martes, 28 de junio de 2011

El trigo verde


¿Morir? ¿Para qué?... Todavía no. ¿Tengo que irme al otro mundo sin haber
poseído de verdad todo lo que me está destinado?
Es de “El trigo verde” de Colette, una delicia de libro. No había leído nada suyo, pero llevaba tiempo tentada a raíz de los posts de Nanilla. Esa forma de diseccionar las emociones de los personajes me ha dejado alucinada.

Vinca se sonrojó, reclamó para ella sola la vergüenza de estar enamorada, el
tormento del cuerpo y del alma, y abandonó esas Sombras vanas para reunirse con
Philippe en un camino en el que tapaban sus huellas, donde sentían que podían
sucumbir bajo el peso de un botín demasiado pesado, demasiado rico y demasiado
pronto conquistado.
Narra un amor adolescente en la Bretaña francesa, donde el paisaje marítimo es un personaje más y el final del verano se cierne como una amenaza. No hace falta echar la vista atrás para entender la ansiedad y el desconcierto que impregnan esa edad en la que el horizonte promete aunque aún no sepas ni quien eres.

Se quedó callada y Philippe notó, en las pupilas azules, en las frescas mejillas
infantiles de su amiga, un tono nacarado, los surcos de las lágrimas nocturnas
del insomnio, ese reflejo satinado, color de luna llena, que solo se ve en los
párpados de las mujeres condenadas a sufrir en secreto.
Vinca y Phil se gustan, se quieren, pero son víctimas de los desencuentros, la nostalgia, el miedo que les provoca esa sensación que los embarga. Y no se me ocurre una forma más poética y certera de expresarlo…

Para sus idilios y sus dramas buscaban la seguridad en medio de un prado
abierto, en el borde de una roca o en el hueco de una ola.
Una autora para reincidir, para bebérsela a sorbitos lentos…

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