martes, 28 de junio de 2011

Una no historia

Esta es la historia de una no historia. Es decir, de la historia que nunca escribí. En ocasiones visualicé retazos, pero fui incapaz de capturarlos, de hilarlos, de ponerlos por escrito. Quizás les faltaba algo, ese ingrediente que distingue un sabroso plato de otro que no lo es. Quizás me exigí demasiado, aspirando a unas cotas inalcanzables para mí.
Traté de aprovechar la inspiración pero desapareció antes de tiempo, como todo lo bueno. Me encontré con caminos cortados, señales engañosas, obstáculos insalvables… Supongo que me perdí en un laberinto.
Una siempre quisiera escribir la historia que le gustaría leer. A veces hasta la rozas con los dedos, incluso consigues colocar alguna de sus piezas. Lo difícil es terminar el puzzle. Al menos aprendes a ser más fiel a ti misma, a abstraerte en cierta medida de la opinión ajena. Constatas que escribir con aspiraciones es tan contraproducente como tratar de emular a quien admiras o creer que lo haces bien.
A veces tienes las historias delante y no las ves, como cuando la luna te deslumbra impidiéndote reparar en las estrellas. “El aire está cargado de historias, solo hay que saber escucharlas”, decía Isabel Allende. Y trasladarlas al papel, añadiría yo.
No sé a donde irán esas historias que se te escapan como el humo. Seguramente te dan la espalda, ofendidas porque no has sabido darles cuerpo. Y sus personajes no te perdonan que los hayas condenado al ostracismo. O a lo mejor, suspiran aliviados por no haber caído en tus garras…

El trigo verde


¿Morir? ¿Para qué?... Todavía no. ¿Tengo que irme al otro mundo sin haber
poseído de verdad todo lo que me está destinado?
Es de “El trigo verde” de Colette, una delicia de libro. No había leído nada suyo, pero llevaba tiempo tentada a raíz de los posts de Nanilla. Esa forma de diseccionar las emociones de los personajes me ha dejado alucinada.

Vinca se sonrojó, reclamó para ella sola la vergüenza de estar enamorada, el
tormento del cuerpo y del alma, y abandonó esas Sombras vanas para reunirse con
Philippe en un camino en el que tapaban sus huellas, donde sentían que podían
sucumbir bajo el peso de un botín demasiado pesado, demasiado rico y demasiado
pronto conquistado.
Narra un amor adolescente en la Bretaña francesa, donde el paisaje marítimo es un personaje más y el final del verano se cierne como una amenaza. No hace falta echar la vista atrás para entender la ansiedad y el desconcierto que impregnan esa edad en la que el horizonte promete aunque aún no sepas ni quien eres.

Se quedó callada y Philippe notó, en las pupilas azules, en las frescas mejillas
infantiles de su amiga, un tono nacarado, los surcos de las lágrimas nocturnas
del insomnio, ese reflejo satinado, color de luna llena, que solo se ve en los
párpados de las mujeres condenadas a sufrir en secreto.
Vinca y Phil se gustan, se quieren, pero son víctimas de los desencuentros, la nostalgia, el miedo que les provoca esa sensación que los embarga. Y no se me ocurre una forma más poética y certera de expresarlo…

Para sus idilios y sus dramas buscaban la seguridad en medio de un prado
abierto, en el borde de una roca o en el hueco de una ola.
Una autora para reincidir, para bebérsela a sorbitos lentos…

Pasiones


Es extraño a donde nos llevan nuestras pasiones, persiguiéndonos como un azote,
obligándonos a aceptar sueños indeseables, destinos inoportunos.
“Música para
camaleones”. Truman Capote
Y me parece tan cierto como que el sol saldrá mañana… (un sol de verano) El que más y el que menos se ha visto sometido a su tiranía, siendo arrastrado hasta costas insospechadas como un velero a la deriva.
Porque es un sentimiento que discurre por sendas divergentes a las de la razón, que llega sin pedir permiso alterando nuestra trayectoria, llenándonos la existencia de brillos que a veces deslumbran más de la cuenta.
Aunque si soy sincera, no quiero una vida opaca…

Los colores de la paleta

Llevo unos días dispersa y acelerada, así que no carburo bien. Ni siquiera sé lo que quiero contaros… Pero como no tengo un querido diario al estilo de Ana Frank, aquí me tenéis divagando…
He necesitado leer dos veces las mismas páginas de un libro y encontrarme con otro que llevaba años esperándome para darme cuenta de que no era eso lo que me apetecía leer. Y es que los libros tienen su momento, ellos te lo dicen aunque no siempre los escuches…
Vuelvo a constatar lo mucho que me cuesta escribir por encargo y a contrarreloj. La musa se me rebela… no basta que ponga toda mi ilusión, las palabras son anárquicas y se niegan a ordenarse. Pero me consuela que hasta un genio como Truman Capote padeciera los mismos conflictos que el resto de los mortales: “Un escritor debería tener todos sus colores y capacidades disponible en la misma paleta para mezclarlos y, en casos apropiados, para aplicarlos simultáneamente. Pero ¿cómo?”. Pues si no lo sabes tú…
Por suerte está el filtro del cariño… igual que cuando lees a alguien a quien quieres no puedes evitar hacerlo con buenos ojos, lo que escribes para alguien a quien quieres lleva implícita esa mirada amable que flota sobre la calidad literaria.
Y sigo preguntándome si desterrar los pensamientos que me hacen daño es cobardía o inteligencia…
Escucho eso de “Tú eres la única verdad de este mundo” y se me acelera el pulso aunque no sea yo la destinataria…
Contemplo la luna llena y le pido deseos que sé que no me concederá…
Me regodeo en los recuerdos que me ha despertado un finde maravilloso… y sonrío mientras hago alquimia con la mente para tratar de serenar mi espíritu, acometer mis dos encargos, buscar tiempo para tantos asuntos pendientes que me reclaman atención… mientras pienso que seguramente ahí está la clave: en saber mezclar los colores de la paleta.

Viajar al pasado


Y mientras abajo las ruedas traqueteantes corrían hacia un porvenir todavía
invisible que reservaba a cada cual algo diferente, los pensamientos de los dos
flotaron en sueños regresando al pasado.
Viaje al pasado. STEFAN ZWEIG
Es de esos libros que cuando encuentras no puedes dejar de llevarte, aunque ya lleves más de los que la prudencia aconseja. Te dices a ti misma: “es pequeñito, casi no cuenta…”, con esa autoindulgencia que tan bien conoces. Porque las ferias del libro dan carta blanca… Porque sabes que hay autores que nunca defraudan, historias que hueles desde lejos e intuyes que te acelerarán el pulso…
Un amor que surge en circunstancias inadecuadas, una guerra y muchos kilómetros de por medio, un reencuentro. Y hasta ahí puedo leer…
Admiro esa capacidad de Zweig para expresar sentimientos universales de una forma tan gráfica, tan poética...
a pesar de la irresistible pasión que dominaba sus sentimientos, filtrándose en sus sueños…
solo sus miradas se besaban…
la sed de sus palabras…

Porque a veces la pasión se filtra en tus sueños aunque tú no quieras, las
miradas se besan sin que se ejecute el menor movimiento… la sed de palabras es
tan grande que te seca la garganta y de paso el corazón…
También los sueños, que parecen no ser de este mundo, necesitan alimentarse de sensaciones, el sostén de la ternura y de lo palpable, de otro modo su sangre y su intensidad pierden brillo.
Me encanta la visión retrospectiva, las cuentas pendientes (aunque me pregunto hasta que punto merece la pena saldarlas), el efecto del tiempo sobre lo que un día enajenó tus sentidos…
Una joyita…

Sentidos (y sensibilidades)

Es todo lo que soy, una vieja máquina de escribir. Un artefacto metálico y pesado de teclas anquilosadas. Mi destino está cumplido, ya he caducado. Pero un día fui un instrumento útil. O al menos, así me sentí. Porque hice feliz a esa niña que me recibió como regalo de cumpleaños. En mí escribió sus primeros cuentos, dando sentido a mi existencia.
Luego las mareas del azar me llevaron con ese pobre estudiante que tuvo que ahorrar durante meses para llevarme a su pequeña habitación alquilada del casco antiguo. Apenas si tenía para calentarse en las frías noches de invierno, pero cuando tecleaba su alma ardía como una chimenea.
Más tarde me acariciaron las cansadas manos de un anciano, que me utilizó para contar su vida. Había oído decir los auténticos escritores son los que escriben a máquina, y eso era exactamente lo que él quería ser.
Después de tanto ir y venir, de tantas palabras impresas, de tantas historias con el mismo olor a tinta que me ha acompañado desde el inicio de mis días, he acabado en este polvoriento almacén de reliquias en el que tus ojos se han posado sobre mí. Y quizás, si así lo quieres, aún pueda volver a hacer lo único que sé hacer…

Para E., que me ha pintado una sonrisa en el corazón dándole un nuevo sentido a mi vida.

Ay, amor, deja el balcón abierto del corazón

¿Y que le voy a hacer yo? Si llevo el dramatismo lorquiano en las venas… ¡Ay que trabajo me cuesta quererte como te quiero! Me gusta la tragedia en todas sus manifestaciones, y no puedo evitar mirar el mundo desde esa perspectiva aunque me haga “de sufrir”. Soy coplera, teatrera y novelera (a mucha honra), adicta a las historias “desgarrás”. Lo que yo te diga, corazoncito sin trampa…
La pena penita pena, los amores “desgraciaos”, el ay que me muero de quererte tanto… y un arraigo a mi tierra que no se puede explicar con palabras… por eso me encanta ese pedazo de poeta que fue Carlos Cano. Rescató la copla del olvido y escribió letras maravillosas que me hacen suspirar como si hablaran de mí…
Fado por que me faltan sus ojos, fado porque me falta su boca, fado porque se fue por el río, fado porque se fue por la sombra…
Almohadita pa soñar, agüita para mis labios, ilusión para engañar hasta al propio desengaño…
Ay novio marinero, ay capitán de mi puerto, que blancas son las velas de tu goleta, que secretas las penas de mi pañuelo…
Hoy recuerdo aquel cielo de luna y amor, y la flor de aquel tiempo me llena de viento todo el corazón…
Como una golondrina por el mar se perdió, como una golondrina el amor se llevó, y me dejó el dolor para cantar, y la luna de Abril para olvidar…
Ay, amor… amor que se fue y no vino, por el aire se perdió, como los suspiros de mi corazón…
Y en la noche perdida, por el mar de los sueños, navega a la deriva esta canción…
Granada sigue en deuda contigo, Carlos… ya sabes que es flor de olvido… que vive sola por culpa de sus espinas…

Mi casa es tu casa

No era un pueblo con mar, ni después de un concierto. Ni siquiera era un pueblo bonito… Pero había conseguido un trabajo allí, todo un reto para una extranjera inquieta como ella. La gente era encantadora, y la recibió con los brazos abiertos. Un futuro prometedor se extendía ante sus ojos…
Estaba recién instalada cuando una de sus recientes amigas le dijo:
- Esta noche hay fiesta en tu casa.
Hizo un esfuerzo para no revelar su desconcierto. Debía ser una costumbre local… Y se habían portado tan bien, que no escatimaría en retribuirlos.
Limpió a fondo su nuevo hogar, lo decoró con flores, y preparó varios platos típicos de su país para deleitar a sus invitados. Se arregló a conciencia. Pero el reloj iba marcando minutos y no llegaba nadie… Aquello parecía una broma de mal gusto. Trató de serenarse. Ya sabía que la puntualidad no se encontraba entre las virtudes de los habitantes de esas tierras… Se sirvió una copa… empezó a picar… No entendía nada.
A la mañana siguiente fue a ver a su amiga en busca de una explicación. Antes de que pudiera articular palabra, esta le preguntó:
- ¿Qué te pasó anoche? No viniste a tu fiesta…

El discurso de la Matute


El que no inventa, no vive.
ANA MARÍA MATUTE

No lo leí en su momento… y no porque no me alegrara infinitamente de este Premio Cervantes, sino porque no cayó en mis manos. Por suerte, hace poco alguien me dijo que debía leerlo y me pasó el artículo de “El país”.

Preferiría escribir tres novelas seguidas y veinticinco cuentos, sin respiro, a
tener que pronunciar un discurso por modesto que este sea.
Y ese pánico escénico de la gran escritora me pareció enternecedor… porque transpira humildad, humanidad, honestidad.

Desde aquel día que oí por vez primera la mágica frase: “Érase una vez…” y
conmovió toda mi pequeña vida.
Cuantos nos hemos dejado arrastrar por la magia de un cuento, hasta el punto de desear contar una historia de ficción con trocitos de realidad capaz de emocionar a alguien…

La literatura ha sido el faro salvador de muchas de mis tormentas.
Y sonrío ante esta frase, que parece un espejo de mi alma…

Entonces parecía llenarse de magia la habitación a oscuras de los niños. Niños
asombrados –como cuando en cierta ocasión, vi surgir, al partir un terrón de
azúcar en la oscuridad, una chispita azul-, algo que me reveló que yo sería
escritora o que ya lo era.
Hoy día hay tanto premio chanchullero, que cuesta separar el polvo de la paja. Ya sabemos lo complicado que es hacerse un hueco en el oficio literario, por eso la capacidad de mantenerse y ser consagrado me parece todo un logro. Me encanta cuando se premia la trayectoria de alguien en vida, que es cuando los premios tienen sentido. Y cuando es tan merecido, todavía más.

Si en algún momento se tropiezan con una historia, o con alguna de las criaturas
que trasmiten mis libros, por favor, créanselas. Créanselas porque me las he
inventado.

A pies juntillas, querida Ana María…

Pedro Páramo ya no vive aquí (o la historia de un robo inconsciente)

Pues sí, era uno de esos libritos que te dejan en algunos hoteles para ayudarte a coger el sueño. El título que me trasladó a Comala, me hizo sonreír… y di por hecho que era un obsequio al igual que los productos de higiene. Cuando descubrí mi error, ya estaba muy lejos de allí. Con el libro en mi maleta, claro…
México puede ser indescifrable. Así pensamos muchos de quienes aquí nacimos y seguimos viviendo, y eso hemos aceptado, impávidos, con nuestros ojos habituados a mirar lo inaudito como si fuera lógico, como si el tiempo lo volviera invisible.
El periodista Paco Nadal narra un recorrido apasionante, haciéndote partícipe de sus vivencias. Me lo reservé para leerlo en México. ¿En qué mejor lugar?
Adoro los libros de viajes (más que las guías). Supongo que porque no imagino una vida sin viajar… porque me animan a conocer sitios nuevos y disfruto al descubrir en ellos referencias familiares.
El periplo comienza en Chiapas, el estado más indígena y olvidado de México, en plena revolución zapatista. El sueño del subcomandante Marcos… Si ya me moría por visitar San Cristóbal de las Casas, ahora es un objetivo vital.
Sus calles empedradas con casitas de planta baja y tejado rojo aparecen salpimentadas con multitud de capillas y templos barrocos. La plaza principal es el Zócalo, epicentro emocional de esta urbe de ritmo pausado y calores tropicales.
De ahí pasamos al DF, una megalópolis en la que aún perviven rincones capaces de trasladarte a una época dorada.
Hasta la revolución la ciudad de México fue una urbe tranquila y provinciana con avenidas flanqueadas por árboles, edificios e iglesias coloniales que parecían pasteles de primera comunión, como describe Ángeles Mastretta en “Arráncame la vida”, tranquilos paseos y placitas somnolientas.
Visitando pueblecitos mágicos anclados en el tiempo…
En Real de Catorce no hay ni una sola construcción que haya alterado el urbanismo y el espíritu original del pueblo minero del siglo XVIII.
Hasta llegar a las Barrancas del cobre, el escenario transitado por Pancho Villa y los buscadores de oro…
A ambos lados se elevan poderosas agujas de roca. Conforme el tren juguetea más y más con el abismo, me pregunto a qué loco se le ocurriría trazar una vía férrea por semejante lugar.
Al terminar sentí lo mismo que hace unos años, con “Amor América” de Maruja Torres. Que sería feliz si pudiera dedicarme a viajar y escribir crónicas de mis viajes…

El baile de la Nemirovsky

Un baile… Dios mío, Dios mío, ¿sería posible que hubiera, a dos pasos de ella, una cosa espléndida que ella imaginaba vagamente como una mezcla confusa de música frenética, perfumes embriagadores, trajes deslumbrantes y palabras de amor cuchicheadas en un gabinete apartado, oscuro y fresco como una alcoba… y que ella estuviera acostada, como todas las noches, a las nueve, como un bebé...?
Es un extracto de “El baile”, de Irene Nemirovsky. Nunca había leído nada de esta escritora, y ya me ha ganado para los restos. Lo divisé en las estanterías de Sanborns, en México. Aunque me entró por el ojo al instante, pensaba visitar otras librerías y tuve que ser selectiva. Mi última tarde allí, volví a encontrarme con él. La excusa de gastar los pesos que me quedaban era incuestionable… Así que esta vez se vino conmigo para amenizarme el viaje de vuelta.
Tenía catorce años, era una jovencita, y en sus sueños, una mujer amada y hermosa… Cuando tuviera quince años, el sabor del mundo habría cambiado…
Si me atropellara un coche, ¿lo oirían al menos?
Que fácil es empatizar con Antoinette, entender sus fantasías adolescentes, su desencanto, su rabia…
Que sepas, niña, que apenas he empezado a vivir yo, ¿me oyes?, yo, y que no tengo intención de preocuparme tan pronto por una hija casadera...
¿Cómo no odiar a una madre así? Tan egoísta, tan frívola… una nueva rica cuyo mayor anhelo es figurar en la sociedad parisina de principios de siglo...
El convencimiento de que la codicia de los Kampf merece la venganza de su hija Antoinette me hizo esbozar una sonrisa cómplice. Más que pensar que lleva los genes de su madre, pensé que sentirse ninguneada puede ser peligroso… Que los demás pueden sacar lo peor de ti…
Me encanta ese estilo incisivo, cercano al de Roald Dahl. Y la forma de dibujar a los personajes. Es un libro que se lee en un suspiro. Que te deja con ganas de más… Ya en Madrid tuve en mis manos “Suite francesa” y estuve tentada de comprarlo, pero mi equipaje se rebelaba a gritos. Así que tendrá que esperar (un poquito). Igual que “Nieve en otoño”…
Una delicia, bailar con la Nemirovsky…

Nunca olvides que te quiero

Parece ser que a veces se sueña lo que más se desea en el mundo.
Lo primero que me enganchó de este libro fue el título, porque me encantaría decírselo a alguien (aunque en realidad preferiría que no fuera necesario). También me encantó el dibujo de la portada, al estilo burtoniano del de “La mecánica del corazón”.
Madi me trajo a la memoria a Paloma (“La elegancia del erizo”), otra niña de inteligencia y sensibilidad extraordinarias. E incluso a Mick, de “El corazón es un cazador solitario”. Solo alguien como ella podría enfrentarse a una situación como la que le toca vivir…
Me quedo con su amor incondicional por Stanislas, un amor condenado al fracaso pero que se convierte en una tabla de salvación y se fortalece con los años. Al fin y al cabo es más importante lo que se da que lo que se recibe, aunque cueste dar sin esperar recibir en la misma medida. Y a veces, solo a veces, llega a buen puerto.
Tenía la ilusión de que a la larga el amor actuaría por contaminación, como un maravilloso virus que fagocitaría sus dudas para hacer hueco al idilio unificador que yo imaginaba.
Con su cuaderno mágico, en el que se refugia de una realidad hostil… La imaginación como mecanismo de supervivencia…
Porque las cosas puestas en frases es como si fueran menos graves: si se acuestan sobre papel, las angustias que te roen estilo hamster diabólico se transforman en cosas materiales que cuando uno quiere puede romperlas.
Me quedo con las entrañables cartas de su madre, que la mantienen viva a pesar de la incertidumbre… ¿Quién no ha escrito cartas a sabiendas de que nunca llegarían a su destinatario? Y sin que eso le importe lo más mínimo…
Y con la tercera voz, la de ese pobre hombre enamorado que no es consciente del daño que hace… y que me recordó al Ricky de “Átame”.
Al final va a resultar que sí es el amor lo que mueve el mundo… Un libro precioso, degustado en la dirección del sol, entre un mar de nubes de algodón…

Mi México lindo

Fue entrañable recorrer de nuevo lugares tan queridos y familiares… Pasear por el centro histórico de la ciudad de México una cálida mañana de domingo, desayunar en el Sanborns de los azulejos y llegar hasta el zócalo escuchando la música de los organillos callejeros. Sonidos y olores conocidos, un par de museos increíbles, un regalo inesperado. Me faltó una noche mariachi en Garibaldi, pero no se puede tener todo...

En la Ciudad de las Rosas (Guadalajara) me esperaba un comité de bienvenida que me demostró que los afectos se mantienen intactos. Abrazos y más abrazos de los que jamás doy en España… Fuimos a Tequila, un pueblecito de fisionomía colonial en medio de un mar de agave (la planta de la que se extrae el tequila), lleno de destilerías como la de José Cuervo. El día del mercado fue especial, como los desayunos en el café “Madoka” o las cenas en “El vitral”. Querida Aura, me faltan las palabras para expresar mi agradecimiento…

Aunque en el trayecto viví un episodio que es mejor no recordar, Uruapan (Michoacán) fue una agradable sorpresa compensatoria. Tanto el mercadillo de artesanías como el Parque Nacional, donde la vegetación exuberante y el sonido del agua evocan el paraíso. Para perderse y que no te encuentren…

Mi ranchito… Que aunque no derroche encantos turísticos tiene rincones preciosos como esta plaza. Solo estuve un par de días, porque no requería más. Visitar mi antiguo centro de trabajo me removió una época de momentos felices, que el reencuentro con los amigos consiguió resucitar como si no hubieran pasado dos años…

Antes de subirme en el avión me acerqué a conocer la Villa de Guadalupe, un complejo turístico-religioso entorno al mayor icono mexicano. La basílica antigua, las capillas y el museo me fascinaron. Los ríos de peregrinos, el merchandising y los bailes rituales son un espectáculo digno de verse.

Y en Madrid, varios reencuentros felices pusieron el broche de oro a este maravilloso viaje a un pasado muy presente.

Volver

Volver a México lindo es un sueño reincidente hecho realidad. Ya sé que dicen que segundas partes nunca fueron buenas y que al lugar donde has sido feliz no deberías volver. Pero es que resignarme a no ver más “mi tierra mexicana” es algo que duele solo de imaginarlo…
Sé que no será lo mismo (porque entre otras razones yo no soy la misma), pero me dejé algo allí que espero recuperar. O al menos constatar su buena salud para quedarme tranquila… Algo que tiene que ver con la amistad, con la independencia, con una cercanía más allá de los kilómetros.
Los recuerdos se agolpan reclamando su lugar, obligándome a evocar momentos felices, paisajes familiares, lecturas, imágenes, y una sensación que me sacude de la cabeza a los pies como un vendaval. Actos tan simples como jugar una partida de billar o desayunar tortas ahogadas cobran un significado especial.
Este año tenía que ir… Lo supe el uno de Enero cuando una fragancia me transportó a mi México querido. No es que fuera un propósito, sino una evidencia. Añoro mi ranchito, sí. El acento, los sabores, la calidez. Hasta tengo ganas de volver a probar una de esas salsas endiabladas con las que se te saltan las lágrimas. Sueño con pasear de nuevo por el zócalo, ver los frescos de Rivera del Palacio de Gobierno, entrar a la Librería Ghandi, desayunar en Sanborns, tomar el aperitivo en el Café de la Ópera, visitar la Pinacoteca Virreinal y otros museos que quedaron pendientes… Y mucho más. Volver a la Ciudad de las Rosas donde me esperan “mi hermanita” y un chingo de divas cabronas… Sentir que nunca me fui, que el tiempo quedó detenido en esa época maravillosa.

Querida Ana

(Para Nanilla)

Hay ríos metafísicos, ella los nada como esa golondrina está nadando en el aire,
girando alucinada en torno al campanario, dejándose caer para levantarse mejor
con el impulso. Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los
nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina…
Rayuela. JULIO CORTÁZAR


Hoy quiero regalarte alguna sonrisa, porque tú me has regalado muchas… Mi deuda contigo es ya impagable. ¿Lo mejor? ir conociéndote día a día, disfrutando de esos trocitos tuyos, a cual más precioso…
Una maleta cargada de libros, la mágica historia de “tu Manon”, tu manera de describir “El Guernica”, esa “Insoportable levedad del ser” ya siempre asociada a ti, como el olor a jazmines de una reina, la cocina de Banana, tu tocaya la Karenina, las divas en blanco y negro, Shakespeare en el avión, las magdalenas mojadas en té, un zapatito de bebé… tantas y tantas imágenes bajo la luz de tu mirada, porque le das a todo lo que tocas un brillo especial.
Me has descubierto películas maravillosas, me has enseñado a ver a Marilyn con otros ojos, a jugar a la rayuela… Gracias a ti he vivido en una buhardilla parisina, he sido cantinera, me he dejado deslumbrar por la pálida luz de la inconstante luna y por los diamantes de Tiffany´s…
Te doy las gracias por tantos poemas en los que me he visto reflejada, por compartir tus fotos artísticas (lo son, te lo digo yo…), tus estrenos de ópera, por los cuentos, las nanas, los clubs, los tequilas, nuestras discusiones sobre arte… Por ese increíble don para hablar de cualquier historia y conseguir que todo cristo quiera leerla, o la portentosa habilidad de elegir las mejores citas…
Por los momentos inolvidables, fuera y dentro de la pantalla…
Mil gracias por compartir conmigo “un día perfecto”, de esos que hay pocos… Por la familiaridad, las referencias comunes que resultan tan reconfortantes, por las cosas bonitas que guardo como un tesoro, por esa forma de expresar sentimientos que me inspira tanta ternura…
¿Sabes? Cuando me siento mal leo algo tuyo, y siempre tiene un efecto balsámico. Eres Maga, sin duda… Y hada acaramelada…
Adoro esas dos estrellitas que ya habitan en mi alma. Creo que nunca te he dicho lo que más me gusta de ti… (ya va siendo hora, ¿no?) Es esa devoción incondicional con la que hablas del jefe, de tu mami, de Nonó y de Niní.
Llevo tu corazón. Llevo tu corazón conmigo (lo llevo en mi corazón)
¿Cómo podría yo retribuirte? Quisiera capturar con un cazamariposas las palabras más bonitas del mundo para ponerlas a tus pies, guardar la luna en un botecito de plata y regalártelo, chantajear al pozo de los deseos para que hiciera realidad todos los tuyos…
En tu casa es donde más en casa me siento. No es que esta playa esté indisolublemente unida a ti… es que para mí, esta playa eres tú.
El día en que tú naciste, nacieron todas las flores
y en la pila del bautismo, cantaron los ruiseñores…
Feliz cumpleaños, mi niña…

Filantropía

- Siempre he querido cometer un crimen –comentó despreocupadamente, como quien comenta que hace un buen día.
- Desde luego, hija, tus aspiraciones no son las de todo el mundo…
- No, ¿verdad? –dijo con una escalofriante sonrisa de orgullo.
- Pues a mí no me mires, que tengo previsto vivir unos añitos más.
- ¿Crees que soy lerda? Me trincarían enseguida…
- Si es por eso me quedo más tranquila… ¡Ains, que bonita es la amistad!
- Lo tengo todo pensado…
- Ya sabía yo que tanta novela de Agatha Christie no podía ser buena…
- Me he convertido en una experta en venenos... que el gore solo me gusta en las pelis de Tarantino… Elegiría a una víctima que no pudieran relacionar conmigo y no cometería el error de volver al lugar del crimen como hacen los asesinos chapuceros…
- Mari, me estás dando miedo…
- Si no pienso dejar cabos sueltos… Tú tranqui, que no tendrás que ir a verme al talego…
- ¿En serio me dices que quieres cargarte a una persona?
- ¿No te lo estoy contando?
- Eres un monstruo, tía… Aléjate de mí ahora mismo…
- ¿No has visto “Arsénico por compasión”? Esa en la que las tías de Cary Grant se cargan a los infelices… pues yo sería una asesina filantrópica, como ellas…
- La madre que te parió… ¡Si quieres ayudar vete a un leprosario!
- Que desgraciaicos parecen, ¿no?
- Pues tú como si no lo parecieran… cacho loca… que estás pa atar…

Mis noches cantineras

Entra el gordo Miraflores, sonriente como cada noche. Se aproxima con paso decidido y me dirige el saludo de rigor, antes de ocupar su mesa. Al fondo Pancho y Alicia discuten, seguramente porque ella está hasta ahí mismo de los celos de él, aunque si un día no fuera a esperarla a la salida del trabajo le darían los siete males… Dentro de un rato se comerán a besos y saldrán abrazados. No tardarán en aparecer la Lupe, una belleza ajada con pinta de cabaretera venida a menos, o Rodrigo, que parece un narco pero solo trafica con esos ojos verdes que le han tocado en suerte y ya tiene más que rentabilizados. Cuando le parten el corazón se bebe hasta el agua de los charcos, con una vulnerabilidad en la mirada que jamás imaginarías cuando está sobrio…
La barra es el mejor observatorio… Y no es que me guste meter las narices en la vidas ajenas, sino que una se acaba enterando de todo aunque no quiera. La línea entre cliente y amigo se difumina después de las tres copas, descorriendo las cortinas del alma. Una cantinera debe saber escuchar… ser pródiga en sonrisas e invitaciones. Me gusta mi trabajo, porque contribuye a la felicidad de las personas.
Aquí la gente viene a divertirse, a relajarse, y algunos incluso a desahogarse. Entre estas cuatro paredes no hay prisas ni más malos rollos que los que cada cual se busca… Corre el mejor tequila del mundo y solo suena José Alfredo, Chabela, Vicente Fernández, Negrete, Solís, Infante o Paquita la del Barrio. Quien busque chin chin pun se equivoca de local… Mis parroquianos tampoco quieren intrusos discordantes. Noto como se incomodan cuando alguien pide un refresco o se queja del monotemático repertorio musical.
Y aunque no quieras, pronunciar mi humilde nombre, de cualquier modo, yo te seguiré queriendo…
Hay visitas que alegran la noche. Saben que en mi cantina siempre son bienvenidas, que jamás les faltará una mesa, un tequila, ni mucho un hombro sobre el que apoyarse. La ranilla tequilera, la mejor detective del mundo mundial, la dulce dueña del club de jazz, la diva más cabrona… viejos y muy queridos amigos que con su presencia hacen que esto sea mucho más que un negocio, convirtiendo una simple cantina mexicana en una fábrica de sueños.
El próximo tequila, va por vosotros…