miércoles, 2 de febrero de 2011

Dependencia emocional

Afortunadamente todos los años tienen algo maravilloso que permanece inmutable, pues depende tan solo de la voluntad personal. Para los que nos hemos convertido en adictos, está tan integrado en nuestra rutina que seríamos incapaces de desligarlo de ella. Recientemente leí un artículo que lo definía como “dependencia emocional”, y yo diría que es exactamente eso…
Me refiero a las lecturas que me acompañaron en todo momento inspirándome sensaciones preciosas, regalándome frases magistrales, personajes inolvidables e historias que ya habitan en un rinconcito de mi corazón…
Me he emborrachado con Hank, he conocido los engranajes del corazón, me he dejado acunar por el rumor de las olas, me he vuelto a emocionar con dos barrenderas desheredadas, he recorrido en una troika las calles de San Petersburgo, he aspirado el suave perfume que emanan los jardines de Alejandría por la noche, he paseado por el camino de Swann, he aprendido que lo verdadero es un momento de lo falso, me he asomado al malecón de la Habana, he vivido en lo alto de un árbol, he vuelto a sentir el calor húmedo de Lisboa y el olor de una vieja librería londinense…
Y todo eso en un sofá, una cama, un asiento de autobús o una terraza. Viendo llover, escuchando los grillos, a la sombra de una sombrilla o mientras la luna se filtraba por las rendijas. En mi tierra y en otras tierras, en medio del silencio o rodeada de bullicio.
Descubrimientos y reencuentros que han hecho este año más cálido, intenso y estimulante. Pinceladas que han teñido mis días de colores bonitos, dejando un poso indeleble.

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