acabar conmigo… ¿no podía dedicarse a hacer punto de cruz, o puzzles de mil piezas? No, ella a las alturas… a ponerme a mí taquicárdico perdido… Es que no sabe lo que es el instinto de conservación… Lo de ayer ya fue demasiado. Vamos, hombre… ¡que aún me tiemblan las rodillas! ¿Qué no vio las olazas que había? Una resaca de tres pares, que lo habían anunciado por la mañana en la radio. Una bandera más negra que mis penas… pues la güevona a darse un bañito… Tentado estuve de dejarla ahogarse, pero uno tiene conciencia. Y que si lo hubiera hecho me mandabas a galeras… Quiero el traslado… me faltan las fuerzas… ¿Por qué no le pasas el caso a tu ojito derecho, el capitán de las milicias celestiales? Podías jubilar ya a San Pedro… que no es por criticar, pero ya no es lo que era… A mí no se me colaba ni Dios… Quiero decir, ni una mosca. Y no me ofrezcas un plus de peligrosidad que no cuela… ¿Pero qué hace esa subnormal encendiendo un cigarrillo en la gasolinera?

Matisse y la Alhambra

El sábado por la mañana subí a la Alhambra para ver la exposición “Matisse y la Alhambra”, que conmemora el centenario del viaje que realizó el pintor francés a Granada en 1910. Así consta en el libro de visitas, donde firmó como cualquier viajero. “Estoy del todo contento de haber visto Granada. La Alhambra es una maravilla. Ahí he sentido mi más grande emoción”, le dice a su mujer en una de las cartas expuestas. Y a mí que un genio de su calibre diga eso, me toca la fibra… Granada vive en sí misma tan prisionera, que solo tiene salida por las estrellas… Me encanta el colorido vivo y su forma de desmaterializar los objetos. Plasma la esencia del fauvismo, su gusto por la escultura y los iconos bizantinos. Admiro esa aparente ingenuidad y la sabiduría que encierra. Esta es "La argelina". “Conversación entre olivos” no puede ser más andaluz… Es que me huele a poesía lorquiana… El campo de olivos se abre y se cierra como un abanico. Sobre el olivar hay un cielo hundido y una lluvia oscura de luceros fríos. “Rincón del estudio”. Os vais a reír, pero además de recordarme a Van Gogh a mí esta estética me parece muy mexicana. Ese sintetismo es portentoso... Los bodegones son una maravilla, pero sin duda me quedo con las odaliscas, su excusa perfecta para pintar desnudos... Están llenas de referencias a la Alhambra. Y es que a Matisse le fascinaba el orientalismo. “La revelación me llegó de Oriente”, confesó en una entrevista realizada en 1947. Preciosa la "Odalisca con pantalón rojo"... También se incluían una serie de dibujos muy esquemáticos, totalmente picassianos, que revelan una historia de influencias mutuas. Además de artes decorativas nazaríes y pinturas de otros artistas afines. Inevitable recordar “La novia de Matisse” de Manuel Vicent… Los colores azules, rojos, verdes, todos golosos, sirven para dotar de una profunda sensualidad a las carnes femeninas, a las playas, a las danzas, pastorales y odaliscas recostadas en divanes africanos, y a la vez su espíritu compone en el alma de cualquier neófito la imagen de un paraíso que es obligado gozar aun sin haberlo merecido.

miércoles, 2 de febrero de 2011

La impaciencia del corazón

Pero hay dos clases de compasión. Una, la débil y sentimental, que en realidad
solo es impaciencia del corazón por librarse lo antes posible de la penosa
emoción ante una desgracia ajena, es una compasión que no es exactamente
con-pasión, sino una defensa instintiva del alma frente al dolor ajeno. Y la
otra, la única que cuenta, es la desprovista de lo sentimental, pero creativa,
que sabe lo que quiere y está dispuesta a aguantar con paciencia y resignación
hasta sus últimas fuerzas e incluso más allá.
Los libros de Zweig tienen algo adictivo por las cuestiones que plantea y la forma de abordarlas, los dilemas morales, la profundidad psicológica de sus personajes... Me avergüenza reconocer que compré uno sin recordar que ya lo tenía.
Esta historia se me ha colado en el alma. Quizás porque a pesar del daño que causa compadezco al teniente Hoffmiller, atrapado por la compasión que le inspira la invalidez de Edith. Quizás porque también compadezco a Edith, enferma y enamorada de una ilusión…
Ninguna pasión en el mundo se alza más impetuosa y afligida, estéril y
desesperada que la de los hijastros de Dios, quienes solo amando y siendo amados
pueden sentir justificada su existencia terrena.
Esa necesidad de integración escapa al entendimiento de los que estamos en el otro bando, marginando a los "desheredados" todavía más…
- ¿Disuadirla? ¡Disuadirla de qué! ¿Disuadir a una mujer de su pasión? ¿Decirle
que no sienta lo que siente? ¿No amar cuando ama? Sería lo más equivocado y lo
más estúpido que podría hacer. ¿Ha oído decir alguna vez que se pueda combatir
la pasión con la lógica?
Por algo dicen que el infierno está empedrado de buenas intenciones… La culpabilidad y la necesidad de redención pueden ser una trampa mortal. Igual que las mentiras, por muy piadosas que sean. O el dolor ajeno. Pobre Hoffmiller… pobre Edith… víctimas de una broma del destino. ¿Estaría Cupido bajo los efectos del alcohol cuando disparó su flecha?

Intimidades

El acto de escribir le parece “un refugio que nadie más conoce en esta casa
salvo yo misma”. El cuarto, la luz de la vela, la soledad, la escritura, la
hacen sentirse en un arca que flota sobre las aguas de un mundo tan ajeno a ella
como si lo hubiera anegado un diluvio universal.
“Los presentes lejanos”.
Antonio Muñoz Molina

La cita recoge los pensamientos vertidos por Charlotte Brontë en un cuadernito que está expuesto en una vitrina de la Morgan Library de Nueva York. Me parece un privilegio que haya llegado hasta nosotros… pero la hipotética idea de que un diario mío (lleno de tonterías) se expusiera como una reliquia al alcance de cualquiera me produce cuando menos urticaria.
El presente es el tiempo único en el que se conjuga el acto de escribir un
diario.
Toda letra escrita cobra vida y vigencia en el momento en el que se lee. Ciertas reflexiones permiten una recreación precisa del contexto en el que fueron plasmadas, de los reductos del alma que afloraron con ellas.
Me vienen a la mente la Mansfield, la Woolf, Frida, Ana Frank… y lo que pensarían si vieran sus diarios y cartas personales editados. Recuerdo “Posesión”, esa estupenda historia narrada en dos épocas en la que un investigador y una profesora especialistas en literatura inglesa encuentran las cartas de amor de un poeta victoriano, poniendo al descubierto una relación prohibida.
Me encanta tener acceso a esta otra cara de la moneda que desvela las facetas más humanas de un escritor, aunque no deja de plantearme un dilema. Sabemos que todo lo que se pone por escrito puede ser leído por alguien en algún momento, pero eso no da carta blanca a los intereses editoriales ni al cotilleo indiscriminado. El límite lo debería marcar la intencionalidad del autor, creo yo.
Quiero vivir de un modo que pueda trabajar con las manos, el sentimiento y la
cabeza. Quiero un jardín, una casita, la hierba, animales, libros, cuadros,
música. Y que de todo eso, como expresión de todo ello, surja mi escritura.
Son las maravillosas palabras de Katherine Mansfield. Tan personales, que no parecen destinadas a nadie más que a ese confesor mudo que era su cuaderno. En su diario íntimo, Virginia Woolf anotó:
Katherine murió hace una semana (…) Cuando me puse a escribir, me pareció que
escribir no tenía ningún sentido. Katherine no lo leerá. Katherine ya no es mi
rival.
¿Acaso no tiene sentido lo que no lee quien queremos que lo lea? Al menos no el que quisimos darle. A veces esa botella lanzada al mar llega a destinatarios inesperados…

Sobre vicios y virtudes

El valor de los libros es proporcional a lo que podría llamarse su plasticidad,
es decir, su cualidad de ser todas las cosas para todos los hombres, de ser
moldeados de muchas maneras por efecto del impacto con formas frescas de
pensamiento.
La cita es de “El vicio de leer” de Edith Warthon. Un librito minúsculo idéntico a otro que me llegó recientemente por correo y me hizo muchísima ilusión… De esta autora solo había leído “La edad de la inocencia”, una referencia más que válida para interesarme. Además, el título me sedujo…
El lector nato lee de forma tan inconsciente como respira y, para llevar la
analogía un grado más lejos, podría decirse que la lectura tiene tanto de
virtuoso como respirar.
Así lo creo, porque sin la lectura le faltaría algo tan esencial como el oxígeno. Más que una virtud, para el lector nato es una necesidad irreprimible.
La providencia nos proporciona innumerables autores cuya misión obvia consiste
en proteger a la literatura de los estragos de los tontos.
Bendita providencia… Desde luego hay una serie de libros destinados a algo más que a entretener. Quizás más que una cuestión de inteligencia sea de predisposición, de inquietud, de sensibilidad…
Quien lee por tiempos, suele “no tener tiempo para leer”, problema desconocido
para el lector nato cuya lectura forma una corriente continua que fluye por
debajo de todas sus ocupaciones.
Me hace gracia, porque el argumento de la falta de tiempo es demasiado recurrente… Yo diría que este tipo de lector puede disfrutar con la lectura, pero jamás será un vicio para él.
El lector mecánico impide la producción de obras maestras no sólo por el hecho
de requerir que el escritor imaginativo se dedique a los “asuntos refinados”
sino por su propia incapacidad de discernir los “asuntos refinados” en un libro
cualquiera, por maravilloso que éste sea.
Consuela saber que mientras queden lectores natos no se agotará el manantial de obras maestras…
Como suele pasar, este libro me trajo a la mente otro que compré en una feria del libro de Sevilla: “Enfermos del libro. Breviario personal de bibliopatías propias y ajenas”, de Miguel Albero. Alguien llamó mi atención sobre él provocándome no solo una carcajada, sino también el impulso de llevármelo.
Supongo que en unos casos es afición, en otros vicio y en otros bibliopatía. Yo solo sé que no quiero desengancharme…

El perfume de los jardines

En el fondo, de este mundo sólo me gustan unas pocas iglesias, dos o tres
libros, pocos cuadros más, y la luna, siempre que esa brisa de su juventud de
usted me traiga el perfume de los jardines que ya no pueden distinguir mis
cansadas pupilas.
Por el camino de Swann. MARCEL PROUST

Esta historia está narrada de una forma tan sensorial, tan íntima, que te atrapa en cada frase robándole el protagonismo a la acción. “En busca del tiempo perdido” es una de esas obras que despertó mi curiosidad hace muchos años y apunté para leer en algún momento, pero su extensión hizo que este se fuera demorando. Hasta que llegó el detonante oportuno…
Hasta a mí me parece excesivamente escueta esa relación de gustos, pero lo cierto es que me fascina. El que haya escogido unas cuantas iglesias, libros, cuadros y la luna para formar parte de ese olimpo particular me arranca una sonrisa cómplice.
En el fondo yo también tengo unos intereses muy concretos y restringidos, supongo que ya os habréis dado cuenta… Con los años asumes que hay una serie de cosas que se han convertido en imprescindibles para ti. Costumbre, querencia o manía, que más da… Las posturas se van definiendo a lo largo del camino. No sé si es la lucidez de la experiencia, pero vas teniendo más claro que las estrellas en el desierto lo que te acelera el pulso y lo que te deja indiferente.
“Siempre que esa brisa de su juventud de usted me traiga el perfume de los jardines que ya no pueden distinguir mis cansadas pupilas” me parece un requisito maravilloso… porque llegará un día en el que todos necesitaremos esa brisa de juventud que nos recuerde lo bello que hay en la vida, lo que disfrutamos o dejamos pasar de largo pero tal vez estamos a tiempo de recuperar, aunque sea a través de una mirada ajena.

Nieve en el semblante y fuego en el corazón

He vuelto a ver la trágica historia de “Mararía”, una peli que hacía años que no veía por la sencilla razón de que no es fácil de conseguir. Una vez más me trajo preciosos recuerdos de las Islas Canarias, esa tierra con “nieve en el semblante y fuego en el corazón” como el Teide, que un día me enamoró.
El argumento es bastante clásico… En los años 30 Fermín llega destinado de médico a un pueblecito de Lanzarote y queda fascinado por Mararía. Pero poco después aparece un vulcanólogo inglés al que le sucede lo mismo. El viejo drama en el que al menos a uno se le parte el corazón...
El inglés, que es todo un galán, empieza a cortejarla. Y ella se deja, porque lo que más desea es un hombre que la saque de allí. Cuando baila con él poniéndole la mano en el corazón, ya no hay remedio…
Tres son multitud desde que el mundo es mundo, así que Fermín se resigna a lo inevitable. Pero cuando descubre que el inglés piensa abandonarla se le cruzan los cables… Porque aunque no se ha atrevido a decírselo, él la quiere de verdad.
Los amores desgraciados tienen un algo que los inmortaliza, no lo voy a descubrir yo ahora. Me encanta esa forma sin concesiones de mostrar el efecto corrosivo de la pasión, el precio de la belleza y el lastre de los sueños no cumplidos en medio de ese paisaje lunar que parece detenido en el tiempo y el espacio. Por eso es una de las películas en las que reincido. Aunque me haga “de sufrir”.

Lecturas de temporada

Soy bastante aleatoria con mis lecturas, me gusta alternar y leer en cada momento lo que me apetece. Aunque admito que reservo algunos libros para ocasiones especiales. A veces es por motivos puramente prácticos. Los más ligeros son ideales para un trayecto urbano en autobús o un paseo con terraza incluida…
Cuando viajo llevo solo libros muy apetecibles, y preferentemente ambientados en el lugar al que voy. Aunque si el destino es lejano, también necesito referencias locales…
No es que planee mis lecturas según la estación (mi neurosis no llega a ese punto), pero hay libros que me parecen más oportunos en determinados momentos o momentos en los que me apetecen determinado tipo de libros.
Por eso esta Navidad me ha dado por las historias navideñas… Así que además de releer “Canción de Navidad” de Dickens he degustado los cuentos de Navidad de Ray Bradbury y Nabokov. También “La pequeña cerillera” de Andersen, “El árbol de Navidad” de Dostoievski, “Vanka” de Chejov, “El buey y la mula” de Galdós, que son preciosas pero parecen cruelmente diseñadas para provocar la lágrima y ablandar los corazones en tan entrañables fechas. “Una Navidad”, de Capote es una de mis favoritas, y me trajo a la memoria a Collin y ese árbol en el que refugiarse de la intransigencia.
Como dice Marta Rivera de la Cruz, “en ellas se encuentran todos los elementos que la cultura occidental ha identificado con las Navidades a lo largo de la historia: nieve, abetos adornados, buenos augurios, prodigios, sorpresas (gratas o no), villancicos, regalos navideños, banquetes familiares, reuniones de amigos y transformaciones milagrosas donde los malos se convierten en buenos”.
Y soy tan tópica, tan ñoña y tan navideña, que he disfrutado como una enana. Me han faltado “El guardián entre el centeno” de J.D. Salinger y “El método de respiración” de Stephen King, que también me gusta releer en estas fechas, pero es que con tanto ajetreo festivo el tiempo escaseaba…

Dependencia emocional

Afortunadamente todos los años tienen algo maravilloso que permanece inmutable, pues depende tan solo de la voluntad personal. Para los que nos hemos convertido en adictos, está tan integrado en nuestra rutina que seríamos incapaces de desligarlo de ella. Recientemente leí un artículo que lo definía como “dependencia emocional”, y yo diría que es exactamente eso…
Me refiero a las lecturas que me acompañaron en todo momento inspirándome sensaciones preciosas, regalándome frases magistrales, personajes inolvidables e historias que ya habitan en un rinconcito de mi corazón…
Me he emborrachado con Hank, he conocido los engranajes del corazón, me he dejado acunar por el rumor de las olas, me he vuelto a emocionar con dos barrenderas desheredadas, he recorrido en una troika las calles de San Petersburgo, he aspirado el suave perfume que emanan los jardines de Alejandría por la noche, he paseado por el camino de Swann, he aprendido que lo verdadero es un momento de lo falso, me he asomado al malecón de la Habana, he vivido en lo alto de un árbol, he vuelto a sentir el calor húmedo de Lisboa y el olor de una vieja librería londinense…
Y todo eso en un sofá, una cama, un asiento de autobús o una terraza. Viendo llover, escuchando los grillos, a la sombra de una sombrilla o mientras la luna se filtraba por las rendijas. En mi tierra y en otras tierras, en medio del silencio o rodeada de bullicio.
Descubrimientos y reencuentros que han hecho este año más cálido, intenso y estimulante. Pinceladas que han teñido mis días de colores bonitos, dejando un poso indeleble.

Un regalo de Reyes Magos

Los Dillingham eran dueños de dos cosas que les provocaban un inmenso orgullo.
Una era el reloj de oro que había sido del padre de Jim y antes de su abuelo. La
otra era la cabellera de Delia. Si la Reina de Saba hubiera vivido en el
departamento frente al suyo, algún día Delia habría dejado colgar su cabellera
fuera de la ventana nada más que para demostrar su desprecio por las joyas y los
regalos de Su Majestad. Si el rey Salomón hubiera sido el portero, con todos sus
tesoros apilados en el sótano, Jim hubiera sacado su reloj cada vez que hubiera
pasado delante de él nada más que para verlo mesándose su barba de envidia.
Es tiempo de regalos, aunque parezca un slogan del Corte Inglés. En el relato “El regalo de los Reyes Magos” de William Sydney Porter la pobre Delia vende su pelo por un dólar con ochenta y siete centavos para hacerle un regalo a su querido Jim.
Había pasado muchas horas felices imaginando algo bonito para él. Algo fino y especial y de calidad —algo que tuviera justamente ese mínimo de condiciones para que fuera digno de pertenecer a Jim.
La triste ironía es que él regala unas peinetas de carey que ella anhelaba desde hacía tiempo, y ahora no tiene donde ponérselas… Y ella a él una cadena para su reloj… Para el reloj que él ha vendido para comprarle las peinetas…
—Delia —le dijo— olvidémonos de nuestros regalos de Navidad. Son demasiado
hermosos para usarlos en este momento.
Y es que un regalo puede ser mucho más que un obsequio material. Se acierte o no, lo que importa es el gesto. El cariño y la ilusión que ha movido a alguien a tratar de encontrar el regalo perfecto, ese que no existe.
Los Reyes Magos trajeron al Niño regalos de gran valor, pero aquél no estaba entre ellos. Este oscuro acertijo será explicado más adelante.
A mí, que me gusta más hacer regalos que recibirlos, este relato me conmueve. Con mis añazos, el día de Reyes sigue siendo muy especial. Sonrío como una niña traviesa al ponerme disfraz de reina maga, hacer compras furtivas y esconder regalos…
Feliz noche de Reyes a todos.