lunes, 28 de marzo de 2011

Hasta los mismísimos

No puedo más… ¡reniego, renuncio! ¿Donde hay que firmar? Toda la eternidad expiando culpas para estar arriba y me cae este marrón… ¿no podías haberme encomendado una misión menos estresante? Porque esto es un sinvivir, no duermo de la ansiedad… ¡a lexatines estoy! Y luego esos cabrones de los querubines se ríen de mis ojeras… Ya sé que cuidar a una persona no es igual que cuidar de una flor o una mascota, pero es que esta tía es para echarle de comer a parte… fue la niña más magullada de la guardería, porque se metía en todas las broncas. De no ser por mí no conservaría los dos ojos… claro, que para lo que le sirven… no he visto a nadie que tropiece más… ¿por qué no se querrá poner unas lentillas, como todo el mundo? Cuando se subió a aquel pino para capturar a la ardilla no te quiero ni contar la irritación que me dio. Luego vino la dichosa moto… y como estaba enviciada con las carreras, pues quemando asfalto… Y ahora le ha dado por escalar montañas. Si es que va a acabar conmigo… ¿no podía dedicarse a hacer punto de cruz, o puzzles de mil piezas? No, ella a las alturas… a ponerme a mí taquicárdico perdido… Es que no sabe lo que es el instinto de conservación… Lo de ayer ya fue demasiado. Vamos, hombre… ¡que aún me tiemblan las rodillas! ¿Qué no vio las olazas que había? Una resaca de tres pares, que lo habían anunciado por la mañana en la radio. Una bandera más negra que mis penas… pues la güevona a darse un bañito… Tentado estuve de dejarla ahogarse, pero uno tiene conciencia. Y que si lo hubiera hecho me mandabas a galeras… Quiero el traslado… me faltan las fuerzas… ¿Por qué no le pasas el caso a tu ojito derecho, el capitán de las milicias celestiales? Podías jubilar ya a San Pedro… que no es por criticar, pero ya no es lo que era… A mí no se me colaba ni Dios… Quiero decir, ni una mosca. Y no me ofrezcas un plus de peligrosidad que no cuela… ¿Pero qué hace esa subnormal encendiendo un cigarrillo en la gasolinera?

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