martes, 28 de junio de 2011

El baile de la Nemirovsky

Un baile… Dios mío, Dios mío, ¿sería posible que hubiera, a dos pasos de ella, una cosa espléndida que ella imaginaba vagamente como una mezcla confusa de música frenética, perfumes embriagadores, trajes deslumbrantes y palabras de amor cuchicheadas en un gabinete apartado, oscuro y fresco como una alcoba… y que ella estuviera acostada, como todas las noches, a las nueve, como un bebé...?
Es un extracto de “El baile”, de Irene Nemirovsky. Nunca había leído nada de esta escritora, y ya me ha ganado para los restos. Lo divisé en las estanterías de Sanborns, en México. Aunque me entró por el ojo al instante, pensaba visitar otras librerías y tuve que ser selectiva. Mi última tarde allí, volví a encontrarme con él. La excusa de gastar los pesos que me quedaban era incuestionable… Así que esta vez se vino conmigo para amenizarme el viaje de vuelta.
Tenía catorce años, era una jovencita, y en sus sueños, una mujer amada y hermosa… Cuando tuviera quince años, el sabor del mundo habría cambiado…
Si me atropellara un coche, ¿lo oirían al menos?
Que fácil es empatizar con Antoinette, entender sus fantasías adolescentes, su desencanto, su rabia…
Que sepas, niña, que apenas he empezado a vivir yo, ¿me oyes?, yo, y que no tengo intención de preocuparme tan pronto por una hija casadera...
¿Cómo no odiar a una madre así? Tan egoísta, tan frívola… una nueva rica cuyo mayor anhelo es figurar en la sociedad parisina de principios de siglo...
El convencimiento de que la codicia de los Kampf merece la venganza de su hija Antoinette me hizo esbozar una sonrisa cómplice. Más que pensar que lleva los genes de su madre, pensé que sentirse ninguneada puede ser peligroso… Que los demás pueden sacar lo peor de ti…
Me encanta ese estilo incisivo, cercano al de Roald Dahl. Y la forma de dibujar a los personajes. Es un libro que se lee en un suspiro. Que te deja con ganas de más… Ya en Madrid tuve en mis manos “Suite francesa” y estuve tentada de comprarlo, pero mi equipaje se rebelaba a gritos. Así que tendrá que esperar (un poquito). Igual que “Nieve en otoño”…
Una delicia, bailar con la Nemirovsky…

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