lunes, 28 de marzo de 2011

Tinta verde esperanza


No suelen ser hechos transcendentes, sino simples momentos tan insignificantes para cualquier otra persona como especiales para uno mismo: el primer “te quiero”, la muerte de un familiar o la muerte de un ser querido, la frontera que traza el primer “usted”, el temblor de piernas incontrolable tras un accidente, las noches pasadas en un hospital prometiendo cosas a un dios que después olvidas, el primer beso en los labios o el primer beso en la boca -nunca es lo mismo-, la peor discusión con tu mejor amig@, ver tempranear el sol, la cicatriz más grande del cuerpo, el brotar de una vida, las noches en casa de los abuelos, descubrir que una pesadilla ha sido una pesadilla o la primera vez que comprendes que siempre que alguien quiere comprar hay alguien que, al final, vende.
Así empieza “El bolígrafo de gel verde”, de Eloy Moreno. Un libro increíble, una grata sorpresa… Esto es para mí hacer literatura, el sueño perseguido. Conseguir expresar esos pequeños detalles que forman la vida de una persona en los que cualquiera puede verse reflejado…
Para quien lo ha sentido no hace falta que lo describa, para quien no lo ha vivido no le servirá de nada que lo haga.
El trasfondo es amargo, como la vida misma. Pero ese soplo de color verde esperanza puede cambiarlo todo… Y no cuento nada más, porque merece ser descubierto como si de una matroska rusa se tratara… paso a paso…
Hay relaciones especiales con personas y también hay relaciones con personas especiales. No hay diferencias, ambas te dejan huella, ambas te dejan un recuerdo para toda la vida.
Este libro tiene una historia paralela que también me encanta… Su autor, un chaval desconocido en el panorama editorial, pensó que el fin de todo libro es ser leído. Así que lo autoeditó y se dedicó a promocionarlo personalmente por las librerías. Hasta que Espasa se interesó en publicarlo, premiando su tesón. La vida se puede escribir con tinta verde esperanza... Denunciar

Como cada primavera

Ya lo huelo en el aire. El calor del sol, la vida resurgente y esa paleta de colores que lo invade todo me avivan la memoria adormilada… Como cada primavera, vuelvo a ti. A tu rincón, a nuestros recuerdos. Y sigo mi ritual silencioso, con metódica minuciosidad. Me cuelo en tu estudio como la luz por las rendijas, con el alma a flor de piel. Te veo con el pincel en la mano, totalmente abstraído. Tu sonrisa se dibuja en el momento en el que descubres mi presencia... y ese gesto furtivo dibuja la mía. Quito las telarañas, sacudo el polvo, sustituyo las flores marchitas por unas frescas. Todo debe permanecer en el mismo lugar, tal y como tú lo dejaste. Como si fueras a volver… Descorcho una botella de vino, de ese que tanto te gustaba, y brindo con tu autorretrato. Como cada primavera…

Charlas con mi librero

No es ni de lejos la mejor librería de mi ciudad, de hecho es más bien una papelería… pero la frecuento más que ninguna otra porque me pilla del camino al trabajo. Así que el dueño ya es amiguete… J. es un tío joven y bien plantado, al que le gusta el trato cercano con el cliente igual que a mí. Además, me consigue todo libro conseguible y encima me hace descuento. Hace poco estuvo malillo, y aunque su mujer es tan encantadora como él, lo eché de menos. Y eso que ella también me hacía descuento… Por lo general paso con prisa y no me puedo entretener más de dos o tres minutos, pero a veces salgo de casa con antelación premeditada y me puedo permitir un ratillo de charleta. Por suerte, a esa hora no suele haber clientela. J. me pregunta por mi trabajo y me cuenta que son malos tiempos para el negocio editorial. Las novedades apenas se venden. Este año, el Premio Planeta ha sido un fracaso. Y esos libros tan ligeritos que sacaron hace poco promocionándolos como “el auténtico libro de bolsillo” se van a pique. Yo le digo que a mí me encantó el formato, pero que no compré ninguno porque no me molaban los títulos que sacaron. Y él me informa impotente de que pensaban sacar más… Pensaban… Le comento que además de la crisis que azota los bolsillos, es que la peña no está por la labor de leer. Que una reciente encuesta afirma que tres de cada cuatro españoles no leen ni un libro al año. A J. le cuesta entender que en Sudamérica se lea más que en España. Yo le digo que es una cuestión cultural, de hábitos. Que los niños leen cada vez menos. J. me cuenta que cuando van buscando una lectura obligatoria (son las únicas que buscan), eligen siempre la que incluya más dibujos. Y menos texto, claro… Nos reímos. Él tiene uno rubio como un querubín que no lo veo yo tentado por la letra impresa, pero que lanzando avioncitos de papel es un fenómeno. Cuando entra alguien o se me hace tarde me despido con un “me paso en un par de días o la semana que viene”, según lo que vaya a tardar mi pedido. Y tal vez, con suerte, podamos marujear un rato…

Abismos

Había estado un par de veces en esa casa, pero era tan laberíntica que no podía resultarme familiar. El ambiente a esas horas era caótico y enrarecido, en progresiva degeneración. Sonaba “Don´t get me wrong” y ya iba por el tercer cubata, cuando descubrí su presencia. Lo admito, mi corazón anestesiado dio un vuelco. La vida está llena de jodidas trampas, y se ríe a carcajadas cada vez que caemos en una de ellas. Había desaparecido aún antes de que yo me fuera al extranjero. Sin una discusión, sin un reproche. Simplemente poniendo distancia, que es el mayor abismo entre dos personas. Nunca entendí por qué… si nos lo contábamos todo, habíamos compartido tantos buenos ratos, parecíamos inseparables... Yo jamás le pedí “algo más”, porque no lo necesitaba, y porque hay cosas que no se pueden pedir. Un buen día, ese equilibrio se fue al carajo, demostrándome que no era tal. Su ausencia se clavó como un estoque, llenando mi alma de escarcha. La incertidumbre es la peor angustia, la más dolorosa. Y trae encadenada una absurda culpabilidad. El tiempo curó la herida, dejando una hermosa cicatriz. Quizás por eso cuando se acercó a mí, mirándome exactamente igual que la primera vez, y se limitó a preguntarme: “¿Nos vamos?”, le contesté, sin atisbo de rencor: “Vete tú si quieres”.

Un baño de burbujas

Es uno de los métodos de relajación más eficaces que conozco... El agua caliente actúa como un bálsamo sobre los músculos, y sus vapores ayudan a limpiar el alma de toxinas. Durante la inmersión puedes dedicarte al noble arte de no pensar en nada, una experiencia tántrica sin igual. Al tiempo que se ablanda la piel, se ablandan las neuronas dejando fluir las ideas. Suele ser un baño con mala conciencia, por aquello de la sequía… pero ya sabemos que todo lo bueno es ilegal, inmoral o engorda… Recuerdo esa preciosa cabaña de madera eslovenia, el mejor refugio para una noche de tormenta. Hasta toalleros con calentador tenía… Y yo que pensaba que la antigua Yugoslavia sería tirando a cutre… Hay baños en los que apetece meterse, aunque no siempre acompañen las circunstancias. Nunca he sabido leer dentro del agua. Quizás es el temor a mojar las páginas de un libro, o a que se me resbale de las manos y se ahogue como el Titanic. Ni siquiera una carta como hace Zooey en “Franny y Zooey” de J.D. Salinger. Además, esa concentración rompería el momento zen. La variante de velitas y un martini al lado no deja de ser tentadora, pero es más apropiada para disfrutarla en pareja. Hay que desconectar el teléfono, porque eso de que te estén dando el coñazo le quita el encanto. Es la ocasión perfecta para darle uso a todas esas sales y aceites que te regalaron por Reyes para ponerte estupenda de la muerte… Para cuidarte un poquito y regalarte un remanso de paz que alivie las tensiones. Cuando sales, arrugada como una pasa pero más suave que un guante, has dejado parte de tu cansancio y tus malos rollos en el agua que se cuela por el sumidero. Un baño no te va a solucionar tus problemas, pero quizás te ayude a enfocarlos de otra manera…

Almudena

Me gustas mucho, desde hace mucho… como dice la canción. Leerte es como volver a casa, como reencontrarse con un viejo conocido y sentir esa familiaridad tan reconfortante. Llegué a ti a través del cine, y no tardé en descubrir lo cinematográficas que eran tus novelas. Profundas, visuales, con personajes de carne y hueso moldeados por tu lúcida mirada. La primera vez que te vi, dando una de esas conferencias que se te quedan ancladas en la memoria, yo era una estudiantilla recién iniciada en este mundo que me absorbió sin pedir permiso. Confesaste que te habías licenciado en Geografía e Historia, que habías empezado trabajando en una editorial de enciclopedias. Ya eras una escritora consagrada, y sin embargo no había la menor prepotencia en tus palabras. Por el contrario, tu tono era cercano y confidencial. Te he visto varias veces por mi ciudad, a la que sé que te unen estrechos lazos. Tu lealtad a nuestra feria del libro le da un brillo especial. No olvidaré esa calurosa mañana en la que llegué la primera a tu stand, con “Los aires difíciles” bajo el brazo. Y charlaste conmigo con la amabilidad que te caracteriza. Cuando una querida amiga me regaló “Modelos de mujer” no pude evitar esa sonrisilla que producen los gestos de complicidad y la capacidad adivinatoria de algunas personas. Creo que te mencioné en mi debut en esta playa, fascinada como estaba con la reciente lectura de “El corazón helado”. Este mismo sendero de arena me llevó de nuevo a tu “Atlas de la geografía humana”, como si supiera que no lo había saboreado debidamente. Volver a disfrutar de tu prosa en “Inés y la alegría” está siendo un regalo. Admiro tu compromiso político, tu conciencia histórica. Tu forma de ser y de pensar, tu talento para trasmitir, crear historias y entretejerlas con un hilo invisible. Yo de mayor quiero escribir como tú…

La casa de papel

El mundo de los vivos encierra ya por sí solo bastantes maravillas y misterios; maravillas y misterios que obran por modo tan inexplicable sobre nuestras emociones y nuestra inteligencia, que ello bastaría casi a justificar que pueda concebirse la vida casi como un sortilegio.
“La línea de sombra”. Joseph Conrad. Allí estaba… Tan chiquitillo, mirándome con esos ojitos… Y yo que tengo debilidad por los huerfanitos le dije: ¡vente con mami! Era “La casa de papel”, de Carlos María Domínguez. Un autor del que no había oído hablar jamás… Pero cuando leí la contraportada supe que no me defraudaría. Hay pasajes inolvidables sobre el mundo de la literatura, las bibliotecas y el amor por el libro como objeto. ¿Quién puede resistirse a ese reclamo? Yo no… Tengo que admitir mi debilidad por los libros desconocidos que me hacen creer que alguien los ha puesto en mi camino. Me gustó el título, y ese diseño de la portada en el que una especie de ave rapaz mitológica con cara de mujer y una cabellera como la de Sierva María de los Ángeles de la que surge un tío con un libro rojo.
Cada vez que mi abuela me veía leer en la cama, solía decirme: “Dejá eso, que los libros son peligrosos”. Durante muchos años creí en su ignorancia, pero el tiempo demostró la sensatez de mi abuela alemana.
Me quedo con sus citas, con la pasión compartida que encierran sus páginas, con “La línea de sombra” de Conrad que une a una profesora que murió atropellada “por culpa” de Emily Dickinson y a un bibliófilo uruguayo obsesionado con esa biblioteca condenada a volverse inmanejable, como la memoria...
El baño tenía libros en todas las paredes menos en la ducha, y si no se estropeaban era porque había dejado de bañarse con agua caliente para evitar el vapor.
¡Ay omá que frío! También sonreí ante ese perro chileno que murió indigestado al devorar con furia “Los hermanos Karamazov”, el deseo de recorrer en canoa el río Macondo tras leer “Cien años de soledad”, y tantos lugares comunes…
La imaginé bailar en un patio colonial, a la luz de las velas, una noche tórrida y definitivamente incierta, como suelen ser las noches en México…
Su temor a perder un libro cuyas páginas ya no leeremos pero conservan, en la sonoridad de su título, una antigua y tal vez perdida emoción me trajo a la mente a Víctor Fargas, el bibliófilo portugués de “El club Dumas” obligado a tomar “la decisión de Sophie” y sacrificar algunos de sus tesoros… Me encantó la excentricidad de leer a los franceses del siglo XIX a la luz de las velas, y la manía de no mezclar autores…
No se atrevía a colocar un libro de Borges a lado de García Lorca, por ejemplo… tampoco una obra de Shakespeare junto a otra de Marlow, dadas las insidiosas acusaciones de plagio entre los autores… o ubicar a Vargas Llosa junto a García Márquez.
Quiero vivir en una casa de papel, aunque tenga pesadillas con incendios voraces. Sin duda, los libros cambian el destino de las personas. Y viceversa. Denunciar

Marilyn en Granada

Para Nanilla, por supuesto… Quiero ser una artista y un actriz íntegra. No me importa el dinero. Solo quiero ser maravillosa. Marilyn Monroe. Desde que se inauguró el festival Internacional de cine clásico Retro Back, Marilyn está en cada rincón de Granada. Verla y no acordarse de ti es imposible... Además de proyecciones de sus principales películas, hay varias exposiciones. La alfombra roja y carteles de sus películas recorren la Carrera de la Virgen como si aquello fuera Broadway. La constelacion Marilyn... Muy cerca, en el vestíbulo del Teatro Isabel la Católica, se exponen algunos de sus vestidos. La exposición “De Norma Jeane a Marilyn. Sus recuerdos privados” me pareció entrañable. En ella se exhiben fotografías inéditas, objetos personales como una barra de labios, una cajita de plata para horquillas, un mechón de pelo, su primer contrato de trabajo o su carnet de conducir. Allí estaba parte de la esencia de la verdadera Marilyn… Es decir, de Norma Jeane. Siempre sentía que no era nadie, y la única forma de ser alguien era siendo… bueno, siendo otra persona. Por eso quería actuar. Me conmueve su búsqueda de identidad… Para mí que lo que más deseaba era sentirse querida. La Academia de Hollywood era tan machista e hipócrita que no creía que una chica sexy pudiera tener talento. O al menos, que mereciera ser premiada por ello. Por eso jamás le concedió un Oscar… En “Marilyn, el mito” se exponen vestidos usados en sus películas y otros que formaban parte de su fondo de armario, joyas, unas gafas de sol, un bolso, zapatos, unas bragas graciosísimas, invitaciones a los Oscars y hasta medicamentos. No me considero mitómana, pero ver sus pertenencias me produjo una gran impresión. Recordé esa escena de “Jóvenes prodigiosos” en la que James llora ante una chaqueta que Marilyn lució el día de su boda (antes de mangarla). Parece estar tan sola… Aunque estaba prohibido hacer fotos, no pude resistirme… (¡eran para ti, que coño!) Este es el vestido que usó en "La tentación vive arriba". Famoso sobretodo por esa salida de aire del metro... Y este (el del centro), ya lo has adivinado... el que lució en "El príncipe y la corista". Ideal para asistir a una coronación... Obras de teatro, conciertos, conferencias, presentaciones de libros… completan los actos del festival. Todo es poco para homenajear a esta reina del glamour inmortal. Espero que supiera que consiguió su objetivo… Fue y siempre será maravillosa.

Lo que me roba las palabras

Los días de lluvia que me nublan el ánimo para hacer juego con el cielo. Los gestos inesperados que me llegan al corazón. Los silencios que no sé interpretar. Una demostración de amistad cuando más la necesito. Las ausencias injustificadas, la incomprensión, la intransigencia... Que alguien me defienda cuando otro me ataca. Los abrazos de mi princesita. Los recuerdos que me empañan los ojos. La ilusión de acariciar en mi mente un momento, un encuentro, un deseo... Leer algo que me impacta, para bien o para mal. Los poemas y canciones que “hablan de mí”. Esa espada de Damocles que no puedo esquivar. Una obra maestra que vendería mi alma al diablo por haber firmado. Lo que se queda atascado en la garganta, porque si le permitiera salir sería catastrófico. Los más de tres años que llevo en esta playa y todo lo que me mantiene en ella.

Adaptaciones

“Adiós a las armas” es una de mis novelas favoritas de Hemingway. Hace bastantes años vi esa pseudo adaptación hollywoodiense titulada “En el amor y en la guerra” y aunque no conseguí identificar al escritor con la cara de Chris O´Donnell, me pareció una bonita historia. Fue solo al leer el libro cuando me di cuenta de hasta qué punto era una adaptación libre. Y de que su final se acercaba más al real que al novelado. Pues el otro día tuve ocasión de ver la versión protagonizada por Gary Cooper. Es muy antigua, de 1932. Lo primero que me impactó fue lo guapísimo que sale él, con su uniforme de soldado voluntario del ejército italiano. Su historia de amor con una enfermera en plena Primera Guerra Mundial es preciosa. Desde el momento en que se conocen, cuando él lleva unas copas de más y la confunde con una prostituta, hasta el gesto del capitán Rinaldi, que arrepentido de haber querido separarlos decide que sea ella quien lo cuide cuando cae herido. La escena final, cuando después de desertar el pobre llega empapado a visitarla al hospital, es devastadora. Aún así respiré aliviada: era fiel al libro... Parto de la base de que una película jamás puede captar la riqueza descriptiva de un libro, pero al menos esta no alteraba la idea del autor. Porque una historia que podrá ser mejor o peor, pero fue contada de esa forma concreta porque así lo quiso quien la escribió.

Hasta los mismísimos

No puedo más… ¡reniego, renuncio! ¿Donde hay que firmar? Toda la eternidad expiando culpas para estar arriba y me cae este marrón… ¿no podías haberme encomendado una misión menos estresante? Porque esto es un sinvivir, no duermo de la ansiedad… ¡a lexatines estoy! Y luego esos cabrones de los querubines se ríen de mis ojeras… Ya sé que cuidar a una persona no es igual que cuidar de una flor o una mascota, pero es que esta tía es para echarle de comer a parte… fue la niña más magullada de la guardería, porque se metía en todas las broncas. De no ser por mí no conservaría los dos ojos… claro, que para lo que le sirven… no he visto a nadie que tropiece más… ¿por qué no se querrá poner unas lentillas, como todo el mundo? Cuando se subió a aquel pino para capturar a la ardilla no te quiero ni contar la irritación que me dio. Luego vino la dichosa moto… y como estaba enviciada con las carreras, pues quemando asfalto… Y ahora le ha dado por escalar montañas. Si es que va a acabar conmigo… ¿no podía dedicarse a hacer punto de cruz, o puzzles de mil piezas? No, ella a las alturas… a ponerme a mí taquicárdico perdido… Es que no sabe lo que es el instinto de conservación… Lo de ayer ya fue demasiado. Vamos, hombre… ¡que aún me tiemblan las rodillas! ¿Qué no vio las olazas que había? Una resaca de tres pares, que lo habían anunciado por la mañana en la radio. Una bandera más negra que mis penas… pues la güevona a darse un bañito… Tentado estuve de dejarla ahogarse, pero uno tiene conciencia. Y que si lo hubiera hecho me mandabas a galeras… Quiero el traslado… me faltan las fuerzas… ¿Por qué no le pasas el caso a tu ojito derecho, el capitán de las milicias celestiales? Podías jubilar ya a San Pedro… que no es por criticar, pero ya no es lo que era… A mí no se me colaba ni Dios… Quiero decir, ni una mosca. Y no me ofrezcas un plus de peligrosidad que no cuela… ¿Pero qué hace esa subnormal encendiendo un cigarrillo en la gasolinera?

Matisse y la Alhambra

El sábado por la mañana subí a la Alhambra para ver la exposición “Matisse y la Alhambra”, que conmemora el centenario del viaje que realizó el pintor francés a Granada en 1910. Así consta en el libro de visitas, donde firmó como cualquier viajero. “Estoy del todo contento de haber visto Granada. La Alhambra es una maravilla. Ahí he sentido mi más grande emoción”, le dice a su mujer en una de las cartas expuestas. Y a mí que un genio de su calibre diga eso, me toca la fibra… Granada vive en sí misma tan prisionera, que solo tiene salida por las estrellas… Me encanta el colorido vivo y su forma de desmaterializar los objetos. Plasma la esencia del fauvismo, su gusto por la escultura y los iconos bizantinos. Admiro esa aparente ingenuidad y la sabiduría que encierra. Esta es "La argelina". “Conversación entre olivos” no puede ser más andaluz… Es que me huele a poesía lorquiana… El campo de olivos se abre y se cierra como un abanico. Sobre el olivar hay un cielo hundido y una lluvia oscura de luceros fríos. “Rincón del estudio”. Os vais a reír, pero además de recordarme a Van Gogh a mí esta estética me parece muy mexicana. Ese sintetismo es portentoso... Los bodegones son una maravilla, pero sin duda me quedo con las odaliscas, su excusa perfecta para pintar desnudos... Están llenas de referencias a la Alhambra. Y es que a Matisse le fascinaba el orientalismo. “La revelación me llegó de Oriente”, confesó en una entrevista realizada en 1947. Preciosa la "Odalisca con pantalón rojo"... También se incluían una serie de dibujos muy esquemáticos, totalmente picassianos, que revelan una historia de influencias mutuas. Además de artes decorativas nazaríes y pinturas de otros artistas afines. Inevitable recordar “La novia de Matisse” de Manuel Vicent… Los colores azules, rojos, verdes, todos golosos, sirven para dotar de una profunda sensualidad a las carnes femeninas, a las playas, a las danzas, pastorales y odaliscas recostadas en divanes africanos, y a la vez su espíritu compone en el alma de cualquier neófito la imagen de un paraíso que es obligado gozar aun sin haberlo merecido.