lunes, 28 de marzo de 2011

Un baño de burbujas

Es uno de los métodos de relajación más eficaces que conozco... El agua caliente actúa como un bálsamo sobre los músculos, y sus vapores ayudan a limpiar el alma de toxinas. Durante la inmersión puedes dedicarte al noble arte de no pensar en nada, una experiencia tántrica sin igual. Al tiempo que se ablanda la piel, se ablandan las neuronas dejando fluir las ideas. Suele ser un baño con mala conciencia, por aquello de la sequía… pero ya sabemos que todo lo bueno es ilegal, inmoral o engorda… Recuerdo esa preciosa cabaña de madera eslovenia, el mejor refugio para una noche de tormenta. Hasta toalleros con calentador tenía… Y yo que pensaba que la antigua Yugoslavia sería tirando a cutre… Hay baños en los que apetece meterse, aunque no siempre acompañen las circunstancias. Nunca he sabido leer dentro del agua. Quizás es el temor a mojar las páginas de un libro, o a que se me resbale de las manos y se ahogue como el Titanic. Ni siquiera una carta como hace Zooey en “Franny y Zooey” de J.D. Salinger. Además, esa concentración rompería el momento zen. La variante de velitas y un martini al lado no deja de ser tentadora, pero es más apropiada para disfrutarla en pareja. Hay que desconectar el teléfono, porque eso de que te estén dando el coñazo le quita el encanto. Es la ocasión perfecta para darle uso a todas esas sales y aceites que te regalaron por Reyes para ponerte estupenda de la muerte… Para cuidarte un poquito y regalarte un remanso de paz que alivie las tensiones. Cuando sales, arrugada como una pasa pero más suave que un guante, has dejado parte de tu cansancio y tus malos rollos en el agua que se cuela por el sumidero. Un baño no te va a solucionar tus problemas, pero quizás te ayude a enfocarlos de otra manera…

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