lunes, 28 de marzo de 2011

Charlas con mi librero

No es ni de lejos la mejor librería de mi ciudad, de hecho es más bien una papelería… pero la frecuento más que ninguna otra porque me pilla del camino al trabajo. Así que el dueño ya es amiguete… J. es un tío joven y bien plantado, al que le gusta el trato cercano con el cliente igual que a mí. Además, me consigue todo libro conseguible y encima me hace descuento. Hace poco estuvo malillo, y aunque su mujer es tan encantadora como él, lo eché de menos. Y eso que ella también me hacía descuento… Por lo general paso con prisa y no me puedo entretener más de dos o tres minutos, pero a veces salgo de casa con antelación premeditada y me puedo permitir un ratillo de charleta. Por suerte, a esa hora no suele haber clientela. J. me pregunta por mi trabajo y me cuenta que son malos tiempos para el negocio editorial. Las novedades apenas se venden. Este año, el Premio Planeta ha sido un fracaso. Y esos libros tan ligeritos que sacaron hace poco promocionándolos como “el auténtico libro de bolsillo” se van a pique. Yo le digo que a mí me encantó el formato, pero que no compré ninguno porque no me molaban los títulos que sacaron. Y él me informa impotente de que pensaban sacar más… Pensaban… Le comento que además de la crisis que azota los bolsillos, es que la peña no está por la labor de leer. Que una reciente encuesta afirma que tres de cada cuatro españoles no leen ni un libro al año. A J. le cuesta entender que en Sudamérica se lea más que en España. Yo le digo que es una cuestión cultural, de hábitos. Que los niños leen cada vez menos. J. me cuenta que cuando van buscando una lectura obligatoria (son las únicas que buscan), eligen siempre la que incluya más dibujos. Y menos texto, claro… Nos reímos. Él tiene uno rubio como un querubín que no lo veo yo tentado por la letra impresa, pero que lanzando avioncitos de papel es un fenómeno. Cuando entra alguien o se me hace tarde me despido con un “me paso en un par de días o la semana que viene”, según lo que vaya a tardar mi pedido. Y tal vez, con suerte, podamos marujear un rato…

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