lunes, 28 de marzo de 2011

Almudena

Me gustas mucho, desde hace mucho… como dice la canción. Leerte es como volver a casa, como reencontrarse con un viejo conocido y sentir esa familiaridad tan reconfortante. Llegué a ti a través del cine, y no tardé en descubrir lo cinematográficas que eran tus novelas. Profundas, visuales, con personajes de carne y hueso moldeados por tu lúcida mirada. La primera vez que te vi, dando una de esas conferencias que se te quedan ancladas en la memoria, yo era una estudiantilla recién iniciada en este mundo que me absorbió sin pedir permiso. Confesaste que te habías licenciado en Geografía e Historia, que habías empezado trabajando en una editorial de enciclopedias. Ya eras una escritora consagrada, y sin embargo no había la menor prepotencia en tus palabras. Por el contrario, tu tono era cercano y confidencial. Te he visto varias veces por mi ciudad, a la que sé que te unen estrechos lazos. Tu lealtad a nuestra feria del libro le da un brillo especial. No olvidaré esa calurosa mañana en la que llegué la primera a tu stand, con “Los aires difíciles” bajo el brazo. Y charlaste conmigo con la amabilidad que te caracteriza. Cuando una querida amiga me regaló “Modelos de mujer” no pude evitar esa sonrisilla que producen los gestos de complicidad y la capacidad adivinatoria de algunas personas. Creo que te mencioné en mi debut en esta playa, fascinada como estaba con la reciente lectura de “El corazón helado”. Este mismo sendero de arena me llevó de nuevo a tu “Atlas de la geografía humana”, como si supiera que no lo había saboreado debidamente. Volver a disfrutar de tu prosa en “Inés y la alegría” está siendo un regalo. Admiro tu compromiso político, tu conciencia histórica. Tu forma de ser y de pensar, tu talento para trasmitir, crear historias y entretejerlas con un hilo invisible. Yo de mayor quiero escribir como tú…

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